Arrepentimiento monumental

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Kyle 

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Kyle 

Esa tarde con Sally y Isaac habían decidido salir a cenar unas pizzas, considerando que el humor del chico había estado demasiado sombrío durante ese par de semanas, incluso más de lo que sus amigos estaban acostumbrados. Kyle no pudo negarse, ya que el lugar que los chicos ofrecían era su favorito para comer pizza. Algo tenía esa receta que lo había hechizado por completo.

Él estaba consciente de que habían ordenado más de lo que los tres podían comer juntos y ahora se encontraban charlando de quién iba a terminarse los últimos pedazos. Kyle se negaba rotundamente, al igual que Sally. El único que parecía resistir otro poco era Isaac, pero él tampoco se animaba; así que decidieron quedarse otro rato. Tal vez en media hora lograrían hacer espacio.

—¿Saben? Para ser chicos tan grandes, de verdad que les falta apetito —volvía a quejarse Sally.

—¿Ya me viste, Sal? —se defendió Kyle, mientras se señalaba a sí mismo—. Podré ser alto, pero mi complexión de mondadientes no me permite comer más de tres o cuatro pedazos de pizza. 

—Ya deja de ser tan modesto, dulce —volvió a atacar su amiga mientras fingía estar ofendida—. Todos saben tu sucio secreto de usar ropa más grande de lo que necesitas.

—Sí, de hecho, no sé por qué lo haces, pero siempre me lo he preguntado —intervino Isaac, quien se encontraba sentado frente a él y su prima.

Lo cierto era que ni Kyle lo sabía. Siempre creyó que era para estar cómodo y no era como si usara dos tallas más grandes, simplemente lo suficiente para que la ropa cayera sutilmente sobre su persona.

—Ustedes son los observadores, ustedes díganme a mí —los retó, considerando que tanto Sally como Isaac se la pasaban intentando adivinar por qué Kyle actuaba como lo hacía, aparentemente.

—Yo siempre creí que era por inseguro —su amiga se encogió de hombros, restándole importancia.

—Si algo puedo decirte, Sal, es que soy todo, menos inseguro de mí mismo —eso no era del todo una mentira. Era decir, no tenía miedo de decir lo que pensaba y no le importaba mucho si llegaba a ofender a alguien, tampoco le importaba lo que las personas dijeran de él, pero aun así no lograba acercarse a los demás para hablarles. Era simplemente extraño. 

Lo que sí no podía negar era que, si había algo de inseguridad en él, era sobre su cuerpo. Estaba en forma sí, pero ya era obvio la razón por la cual no lo mostraba frente a nadie.

—Yo también tengo mis teorías, pero esperaré a tener más pruebas —comentó Isaac con cierta suspicacia.

Kyle bufó.

—Ahora me dirán que su pasatiempo de primos es adivinar por qué Kyle Montgomery hace lo que hace —bromeó, pero por la mirada de los dos chicos, aquello no había sido ningún chiste—. ¿Es en serio?

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