CAPITULO 20

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PABLO

Arima caminó intentando limpiarse la sangre de su rostro y yo la miré con desconfianza mientras caminaba detrás de ella.
-¿Te duele? -pregunté.
Ella se giró con cara de pocos amigos y yo algo nervioso señalé en dirección a su ojo vendado.
-No -contestó algo tensa.
Volvió a darme la espalda y suspirando recordé la flecha clavada en la frente de Kano. ¿Como había podido ser capaz de matar a su propio novio?, aquella actitud solo me dejaba tener más claro que los Gazoks no eran de fiar.
-Los humanos no deben saber quienes somos.. - frenó sus pasos y tensó de nuevo su cuerpo haciéndome un gesto con la boca para que no hablara, y solo entonces escuché un grito lejano.
Arima retomó sus pasos pero yo me quedé quieto.
Era evidente que yo no era un Gazok y ya no tenía intención de comportarme como tal.
-¿Y si necesita ayuda? -pregunté desviando mis pasos hacia la espesura del bosque que teníamos a nuestra izquierda que separaba la civilización de la vida Gazok que había en aquel lugar.
-No creo que necesite ayuda más que nosotros…
Dejé atrás varios árboles y entonces comencé a divisar un coche negro y a dos individuos aún algo borrosos.
Caminé con todos los sentidos en alerta y cuando estuve lo suficientemente cerca pude ver a una chica de pelo rubio y piel clara llorando en el suelo con las manos atadas a la espalda. ¿Que significaba todo eso?
-Jonathan suéltame.. -suplicaba la chica sin dejar de sollozar -no quiero seguir con esto..
Salí de detrás de un árbol dejando que me vieran mientras pensaba como afrontar aquella situación. -¿Y vosotros? -preguntó uno de ellos mientras yo me giraba para mirar a Arima detrás de mi.
¿Como pudo llegar sin que yo la escuchara?
El otro chico tiró el cigarrillo al suelo y dio un paso decidido hacia nosotros.
-¿Os habéis escapado de una película de terror? -soltó una carcajada y miró a su compañero que no tardó también en unirse a la carcajada.
Agaché la cabeza observando mi vestimenta blanca y manchada de sangre al igual que la de Arima. Así estaba claro que no íbamos a pasar desapercibidos.
-Soltad a la chica  que no parece que se lo esté pasando bien-dije centrándome de nuevo en mi objetivo.
-Podemos hacer un cambio -el chico que estaba apoyado en el coche dio un paso hacia adelante posicionándose al lado de su amigo – me da más morbo la pose de mala que tiene tu amiga.
Arima sin dudarlo sacó su daga al escuchar aquello y caminó decidida hacia ellos mientras sonreían sin saber lo que se les avecinaba.
-¡Arima! -grité cuando de un solo golpe con la daga le arrancó la mano al chico que acababa de soltar eso por la boca.
Corrí hacia ella y sujetándola por el brazo tiré de ella intentando hacerla retroceder.
El chico asustado se desplomó en el suelo y su amigo aterrado con la escena comenzó a gritar corriendo hacia el coche para salvar así su vida. Arima con la daga aún en la mano la lanzó y antes de que pudiera evitarlo su arma aterrizó en el pecho del chico que ya había conseguido abrir la puerta.
-¡Para! -volví a gritar separándome de ella enfadado. ¿Que estaba haciendo?
Le di la espalda y caminé esta vez hacia la chica que miraba la escena sin decir absolutamente nada, me agaché a su lado y en un intentó de escapar apoyó la muñeca mal soltando un fuerte grito que solo cesó cuando su cara acabó chocando con el suelo.
-No te vamos a hacer nada -intenté tranquilizarla de alguna forma mientras ella comenzaba a sollozar de nuevo – solo hemos intentado salvarte de esos chicos que no tenían buenas intenciones. Ella giró su cabeza e intentando incorporarse me miró atónita, su mirada me repasó de arriba a abajo y abrió al boca temblorosamente.
-¿Me vas a soltar? -preguntó.
Miré sus manos atadas con una cuerda y sin perder tiempo desaté su atadura.
-Vamos – le extendí la mano para ayudarla a levantar -te llevaremos a un lugar seguro y prometo que nadie te hará nada en el intento.
Miré su rostro atemorizado y recordé la primera vez que aquellos Gazoks me secuestraron, hubiese dado todo por que alguien me auxiliara de aquella forma.
Ella sujetó mi mano y volvió a clavar su mirada en mi. ¿Por qué me miraba de aquella manera? Con nerviosismo aparté la mirada de la de ella y le abrí la puerta del coche.
La chica mirándome por última vez se metió en el coche y yo mirando a Arima desde el retrovisor cerré la puerta. Di la vuelta al coche y me senté en el asiento del copiloto.
-¿Sabes conducir? -pregunté abrochándome el cinturón.
Arima arrancó sin contestar a mi pregunta y pasando por encima de la cabeza del chico sin mano aceleró esquivando los árboles.
-Parece que sí.. -susurré molesto.
Suspiré poniendo los ojos en blanco y girando mi cabeza observé a la chica atemorizada que había en el asiento trasero.
-¿Donde vives? -pregunté sujetándome al asiento por la rapidez con la que conducía Arima.
-Cerca de… -se quedó en silencio y entrelazó los dedos temblorosos -cerca de la taberna de Morgan -me miró a los ojos directamente -es decir, aqui mismo en Atlanta.
Asentí sin quitar la cara de asombro. Aquella chica vivía cerca de la casa de mi padre.
Volví a sentarme mirando al frente. ¿Era por eso que me miraba de aquella manera? ¿Ya me había visto alguna vez o había salido en el telediario como las personas desaparecidas que al final resultaban ser asesinadas por algún psicópata?
-Yo..yo soy de ese lugar.. -susurré viendo como Arima me miraba de reojo mientras frenaba lentamente. -¿Alguien puede decirme que es Atlanta? -preguntó algo molesta. Suspiré y me desabroché el cinturón.
-Creo que será mejor que me dejes a mi -contesté bajándome del coche.
Pasé cerca de la ventanilla de la chica que había sentada detrás y no pude evitar quedarme quieto mientras pensaba en lo mismo. ¿Quién era aquella chica a la que habíamos ayudado?

GAZOKS  (parte 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora