𝙐𝙣 𝙚𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙤𝙧 𝙨𝙞𝙣 𝙞𝙣𝙨𝙥𝙞𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣.
𝙐𝙣 𝙗𝙖𝙟𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤.
𝙐𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙩𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧𝙖́ 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙞𝙙𝙖𝙨.
La carrera de Yeonsuk Gong está al borde del abismo, y su último intento de salvarla...
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—Ya déjalo. Puedo hacerlo por mi cuenta. —Aparté mi cara del contacto suave que Jungsoo aportaba en mi rostro lastimado mediante el algodón cuyo contenido hacía que la herida de mi labio ardiera como los mil demonios.
—¿Qué demonios fue lo que te susurró en el oído? Estoy seguro de que no fue un halago. —Ignorando mi petición, agarró mi mentón con firmeza para mantener mi rostro quieto—. Seguramente soltó algo deplorable, debí romperle un par de dedos por cada herida y palabra que fue lanzada en tu contra cuando tuve la oportunidad...
Miré la forma que sus ojos brillaban con molestia. Aquellos que me resultaban algo grandes para ser comunes en alguien con genes coreanos, y para atribuir esto, tenía su doble párpado a simple vista natural, algo que muy pocos tenían la dicha de tener al nacer, y era por eso que la cirugía de estos se consideraba común en el país.
Sus facciones me recordaban por alguna extraña razón a un conejo, en especial esos adorables dientes delanteros que se asomaban cada que movía sus labios con las palabras que exponían su dentadura, por lo que fuera que estuviera diciendo el tatuado en ese momento estaba siendo ignorados por mis oídos.
—¿Yeonsuk? —Parpadeé saliendo del absurdo trance en el que me había sumido—. ¿Vas a responderme qué está pasando por tu cabeza hoy? Estás ausente...
Pestañeé varias veces en respuesta. Miles de escenarios vinieron a mi mente que podrían ir en una buena historia cuyas tramas tendrían el poder de tenerme frente a mi computadora escribiendo por horas o incluso días. Lo más irónico de la situación, era que eso se produjo con mirar los ojos de aquella persona que tenía frente a mí, cuyo secreto podría ponerme en peligro en caso de que él se diera cuenta de que yo lo sabía.
—¿Yeonsuk?
—Nada. No es nada, solo tengo muchas cosas en mi cabeza. —Volví apartar mi rostro de su contacto, esa vez, él no insistió—. ¿Ya acabaste?
—Sí. —Bajé de la mesa de su camerino para quitar inútilmente las arrugas de mi camisa a la vez que le daba una mirada fugaz al armario.
Silencio.
Me mantuve callado mientras Jungsoo se deshacía de lo que utilizó para curarme, mordisqueé mi labio de manera distraída ignorando el dolor en este y la incertidumbre por saber lo que pasaría después con mi estadía en el club, aumentó mi ansiedad.
Me faltaba una semana para que el "contrato" con Hal terminara, pero debido a todos los sucesos que había ocurrido esa noche, dudé siquiera en poder completarla.
—Me van a despedir —dije en voz alta, cuando volvió aparecer en mi campo de visión. Una duda que salió más a una afirmación que una pregunta.
Jungsoo no dijo nada por los siguientes veinte segundos, algo que no me dio buena señal.
—No. Aún no estás despedido, estoy intentando convencer a Hal de qué...