Había pasado una semana aproximadamente desde lo que había acontecido entre Bárbara y Franco, y las cosas seguían igual. Ambos habían decidido olvidarlo y continuar con su alianza, llevando sólo una relación laboral y de socios.
Tanto así, que trataban de no dirigirse demasiado la palabra, y hablar de lo que fuera estrictamente necesario, comunicarse un par de cosas y hasta ahí. Algo había cambiado en ellos, pero por mucho que trataban de ignorarlo, era imposible, la tensión siempre salía a relucir en cualquier ocasión.
- Franco, no nos conviene aquella alianza que mencionó Aníbal con esa productora de leche.. - Dijo Bárbara sentada desde su escritorio observando a su aliado. Él seguía jugueteando con el bolígrafo.
- Pero vamos a hacerla...
- ¡Claro que no! ¿Eres idiota o qué? - Gritó ella desesperada y furiosa. - ¿Qué estabas pensando al votar a favor de esa gente en la Junta? ¿No pensaste en nuestro plan?
- Mira Bárbara, la verdad yo no le veo pie ni cabeza a todo este asunto. Lograr la quiebra de Lactos es imposible... - Dijo el hombre reacio, quería tratar de dilatar todos los planes de Bárbara, no podía dejar que aquel hombre y ella se salieran con la suya. Por muy triste que haya sonado su historia no podía dejar que aquello perturbara sus planes de rescatar a Liliana, e impedir la destrucción de Los Elizalde.
Y de la mujer que amaba.
- No sé con quien estoy hablando, ¡Cada día estás más imbécil! - Ella salió de su escritorio y caminó hacia él, se acercó y le habló amenazante. - Sólo te digo una cosa Franco, si se te ocurre llegar a traicionarme... Te juro por lo más sagrado que lo pagarás muy caro.
El hombre inhaló profundamente tomando suficiente aire para hablar, las amenazas de ella lo tenían sin cuidado, pues sabía bien que él tenía información que podría desenmascararla ante los Elizalde, y sobretodo ante la justicia. Se arrepentía en el alma haberse enredado con ella, haber caído en su juego, sentía que había traicionado a Fernanda, y faltado al propósito que lo había hecho volver. Podía imaginar la mirada de decepción de su madre si supiera que Bárbara Greco había estado en su cama, se sentía fatal.
- Si no quieres seguir con la alianza, está bien... - Dijo la pelinegra en vista de que el hombre se había quedado pensativo. - Pero no interfieras en mis planes, no voy a sacrificar mi libertad y mi felicidad por nadie. Así tenga que sacarte de la jugada, y creo que entiendes a lo que refiero...
- Tus amenazas me dan igual Bárbara. - Franco le habló relajado. - Parece que estás olvidando algo; Yo conozco mucho de ti, tu misma me lo haz contado todo, se lo que has hecho y todo lo que pasaría si abriera mi boca con los Elizalde. Además, ya lo he testificado todo por si algo me llegase a pasar.
Bárbara maldijo para sus adentros, aquel tipo podría traicionarla en cualquier instante, y ella iría a la cárcel, o peor que eso, Artemio la haría picadillo o la quemaría viva. Había arriesgado mucho por él, por querer saber de Aurora.
Y ahora le tocaría acabar con el único amante que había logrado mover algo dentro de ella.
*
Hacienda Los Cascabeles
Hoy era el día, por fin Valentina regresaría a su casa, luego de llevar más de una semana hospitalizada. Algunos habitantes del pueblo hablaban, murmuraban, y rumoreaban acerca de su llegada; Unos se alegraban por su recuperación, otros temían por su carácter, y unos cuantos la tachaban de asesina y de haberse buscado lo que le sucedió.
Pero lo cierto era que Valentina había llegado, y todos en su hacienda tenían los nervios de punta. Y Jose Miguel... Que estaría una semana más con ella, cada vez la sentía más alejada de él.
- ¡Otra vez la fastidiosa de Valentina aquí! - Ivana se asomó por la ventana de su habitación, viendo como llegaban dos autos, y de uno de ellos bajaba Jose Miguel y Alonso, seguidos de su mamá y Gabriela. La mujer miró hacia arriba diciendo un par de plegarias - ¿Por qué mejor no te la llevaste y así me ahorrabas molestias a mí y sufrimiento a ella? La pobre seguro ni caminar puede..
Ivana soltó una risilla, había escuchado que su prima tenía problemas de movilidad, y que probablemente no caminaría bien durante unas semanas. Con eso ya tenía una razón más para fastidiarla, pensó.
Pero lo que no imaginaba era que la mujer que bajaba de aquella camioneta, era una muy distinta a la que hace unas semanas había desaparecido. Una que muy seguramente pronto la sacaría a rastras de Los Cascabeles.
Entonces sucedió, Ivana con mirada anonadada vio como lo que parecía un bastón se asomaba por la puerta del auto. Un bastón de madera, parcialmente pintado de negro, y con algo extraño en su punta, de lejos no podía ver que era. Seguido de él, Valentina; Quien vestía su característica ropa campestre, pero con tonos más oscuros, se veía muy diferente ahora.
- ¿Bueno y ahora esta a qué le guarda luto? - Se preguntó mientras sus ojos trataban de enfocar a su prima. Luego rió. - Aunque lo del bastón me parece algo muy original, pobre coja.
Pronto la mujer y toda la gente que iba con ella entraron a la hacienda, ante la mirada atónita y curiosa de algunos trabajadores, y la cabeza gacha de Jose Miguel.
Valentina entró, apoyándose en lo que sería su nuevo acompañante; aquel bastón negro y brillante, que ella misma había mandando a hacer, con la cabeza de una víbora tallada en madera en la punta. Justo en donde estaba su mano ahora.
La mujer de sombrero negro se acercó a Iluminada, y con un tono frío y autoritario le habló.
- Sube mis maletas.
- Si señorita.... - La muchacha salió despavorida a cargar con las maletas de su patrona, la cual miraba el lugar con detalle.
- Señora. - Corrigió. Y siguió mirando la casa. - Que bueno que no se les cayó encima la hacienda durante los días que no estuve.
- Sabino ha estado muy al pendiente de todo. - Dijo la señora Isabel un poco nerviosa, su sobrina estaba muy seria y eso no le gustaba. Le daba miedo, mucho más del que podía provocarle ver a su hija Ivana en una crisis de esquizofrenia. La mirada de Valentina era tan letal, como apagada.
Sabía que estaba sufriendo lo indecible por lo de su bebé.
- Que bueno, para eso le pago.
- Valentina, Sabino ha hecho todo de buena fe y por amor a su trabajo. No tienes por que ser tan repelente. - Jose Miguel intervino por su ex capataz, por más que amara a aquella mujer ahora frívola, no permitiría atropellos por parte de ella hacia su amigo.
La dueña ignoró aquello y caminó hacia la sala, estaba tan cansada. Le fastidiaba tanto sentir la mirada lastimera de toda esa gente, le molestaba y a la vez la hería, saberse casi inválida. Con cuidado se sentó en el sofá, poniendo su bastón encima de sus piernas.
- ¿Qué me ven?
Las personas a su alrededor negaron y algunas se escabulleron por ahí, Jose Miguel se acercó a ella junto con Isabel y Gabriela.
- ¡Iluminada! - Llamó la ojimiel.
- Si, señori... Señora. - La pobre muchacha dejó ver su nerviosismo, la sola mirada de aquella jefa que siempre había sido tan benevolente, ahora le causaba mucho miedo.
- Traeme algo de beber, me siento deshidratada... - Ordenó.
La muchacha asintió y se fue.
- Y eso que te pusieron bastante suero en el hospital... - Mencionó Gabriela, sentándose en un sillón cerca.
- Ya eso quedó en el pasado, y espero que a todos les quede claro.. - Dijo mirando a todos los presentes. - Más tarde iré a darme cuenta de los animales y los cultivos...
- Si quieres te acompaño bonita.
- No Jose Miguel, iré sola.
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Veneno en la sangre
FanfictionUna víbora y una hiena juntas. ¿Qué podría salir mal?... Valentina y Bárbara han sido dos mujeres víctimas de las crueldades del destino y las maldades de la humanidad. Juzgadas de manera errada. Pero de alguna forma ambas se encontrarán en el camin...
