𝙐𝙣 𝙚𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙤𝙧 𝙨𝙞𝙣 𝙞𝙣𝙨𝙥𝙞𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣.
𝙐𝙣 𝙗𝙖𝙟𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤.
𝙐𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙩𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧𝙖́ 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙞𝙙𝙖𝙨.
La carrera de Yeonsuk Gong está al borde del abismo, y su último intento de salvarla...
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Me pareció ridículo ocultarlo, entonces terminé relatando mi forma bochornosa que descubrí el secreto del bajista. Para mi sorpresa, la chica terminó rompiendo en fuertes carcajadas, llegando a tal punto que su delineador se corrió por las lágrimas que salían de sus ojos. Aunque la situación me resultó bastante graciosa, mantuve mi mueca de fastidio que no duró mucho cuando un ruidito de cerdo abandonó su boca.
-¿E-en serio le d-dijiste que tenías diarrea? -Asentí con la cabeza, alimentando su risa por unos minutos más-. Mierda. Eres demasiado... Ya veo por qué Jungsoo se fijó en ti, eres único.
-Gracias. -Solté una risita-. Jungsoo me mencionó que él no era el único en el pueblo, ¿Hay más híbridos como él aquí?
Esta asintió tornando su rostro serio, mi lado chismoso tóxico quiso saber más.
-No me mires de esa manera que no pienso decirte nada. -La miré mal, decepcionado-. Ok. Te diré, pero no puedo decir nombres, aunque te aseguro que sí hay una cantidad prudente de híbridos en Northesden. Hay ángeles y demonios, se hizo un acuerdo en vivir en paz entre los humanos y tomaron este pueblo como un refugio, por así decirlo, para protegerse de los cazadores...
Asentí satisfecho, definitivamente el asunto era más jodido de lo que me imaginaba. El tatuado me había mencionado que había más criaturas aparte de él, y que Natasha me lo confirmara, no solo hizo darme cuenta de que los humanos éramos demasiado ciegos como para no notar lo evidente, pero sobre todo, que la sinceridad que Jungsoo Park tuvo desde el inicio de nuestra relación fue tan clara que fui un idiota por dudar de ella.
-¿Tú eres...? -Esta negó con la cabeza.
-Soy humana, Suk. Lamento decepcionarte.
-Ridícula. -Me mostró el dedo medio a la vez que la puerta se abría.
Mi corazón dio un vuelco al ver a la persona frente a mí, vestido de negro, se encontraba el dueño del local, Hal Dawson estaba delante de nosotros. Su rostro estaba muy serio y el que me haya descubierto por segunda vez en el camerino de Jungsoo me motivó a maldecir a mis adentros, su mirada fue primero a Natasha antes de clavarse en la mía.
-No lo regañes, Hal. Yo lo traje aquí, necesitaba hablar con él de un asunto personal -expresó Natasha, en tono severo, inmune a la pesada aura que contaba el tipo.
-Sal de aquí, Spencer. Hay algo que quiero comentarle al señor Gong. -Me negué a cortar el contacto visual con él, aun cuando estaba cagado de los nervios.
-Dawson, hablo en serio. -La chica me dio un pequeño apretón en el hombro antes de dejarnos solos.
El rubio cerró la puerta detrás de sí cuando Natasha pasó por su lado para abandonar el camerino, en el momento que eso sucedió, un extraño silencio se apoderó en la escena en la que Hal se limitó apoyarse contra la pared para cruzar sus brazos sobre su pecho, su mirada escaneó mis facciones por un tenso minuto que me pareció una eternidad. Pero me negué a dejar de mirarlo, no quería aparentar debilidad, menos con él.