𝙐𝙣 𝙚𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙤𝙧 𝙨𝙞𝙣 𝙞𝙣𝙨𝙥𝙞𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣.
𝙐𝙣 𝙗𝙖𝙟𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤.
𝙐𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙩𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧𝙖́ 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙞𝙙𝙖𝙨.
La carrera de Yeonsuk Gong está al borde del abismo, y su último intento de salvarla...
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Jungsoo parpadea quizás diez veces en un intervalo de dos segundos, si no es que menos; sus grandes ojos brillaban haciendo lucir su rostro casi infantil. No quería admitir que se veía jodidamente tierno, sus labios se fruncieron en ese momento en una inconsciente mueca de frustración que aumentó su encanto, algo que me motivó a morder el interior de mi mejilla para no sonreír, pero era difícil mantener la seriedad en esa situación.
Conocía al bajista lo suficiente para saber que no haría ese tipo de gestos a posta, y tampoco recordaba verlo hacerlos con su ex; era entonces que volvía a cuestionarme el sin fin de cosas en las que en mi mente había enumerado las razones por las que no debía involucrarme de forma sentimental con Jungsoo Park: Primero. Tenía una relación extraña y excesivamente cercana con su ex, a tal punto, de tontear como novios sin ser nada en lo absoluto, jurando después a los mil vientos que no sentían nada por el otro. Tan poco podía dejar de lado lo que Tyler me había dicho.
Era que no fuera algo imposible, pero no debía ser ingenuo como para creerles del todo. No obstante, si iba a mencionar que olvidáramos el asunto, en definitiva apoyaría la idea, aun cuando por dentro, dejando de lado mi orgullo, estaría muy decepcionado de revivir ese maldito cliché de "Primeros besos obligados a ser olvidados, aunque no terminan siéndolo porque seguramente saldría el tema una segunda vez, o quizás, un segundo beso." Sí, un nombre muy largo. Quizá luego podría encontrar un mejor resumen, o quizás no, porque sería asunto del pasado.
—Si vas a mencionar que lo olvide o que fue un simple error y te dejaste llevar por el momento, ahórratelo. Tu heterosexualidad y tus perturbadores secretos están intactos. No pasó nada, Amigo. Relájate. —Presioné mi puño contra su hombro dándole un golpe juguetón mientras me forzaba a sonreír.
¿Cuántas ocasiones estuve en esa situación? Pfff, numerosas veces. Al principio consideraba que los chicos de secundaria eran lo suficiente inmaduros como para acercarse a mí por simple curiosidad, probar algo nuevo y terminar burlándose de "mi masculinidad", aunque las suyas fueron cuestionables. Pero cuando casos similares, para no decir que el mismo, ocurrió en la etapa de educación superior y universidad, supe que no siempre la edad determinaba la madurez que tenía una persona, por lo que dejé de perder mi tiempo en intentar encajar y me obligué a enfocarme en lo que realmente me importaba.
Ser un escritor. Tener la capacidad de plasmar lo que quería trasmitir en mis letras, permitir que dichos extraños símbolos que componen las palabras de millones de idiomas, pueda comunicar un mensaje importante; un sentimiento fervor que al leerlos en conjunto le otorgué a aquellos ojos que presencian aquel inmortal acontecimiento, sentir las letras acariciar su piel, adentrándose así en su mente perdurando allí no solamente en las páginas, tampoco en su memoria, sino también en su espíritu. Y eso duraría toda una eternidad.
Tener una vida amorosa activa dejó de ser relevante en el momento que decidí alejarme de toda la mierda que no me hacía bien. Aunque terminé cayendo en otro hoyo más jodido, por muy putrefacta y cuestionable que fuera mi suerte, debía admitir lo admirable que fue mi fuerza de voluntad, logré avanzar, a pasos de una tortuga pequeña, pero lo hice. Y allí estaba, pensando en ello como si fuera una anécdota para contar.