𝙐𝙣 𝙚𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙤𝙧 𝙨𝙞𝙣 𝙞𝙣𝙨𝙥𝙞𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣.
𝙐𝙣 𝙗𝙖𝙟𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤.
𝙐𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙩𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧𝙖́ 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙞𝙙𝙖𝙨.
La carrera de Yeonsuk Gong está al borde del abismo, y su último intento de salvarla...
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Reconocí la entrada principal de mi casa, la pintura desgastada de las paredes color blanca y el jardín cuyas flores muertas aún permanecían en sus lugares desde la última vez que mamá las había regado. El ambiente extraño y apagado, acompañado al lejano aroma de comida precalentada que venía de la casa vecina, me motivó a intentar tragar el nudo que se estaba formando en mi garganta. Mi vista bajó a mis zapatos, distinguí mi uniforme de preparatoria, el nombre "Gong Yeonsuk" impreso en una pequeña tarjeta de metal sujeta en el costado de mi camisa hizo que mi malestar se intensificara con el pasar de los segundos, sobre todo al notar los moretones en mis brazos, no recordaba exactamente si eran producto de mis enfrentamientos con los bravucones de mi escuela o las palizas de mi padre, ambas tal vez.
Caminé hasta la puerta principal y por cada paso que daba sentía que cada nervio de mi cuerpo se contraía trayendo dolor a mis extremidades amoratadas, en el momento que tomé el picaporte un fuerte estruendo sonó al otro lado de esta. Me apresuré a entrar y busqué lo que había provocado ese ruido, era papá como era de esperar. Tenía amordazado a mi hermano mayor mientras le azotaba fuertemente con una de sus correas, corrí hacía él y me metí en medio de ambos en un intento inútil de cubrir a mi hermano con mi cuerpo, los ojos de mi padre estaban desorbitados y lucía más pálido de lo normal; desde que mamá murió algo dentro de él falleció con ella y aunque tuvimos la esperanza de que nuestro padre volvería ser el mismo, nos equivocamos, nada volvió a la normalidad desde su partida.
Se convirtió en un monstruo.
—¡Tienes que parar! —Me negué a llorar cuando los azotes fueron en mi contra con una fuerza desgarradora.
Mi piel ardió con tanta intensidad que estaba seguro de que los moretones que ya tenía en mi piel empeorarían.
—Los demonios se han apoderado de mis hijos, la crucifixión liberará sus almas del pecado al que fueron sometidos. —Mi corazón dio un vuelco ante sus palabras.
—¿Qué estás diciendo? ¿Papá? —Un fuerte golpe en mi cabeza hizo que puntos blancos aparecieran en mi campo de visión antes de que perdiera la conciencia.
Sentí que pasó solo unos cuantos segundos antes de que volviera a estar consciente de lo que sucedía a mi alrededor, mi cabeza palpitaba y por más que intenté mover mis extremidades me fue una tarea casi imposible al principio. Mi visión tardó unos momentos en enfocarse y al hacerlo noté que me encontraba en el patio trasero de la casa. Lo supe cuando el césped seco chuzó mi piel expuesta, a algunos metros estaba mi padre inclinado hacia adelante dando la espalda a mi dirección. Me levanté con dificultad y caminé hacia él, al acercarme me di cuenta de que Daehyun se hallaba atado a una cruz de madera semidesnudo y tenía la boca cubierta por algún tipo de calcetín, estaba convencido de que seguramente mi padre lo había construido desde días antes y este estaba listo para clavarlo en ella por lo que el rostro magullado de mi hermano mostró una expresión de horror.
Busqué a mis costados con frenesí encontrando una roca a pocos pasos de donde me encontraba, agarré esta y golpeé la cabeza de mi padre, no lo suficientemente fuerte para noquearlo, pero sí para llamar su atención. Sus ojos desorbitados se encontraron con los míos, dejó lo que hacía y se abalanzó a mí sin siquiera darme la oportunidad de escapar, rodeó mi cuello con sus manos y apretó este con fuerza.