CAPITULO 29

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PABLO

Caminamos en completo silencio por las calles escuchando el silbido de los pájaros que no dejaban de volar de árbol en árbol.
¿Qué pasaría a partir de ahora? ¿Y si los profesionales llegaban a alcanzarnos?
Miré a Arima de soslayo y suspiré observando su gesto serio.
¿Tendría ella también miedo?
Caminamos hasta entrar en el callejón que llevaba al bar de mala muerte donde me habían secuestrado y frené esta vez mirando fijamente a Arima.
-¿No crees que yo también debería llevar una daga?
Ella me miró con desconfianza y me ofreció una de las que llevaba en la mano.
-Quiero que solo la utilices si te encuentras acorralado -agachó la cabeza y continuó hablando -si nos encuentran los profesionales quiero que corras y que jamás te gires hasta que los hayas perdido de vista.
Asentí sabiendo que si ese momento llegaba no iba a poder ser capaz de alejarme de ella y abandonarla.
Ella se dio la vuelta y continuó andando mientras yo la observaba alejarse. ¿Desde cuando se preocupaba por mi?
Agité la cabeza algo confundido y corrí detrás de ella hasta alcanzarla, justo cuando entraba en el local de mala muerte.
-Un momento.. -frenó en seco y señaló hacia el suelo donde ya no había ningún cadaver.
Miré a mi alrededor, ¿habían estado ya por aquí los profesionales?
Arima comenzó a andar con lentitud, examinando todo su alrededor sin dejarse detalle.
-Alguien ha pasado por aquí… -se dio la vuelta y clavó la mirada en mi cara llena de preocupación -hay que ver si hay alguien donde las flores Ika.
La seguí sin decir nada y los dos bajamos por las escaleras metálicas mientras percibía en la distancia unos pasos.
Era evidente que algo en aquel lugar había cambiado tornandose aaún más turbio de lo que ya era.
Cuando pisé el último peldaño suspiré aliviado al ver la puerta cerrada y casi invisible ante la vista de cualquiera gracias a la estantería que le habían colocado en frente.
Arima me devolvió la mirada esperanzada y sin perder tiempo abrió la puerta.
El lugar estaba como lo dejamos la última vez que fuimos, igual de hermoso y tranquilizador. Era realmente extraño darme cuenta de que al principio aquel lugar no me interesaba para nada y ahora de golpe sentir la necesidad de que lo tenía que cuidar de los demás.
Entré lentamente observando mi alrededor y me quedé de nuevo inmóvil cuando escuché en la distancia unos pasos en el piso de arriba.
-Arima.. -susurré.
-Quedate detrás de mi -no tardó en posicionarse delante de mi – no estamos solos.
¿Desde cuando tenía yo el oído tan desarrollado?
Escuchamos la puerta del zulo abrirse de nuevo y unos pies bajar por las escaleras metálicas mientras yo sentía que el corazón me iba a salir por la boca. Si era un profesional estábamos completamente perdidos.
-¿Hola?
Arima se giró para mirarme tras escuchar la voz y bajó su daga.
Elena asomó la cabeza por la puerta y se quedó quieta mirando con asombro el jardín interior.
-Te dijimos que no tenías que…
Antes de acabar la frase escuchamos de nuevo la puerta del zulo abrirse.
-¿Has venido acompañada? -pregunté acercándome a ella.
Ella negó con la cabeza y antes de poder avanzar hacia nosotros una flecha atravesó una de sus piernas.
-¡Elena! -grité corriendo sin perder tiempo mientras ella soltaba un grito y caía al suelo retorciéndose de dolor.
Los tres fijamos la mirada en un chico con una extraña forma de vestir, que mientras sonreía apuntaba con su arco a Arima sin parpadear.
-¿Quien cojones…
Arima no acabo la frase, se acercó a mi y tiró de mi brazo.
-¡Ese no es un profesional!
Le miré de nuevo y ella me obligó a agacharme cuando él soltó su flecha intentando acabar con nosotros.
Dio un paso dentro del jardín esta vez bajando su arco, y solo entonces nos fijamos en la chica que había detrás de él. Ella nos miró con semblante serio mientras sujetaba con fuerza su guadaña y tras soltar un grito de guerra, entró corriendo alzando su arma.
Arima corrió hacia ella esquivando sus golpes y desviando la vista hacia Elena me quedé aterrorizado. El chico del arco se agachó a su lado y lamió su rostro dejándonos ver su lengua viperina, como si de una serpiente se tratase.
Si no eran profesionales, ¿qué eran?
Sujeté con fuerza mi daga y corrí hacia el chico dispuesto a matarlo si hacia falta. Él con agilidad asombrosa esquivó mi ataqué y de un golpe me tumbó en el suelo quitándome el arma de las manos. Grité intentando zafarme de él, pero me era imposible , su brazo ejerció fuerza sobre mi cuello y el chico volvió a sacar su lengua divirtiéndose con la situación. Escuché a Arima gritar, pero el chico giró mi cabeza sin dejarme saber lo que pasaba mientras seguía retorciéndome.
El llanto desconsolado de Elena inundó mis oídos recordándome viejos tiempos donde el que no entendía nada era yo.
Levantando el puño golpeé el rostro del chico con fuerza haciéndole perder el equilibrio y dándome la ventaja de coger de nuevo mi daga. Sin perder tiempo corté parte de su rostro y mientras él gritaba me levanté buscando a Arima con la mirada. Pero me quedé quieto cuando un hombre larguirucho de mediana edad y piel oscura aplaudía deleitándose con la escena.
-Pensé que seríais más fáciles de reducir -el hombre metió sus dos manos en los bolsillos de su pantalón de rayas rojas y negras y se acercó a nosotros, haciendo que los dos chicos que nos atacaban retrocediesen agachando ligeramente la cabeza.
Di un paso hacia atrás acercándome a Arima que intentaba frenar la hemorragia de su nariz sin perder de vista al hombre de aspecto extraño.
-Soy Zuko – nos extendió la mano y frunció el ceño cuando ninguno de los dos nos movimos de nuestro sitio.
Volvió a guardarse la mano en el bolsillo y desvió la vista hacia sus compañeros, momento que aprovechó Arima para abalanzarse encima de él. Con agilidad levantó la daga dispuesta a clavársela, pero antes de que le diera tiempo a reaccionar, él levantó el cuerpo de Arima y la lanzó hasta chocar contra la pared. Hice el amago de correr detrás de ella, pero el hombre con semblante serio me apuntó con la daga.
-Vais a venir con nosotros – lanzó la daga que se clavó en la pared, cerca de mi oreja, y me retó con la mirada -si te opones os mataremos en menos de dos segundos.
Miré a Arima retorciéndose de dolor en el suelo y desvié la vista hacia Elena que estaba completamente inconsciente con la flecha clavada en la pierna.
-Iremos con vosotros -sentencié.
Él sonrió satisfecho y esta vez el chico de la lengua viperina se acercó a mi.
Sin darme tiempo a reaccionar golpeó mi cabeza con fuerza contra la pared haciéndome perder el conocimiento de inmediato.

GAZOKS  (parte 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora