𝙐𝙣 𝙚𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙤𝙧 𝙨𝙞𝙣 𝙞𝙣𝙨𝙥𝙞𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣.
𝙐𝙣 𝙗𝙖𝙟𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤.
𝙐𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙩𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧𝙖́ 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙞𝙙𝙖𝙨.
La carrera de Yeonsuk Gong está al borde del abismo, y su último intento de salvarla...
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Confusión, aturdimiento, sorpresa, ira y alivio. Fue el vómito de emociones que sentí en el momento que mis ojos conectaron con aquellos que por un instante me convencí de que jamás volvería a ver de nuevo, pero allí estaban, escrutado mi rostro acompañado de una expresión serena. Jungsoo bajó de su motocicleta y dio un par de pasos a mi dirección, por instinto retrocedí.
Mi cerebro estaba demasiado ocupado intentando procesar el cúmulo de emociones que pasaban por mi lastimado corazón como para actuar cuerdo en el presente. Mis labios se entreabrieron, pero de estos no salió nada más que una exhalación temblorosa, finalmente todo se puso de negro. Fui engullido por una penumbra absoluta justo después de escuchar aquel hermoso hombre gritar mi nombre.
¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?, ¿minutos?, ¿horas? No lo sabía. Lo que estaba seguro era que había pasado la mayor vergüenza de la vida y que prefería morir a saber que los muy cabrones de mis amigos me había dejado caer al suelo como estiércol en plena vía pública. Y la sola idea de que eso haya ocurrido mantuvo mis ojos cerrados aun cuando recobré la consciencia. Sin embargo, eso no duró mucho porque los terminé abriendo de todos modos, para mi suerte, una iluminada habitación blanca hizo darme cuenta de donde me encontraba después de analizar por unos segundos más, en un hospital.
Alguien abrió la cortina de plástico por lo que cerré los ojos de nuevo quedándome muy quieto. Según mi lógica, si no me movía, el intruso no se daría cuenta de que ya me encontraba despierto.
—Ya te vi, no tienes que fingir estar dormido —reconocí la voz de Hal, sin embargo, me negué abrir los ojos. Bien, el plan no funcionó como lo esperaba—. Tenemos que hablar.
—No quiero hablar contigo ahora, Dawson.
—Entiendo que estés molesto conmigo, te mentí numerosas veces y tienes muchas razones para odiarme, pero puedes escucharme...
—"Puedo" y un demonio, Hal. —Me reincorporé ignorando las punzadas dolorosas que se concentraban en mi cabeza—. Viste lo mal que lo pasé y aún tuviste el descaro de mentirme, me mentiste en mi cara. Eres un hijo de puta.
—Quizás lo sea. Pero lo hice para protegerlos.
—¿Protegerlos de quién?, ¿de quién exactamente?, ¿de mí? —Una risa sarcástica abandono mi boca.
—Sabía que ellos irían a por ti, apenas tuvieran la oportunidad y tu mente estaba demasiado débil como para negarles el acceso a esos idiotas. —Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—No tiene justificación lo que hiciste, Hal. Pasé un infierno por tu culpa —Lloriquee.