PABLO
Abrí los ojos lentamente y bostecé observando la fina linea de luz que entraba por el hueco de la persiana. A mi lado Arima respiraba profundamente mientras apoyaba su cabeza en mi pecho. Aparté cuidadosamente su pelo del rostro y suspiré embelesado con lo hermosa que era.
No quería despertarla, no quería que ese momento acabase. Se veía tan frágil y delicada en aquel momento que hubiese dado todo lo que tenía para poder besarla. Sonreí sabiendo que si me atrevía a hacerlo ella me pegaría una paliza...como el primer día que la vi.
Me mordí el labio ahogando las ganas de robarle un beso y acaricie su pelo con delicadeza mientras cerraba los ojos de nuevo.
-Ojala este momento no acabe.. -susurré para mis adentros.
Entonces recordé lo que Arima le dijo a Elena en el pasillo mientras yo subía las escaleras justo detrás de ellas. “Nosotros nos comprometemos solo una vez en la vida”
Abrí los ojos y volví a observar su rostro mientras intentaba guardar en mi retina ese momento. Si Arima estaba comprometida con Kano….era evidente que yo ya no tenía nada que hacer.
Tragué saliva y en ese momento ella abrió los ojos aún medio adormilados para mirarme fijamente. Necesitaba no hacerme más ilusiones con alguien con quien sabía que jamás pasaría nada. Aparté la vista de ella y mientras Arima se apartaba de mi para apoyar la cabeza en la almohada, yo me levanté de la cama.
-¿Ya es de día? -preguntó quejándose mientras se cubría el cuerpo entero con el edredón.
Sin contestar caminé hacia el baño y cerrando la puerta me apoyé en ella.Si solo hubiese llegado antes a su vida, a lo mejor hubiese tenido la más mínima oportunidad de conquistarla. Agité la cabeza resignado y abrí el grifo de la ducha comenzando a desnudarme.
Por otro lado el único gesto de afecto que había visto por parte de Kano hacia Arima había sido un beso en la mejilla, un beso que iba con intención de acabar con su vida. Tragué saliva.
Ella parecía tan fría y difícil… ¿Qué le había pasado ayer para llorar de aquella manera dejándome verla completamente frágil? ¿Se había arrepentido de haber matado a Kano? Agaché la cabeza mirando mis pies de un tono rojizo por el agua que caía demasiado caliente y deseé que eso no fuera cierto. Cogí la toalla dejando de mirar mis pies y salí de la ducha cubriendo la parte inferior de mi cuerpo. Salí del baño y fije esta vez la mirada en Arima que aún seguía cubierta por el edredón. Aparté la mirada de ella y abrí el armario, deslicé el primer cajón sacando un pantalón vaquero y antes de abrir el segundo escuché su voz:
-¿Vas a cambiarte delante de mi?
Me giré y negué con la cabeza intentando no mantener contacto visual con ella.
-Pensaba cambiarme fuera -agarré una camiseta y salí de la habitación bajo su atenta mirada. Caminé hacia el cuarto de mi padre, pero antes de llegar me quedé quieto mirando asombrado como Elena se besaba justo en frente de la puerta de su cuarto con un chico algo musculoso que la magreaba a su antojo.
-Pablo -ella me dio un repaso y señaló a su acompañante -este es Guzmán.
Fingí una sonrisa poco creíble y abrí la puerta del cuarto de mi padre dándoles la espalda. Sin perder tiempo la cerré y puse los ojos en blanco algo enfadado. ¿De qué iba Elena? ¿Qué pretendía? Estaba seguro de que mi padre jamás permitiría que aquella niñata llenara la casa de tanta gente para montar una fiesta y mucho menos que alguno de esos chicos se quedara en casa.
Me quité la toalla y me vestí lo más rápido que pude sin quitar la vista de la habitación. ¿Donde estaban las fotos de mi madre? Me peiné el pelo con las manos y caminé por el cuarto fijándome en las paredes vacías donde antes había cuadros donde mi madre y mi padre sonreían en su boda. Me agaché delante de una de las mesillas y abrí los cajones revolviendo todo en busca de esas fotos. -¿Puedo pasar?
Escuché la voz de Arima desde fuera del cuarto y caminé sin contestar hacia la otra mesilla repitiendo el mismo proceso.
-Mi padre.. -escuché la puerta abrirse y giré mi cabeza para fijar la mirada en Arima -mi padre se ha desecho de todas las fotos de mi madre.
Ella se sentó en la cama sin decir absolutamente nada mientras yo volvía a abrir de nuevo los cajones.
-Mi madre murió a causa de un paro cardíaco -me quedé en silencio dándome por vencido – la encontró una vecina inconsciente.
Tragué saliva recordando el momento en que me llamaron para que fuera al hospital.
-Si solo hubiese estado con ella en ese momento… -se me inundaron los ojos de lagrimas – a lo mejor ahora mismo estaría conmigo.
-Pablo.. -Arima acarició mi hombro y se agachó a mi lado obligándome a mirarla después de que había decidido no volver a fijar la mirada en sus preciosos ojos.
En completo silencio limpió mis lagrimas con sus manos y con su dedo meñique acarició mi mejilla. -No sirve de nada recordar el pasado si es para sufrir.. - su aliento rozó mis labios que estaban demasiado cerca de los suyos, consiguiendo que dejara de mirar sus ojos para bajar la mirada hacia sus labios – no llores más.
De golpe me levanté del suelo recordando las palabras que ella le había dicho a Elena. No podía hacerme ilusiones.
-Necesito estar solo.. -susurré alejándome de ella.
Con semblante serio salí de la habitación y bajé las escaleras fijando la mirada en un chico que dormía en el sofá.
-¡Elena!
Escuché como bajaba las escaleras y esta vez desvié la vista hacia ella.
-No quiero ver a más desconocidos en casa -la fulminé con la mirada y caminé hacia el jardín. Corrí las cortinas del salón y deslicé la puerta acristalada algo enfadado. Cuando aún vivía mi madre jamás se hubiese atrevido mi padre a tapar la entrada al jardín con unas enormes cortinas grisáceas.
Fijé la mirada en la piscina y caminé hacia ella, pero al segundo paso frené en seco. ¿Por qué escuchaba pasos si no había nadie más conmigo?
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GAZOKS (parte 1)
रोमांसPablo, chico corriente que vive sumergido en sus problemas cuando se muda a vivir con su padre después de la perdida de su madre, descubre nuevos mundos y personas de la mano de una chica. Arima, chica no humana que vive sumergida en un mundo lleno...
