Capítulo 24

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Para los días que continuaron, empecé a escribir historias cortas sin fines de lucro, sin un rumbo fijo, sin un propósito, esto con la intención de reactivar mi creatividad, obligando a mi cerebro perezoso a trabajar lo que no había hecho desde qu...

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Para los días que continuaron, empecé a escribir historias cortas sin fines de lucro, sin un rumbo fijo, sin un propósito, esto con la intención de reactivar mi creatividad, obligando a mi cerebro perezoso a trabajar lo que no había hecho desde que llegué a Northesden. Obligaba a mi cuerpo a mantenerse frente a la computadora y ponía música en aleatorio con la esperanza a que esta me ayudase a no perder la concentración. Cuando sentía que iba a tener un colapso, Jungsoo con complejo de superhéroe arrastraba mi culo fuera de la casa arrendada con el fin de distraerme, y esa noche, no fue la excepción. 

Incliné la silla a la vez que bajaba la ventanilla del lado de mi asiento, a ese punto me sentía agotado, pero no quería rendirme, porque aún tenía fe en mí mismo cuando mis inseguridades me aseguraban lo contrario. El nudo en mi garganta quemaba mis cuerdas vocales, por lo que no podía responder a las ocasionales preguntas que Jungsoo me hacía con respecto sobre si debíamos comprar comida para llevar. Me limité en contestar con gestos con la cabeza y en el momento que abrí los ojos, noté que nos encontrábamos de nuevo en el mirador. Bajamos de la camioneta de Tyler, el bajista se la había prestado mientras su motocicleta recibía algunos cambios. 

Una vez fuera, me acerqué a la orilla del abismo sacando el vape a la vez que el híbrido sacaba las bolsas para ponerla en la zona de atrás de la camioneta; este tuvo la curiosa idea de hacer un pícnic entretanto apreciábamos el atardecer desde el lugar que estábamos. 

—¿Te sientes mejor? —Lo escuché preguntar detrás de mí. 

Dejé salir el vapor que contenía en mi boca sintiendo la poca nicotina entrar a mi sistema y hacer efecto. 

—Sí, Park. Gracias por venir a mi llamado. —Le miré de reojo cuando apareció junto a mí. Este se encogió de hombros en respuesta. 

El hecho que haya suspendido sus actividades me hacía sentir avergonzado, ya que no me gustaba ser una molestia o una carga para los demás, sobre todo cuando se trataba de mis problemas de salud mental. El cielo ese instante era precioso, las nubes lucían como si hubieran sido punzadas por un pincel cuyo artista plasmó perfectamente su mensaje en aquella maravillosa vista, ¿Cuál era? Sencillo. Vivir. Ese era reflexión, en donde en cada color que se mezclaban entre sí, traía consigo una autorreflexión en la que el espectador se daba cuenta de muchas cosas, en especial una. 

 Mierda. 

Estaba vivo, todo ese mundo que me rodeaba existía, yo. Un simple humano conformaba la existencia del ahora en una de los billones de galaxias existentes y eso traía una sensación extraña que no podía describirla con palabras, una sensación de consciencia que traía rara paz a este idiota que por un momento deseó no vivir más. 

—¿Qué estás pensando? —quiso saber. 

Tomando una calada de vapor del aparato miré su perfil esta vez, para cuando su rostro giró a mi dirección dejé salir el humo, en respuesta, este frunció el ceño. Su rostro atractivo se arrugó en una mueca de disgusto. 

EN DISTINTA SINFONÍAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora