CAPITULO 50

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PABLO

-¡Desapareciste sin dar señales de vida! -gritó mi padre en comisaria bajo la atenta mirada de uno de los policías.
Agaché la cabeza y entrelacé mis dedos sin saber que decir.
-¡Para colmo estuviste apunto de matar a tu hermana!
-Yo.. yo no le he…
No esperó a que yo acabase de hablar, se llevó las manos a la cabeza y se alejó de mi dejándome con la palabra en la boca.
Esta vez fue Alice , su nueva mujer la que decidió acercarse a mi.
-Solo dime que fue lo que le pasó a Elena.. -susurró agachándose a mi lado.
Cerré los ojos con fuerza intentando mentir de la forma más creíble posible.
-Elena se cayó cuando íbamos borrachos y jamás pensamos que su herida..
Antes de acabar mi frase, alguien llamó a la puerta interrumpiendome de nuevo.
Cuando la puerta se abrió un hombre entró en la sala donde me tenían recluido y me miró con una amplia sonrisa en los labios.
-Soy el abogado de Pablo – se presentó aquel tipo estrechando la mano de mi padre – al no tener uno se le ha tenido que asignar uno del estado.
Mi padre asintió cabizbajo y se acercó más a él para que yo no llegara a escuchar la conversación.
-Tiene veinte años y jamás ha hecho nada malo, ¿puede aún así ir a la cárcel si se demuestra que fue él el que le hizo eso ha esa chica?
¿Ir a la cárcel?
Tragué saliva y agaché la cabeza ¿Por qué cojones no había pensado en mis actos antes de cometerlos?
-Debemos esperar a que la chica despierte y nos cuente que fue lo que sucedió -contestó el abogado.
Suspirando levanté la vista y clavé la mirada en el abogado que me miraba fijamente.
-Necesito quedarme asolas con mi cliente – miró al policía que no tardó en asentir.
-Cuenta la verdad y a lo mejor podamos rebajar la condena si la chica pierde la vida -dijo mi padre saliendo detrás del policía.
La puerta se cerró y tras quedarme a solas con mi abogado comencé a hablar.
-Yo jamás le haría daño a Elena…
-Ya lo sé -el hombre con confianza arrastró una silla hacia mi y se sentó con una sonrisa dibujada en el rostro.
Fruncí el ceño.
-Lo digo en serio..ella es mi hermana y…
-Aún así jamás debiste abandonar la guarida y salir con ella fuera -puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos -nos pusiste a todos en peligro.
Le miré atónito.
-Soy Erix – me extendió la mano y volvió a esbozar una sonrisa – como ya podrás imaginar soy un huesudo que viene a intentar resolver lo que tú acabas de liar.
Apreté su mano a modo de saludo y respiré más aliviado.
-Ahora mismo no tienen ninguna prueba que pueda retenerte en comisaria o llevarte a la cárcel… - se quedó en silencio durante un segundo – siempre y cuando la humana no muera.
-¿En ese caso? -pregunté con nerviosismo.
-En ese caso serás acusado de homicidio imprudente -contestó con el gesto más serio.
Me llevé las manos a la cabeza y resoplé con fuerza. -Miremos el lado positivo, ahora mismo nadie puede detenerte oficialmente así que para empezar lo mejor será abandonar este lugar y volver a la guarida.
Negué con la cabeza esta vez clavando la mirada en él.
-No pienso dejar a Elena -me puse de pie – ella es una de los nuestros aunque su sangre sea humana.
Erix me imitó poniéndose de pie y sin decir nada más caminó hacia la puerta.
-No hables mucho y dejame el resto a mi -abrió la puerta y caminó decidido hacia el policía que minutos antes nos había dejado solos.
Salí detrás de él y miré a mi padre con semblante serio, ¿de verdad me veía capaz de poder hacerle daño a Elena?
Alice se acercó a mi y sin mediar palabra conmigo me abofeteó con fuerza.
-Esto es por si mi hija no sale de esta.
Me llevé una mano a la mejilla adolorida y clavé de nuevo la mirada en mi padre.
-La próxima vez que le ponga una mano encima a mi cliente tendrá que responder delante de la justicia – Erix apoyó una mano encima de mi hombro y la fulminó con la mirada.
Ella sin decir nada se dio la vuelta y se alejó de nosotros. -Vamonos antes de que se den cuenta de que no soy un abogado.. -susurró comenzando a caminar hacia la salida.
Miré por última vez a mi padre y tras dedicarle una mirada llena de odio seguí a Erix hasta salir fuera de aquella comisaría.
-¿Quieres ir al hospital? -preguntó.
Miré a mi alrededor y al final asentí.
-Iré solo -dije metiendo las manos en los bolsillos de mi pantalón y topándome con la cajetilla de tabaco – busca mientras tanto por cielo y tierra alguien que pueda ayudar a mi hermana.
-No hay nadie que..
-Busca a alguien -repetí comenzando a cabrearme – y al que venga dejale claro que si Elena muere me aseguraré yo de que el que esté a su cargo también lo haga.
Sin decir nada más me giré dándole la espalda y me marché en completo silencio.

GAZOKS  (parte 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora