Isabella Al-Asad cumple los 20 años sabiendo que su vida cambiará por completo, pues sus padres acordaron que a esa edad se casaría con el primogénito de los Olímpicos, Ares Sideris.
Todo se pondrá patas arriba cuando la inocente chica tenga que co...
Cierro la maleta con todo lo que necesito. La dejo junto a la puerta y miro a Hera dormir relajadamente en la cama.
Tuve que pedirle a las criadas que le prepararan un té con una droga, puesto que no ha podido dormir desde que supimos de la muerte de Ares.
Me acerco hasta ella y acaricio su rostro. Sé que nunca me perdonará que la abandone de este modo. Pero no voy a vivir tranquilo si no intento vengar la muerte de mi hijo.
Esto es algo que tengo que hacer yo, no quiero que nada le pase a Apolo y a Hermes, no puedo perderlos a ellos también, Hera no puede perderlos.
- Eres lo mejor que me ha pasado fiera...- sonrío.- Gracias por todo estos años.- beso delicadamente su frente.- Adiós mi vida... Adiós mi amor.-
Sin pensarlo más, cojo la maleta y salgo de la habitación y de la casa, hasta el muelle. Allí me están esperando los diez hombres que he escogido para esta misión.
- ¿Todo listo?- pregunto.
- Sí señor.- responde uno.- El helicóptero nos está esperando en el aeropuerto de Atenas.-
- Entonces vayámonos de una vez.-
Subimos en el yate y nos marchamos. Durante el trayecto me quedo observando la isla... mi hogar.
Sé que lo más probable es que no vuelva, pero eso no me va a echar para atrás. Si he de morir, lo haré protegiendo a los míos.
Cuando llegamos al aeropuerto, nos dirigimos hasta la pista dónde se encuentra mi helicóptero pero, para mí sorpresa, junto a él hay otro con un símbolo que se me hace muy conocido.
- Ya deja de refunfuñar abuelo.- se burla mi mejor amigo bajando del vehículo y acercándose a mí.- Te van a salir más canas de las que ya tienes.-
- ¿Por qué estás aquí Horus?- repito.
- Apolo me llamó.- responde.- Al parecer mi viejo amigo ha perdido la cordura.-
«Ese maldito traidor...»
- Tengo que vengar a mi hijo.- espeto con seriedad.
- Lo sé.- asegura.- Pero no pensarás que puedes ganar está guerra tu solo, ¿verdad?-
- No necesito ayuda para vengar la muerte de mi hijo.- bufo.- Esta no es tu guerra Horus.-
- ¡No te atrevas a decir eso!- grita sobresaltándome.- Esos cabrones tienen a mi hija, así que no te creas el único con derechos a ir a Rusia a matarlos.-
Ambos nos quedamos en silencio, retándonos con la mirada.
- Supongo que no vas a cambiar de opinión.- murmuro.
- Sabes que soy igual o más cabezota que tú.-
- Y supongo que también sabes que nuestras probabilidades de salir con vida son escasas.-
- Mientras hayan todo es posible, mira a los Vengadores.-
«¿Me está jodiendo?»
- Desde luego eres retrasado.-
- Y tu un viejo cascarrabias, ¿y ves que me queje?-
Ladeo los ojos con frustración.
- Bueno... si no nos matan los rusos nos matarán nuestras esposas.-
- Te confieso que le tengo más miedo a Aisa que a los Vólkov.-
Ambos nos empezamos a reír. Lo cierto es que me alegra tener al pelinegro a mi lado. Me hace recordar viejos tiempos, cuando ambos creíamos que nos podíamos comer el mundo.
- Señor, los dos helicópteros están listos y los hombres preparados.- dice uno de mis hombres.
Junto a él, aparece otro cargando al pequeño lobo de Isabella.
- ¿Por qué has traído al perro?-
- Yo le dije a Apolo que ordenara a uno de tus guardias que lo trajera.- indica mi amigo.- Nos será de gran utilidad para encontrar a mi hija.-
- Solo es un cachorro Horus...-
- Nunca subestimes a los lobos de los Inmortales.-
Ladeo los ojos.
- Está bien...- murmuro.- Que los dioses me den paciencia para aguantarte...-
- Ya deja de quejarte abuelo.-
- Vuelves a llamarme abuelo y te rompo los dientes.-
- Se ve que con la edad has perdido el poco sentido del humor que tenías.-
Suspiro con frustración.
- Déjate de tonterías Horus, no tenemos tiempo que perder.-
- Mira, algo en lo que estamos de acuerdo.- sonríe.- Hagamos esto de una vez.-
- ¿Juntos?- le pregunto al dios ofreciéndole la mano.
- Hasta la muerte.- contesta apretándomela.
Ambos nos subimos en uno de los helicópteros y nos preparamos.
- ¿Cuáles son las órdenes señor?-
Miro a mi amigo y él asiente.
- Vamos a por esos hijos de puta.-
***
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¿Qué os ha parecido?
Sé que no es muy largo, pero me parecía bonito ver el reencuentro de Horus y Zeus.
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