𝙐𝙣 𝙚𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙤𝙧 𝙨𝙞𝙣 𝙞𝙣𝙨𝙥𝙞𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣.
𝙐𝙣 𝙗𝙖𝙟𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤.
𝙐𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙩𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧𝙖́ 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙞𝙙𝙖𝙨.
La carrera de Yeonsuk Gong está al borde del abismo, y su último intento de salvarla...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Los padres de la mocosa no tardaron en hacer aparición, y entretanto eso sucedía, comía de manera obediente lo que mi adorable esposo había preparado. Consistía en salchichas en forma de pulpos, arroz y tortilla de huevo rellena de queso, observé al chef que se encontraba de espaldas a varios metros de donde me hallaba tener una conversación con los susodichos mientras la pelirroja intentaba defenderse de los regaños de su madre.
En fin, la hipotenusa.
Una vez terminé de comer guardé los elementos en la bolsa en la que el bajista había empacado esta, fue justo en cuando Jungsoo se acercó a mí soltando un pesado suspiro. Su ceño se encontraba fruncido y no lucía conforme, por lo que la curiosidad no tardó en aparecer por mi parte.
—¿Qué te dijeron? —Mi lado chismoso salió a relucir su mejor cara.
Este apoyó su lindo trasero en mis piernas, de modo que rodeé su cintura con mis brazos para sostenerlo con firmeza.
—Después de disculparse, me aseguraron que la situación no volverá a presentarse de nuevo. —No sonaba muy convencido, sus ojos escanearon mi escritorio desordenado para mirarme finalmente a los ojos—. No le prestes atención. En determinado caso que la situación vuelva a repetirse, no dudes en decírmelo a mí, ¿Me lo prometes?
Solté un bufido.
—Puedo arreglármelas por mi cuenta, Soo. No soy un niño. —Al notar que hablaba en serio, asentí a regañadientes—. Bien, te lo prometo.
—Ahora dame un beso. —Estiró sus labios en una trompita adorable.
—Se ha vuelto usted muy exigente, señor Park. —Me acerqué a sus labios con la intención de tentarlo.
—Lo soy cuando se trata de pedirle muestras de afecto a mi esposo, señor Park. —Terminó de acortar la distancia de nuestras bocas.
Sus labios se entreabrieron tentando los míos hacer lo mismo, fue entonces en el instante que su atrevida lengua me robó un par de suspiros, contorneó la forma de mi labio inferior antes de introducirse en mi boca para restregarse contra la mía, mi ingle punzó a la vez que de mis labios escapó un gemido bajo. Al notar que el beso estaba subiendo de tono, me aparté, me costó mucho hacerlo pero lo hice.
—Acabo de comer, Jungsoo, no seas puerco —me quejé mientras me apartaba al recordar aquello.
—No me importa... —Tomó mi nuca para atraerme a su boca, volviendo a besarme, por lo que volví a apartarme a regañadientes.
—Estoy en el trabajo, harás que me despidan. —Una sonrisa divertida se dibujó en esos bonitos labios—. Eres un demonio...
—En la cama me lo dices.
—¡Jungsoo, para! —Alguien golpeteó la mesa mientras se aclaraba la garganta. Era Hal.
Por su expresión no se veía muy conforme con la situación, no era porque aborrecía nuestra relación, en sí las muestras de afecto nunca fueron su punto fuerte, ni tanto recibirlas como verlas. El tipo era tan seco como un desierto.