Capítulo 30

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Los entrenamientos estaban yendo bastante bien; había aprendido a usar algunas armas que eran especiales para crear heridas letales a aquellos seres que no fueran humanos, y aunque al principio me costó como el demonio utilizarlas, la práctica me ...

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Los entrenamientos estaban yendo bastante bien; había aprendido a usar algunas armas que eran especiales para crear heridas letales a aquellos seres que no fueran humanos, y aunque al principio me costó como el demonio utilizarlas, la práctica me ayudó a ser aceptable, no iba a negarlo, hubo momentos en los que quería rendirme por mi poca paciencia, luego, mi mirada buscaba de forma inconsciente a Jungsoo que se encontraba a poca distancia asistiendo a mi entrenamiento, gastando sus pocas horas libres en mí, animándome a la distancia mientras bebía de su rutinaria leche de banano, —su bebida favorita—, a simple vista parecía un niño con ropa holgada oscura bebiendo un biberón, de forma inevitable me recordaba una canción en específico, Blue Sky de The Night of Seokyo irradiando ternura, pero cuando la noche llegaba. Aquel adorable hombre se transformaba en un Fuckboy luciéndose en dicho escenario con ropa que moldeaba a la perfección su esbelta figura. 

La sola imagen mental me hacía babear como tonto. 

Esa noche iba a ser diferente, ya que la banda tocaría en Yankton, de modo que estos se fueron el día anterior junto a Hal, por lo que el bar estuvo cerrado ese fin de semana, aproveché tomando a Petro como costumbre, llené el tanque antes de ponerme en marcha para prevenir un posible incidente de quedarme sin combustible. Empaqué un cambio de ropa y un par de bocadillos para comer en el camino, había logrado obtener la dirección secretamente con Hal, por lo que el plan era darle una sorpresa a Jungsoo en esa presentación, ya que era su cumpleaños. 

Por algún motivo, después de salir del pueblo la carretera me resultó extrañamente solitaria, solo podía apreciar los faros de luz tanto de la parte delantera como trasera, no había autos en el lado contrario, algo extraño, pues era una vía principal y casi siempre era transitada. Varios minutos después, el motor del auto se apagó. 

—¿Pero qué demonios? —giré las llaves e intenté encenderlo de nuevo, por más que el motor intentase encender emitiendo ese molesto sonido, el auto no daba llanta para desinflar—. Vamos, Petro, Mi vida, tenemos que movernos o te chocarán el culo. 

El mencionado siguió sin responder, era como si hubiera pasado finalmente al más allá, algo extraño porque lo usé esa mañana y no había tenido ningún inconveniente, la batería como el aceite estaban casi nuevos y le eché gas antes de salir del pueblo. Entonces, ¿Cuál podría ser el problema? Miré con nerviosismo hacia atrás, temiendo que otro auto me golpeara en ese momento, pero de nuevo me llevé la sorpresa que la carretera seguía vacía. Parecía que estuviera presenciando una escena de ficción en la que solo yo era el único ser humano que yacía con vida en el planeta, y para ser honesto, mi culo homosexual no estaba listo para tener otra vivencia extraordinaria. 

Cuando pensé que la soledad de las carreteras solo eran algo que podría tener una explicación lógica, me di cuenta de que estaba equivocado. Eso era solo el principio. Las luces de los faroles poco a poco empezaron apagarse, una a una, fui engullido por una oscuridad absoluta, tragando saliva, le puse seguro a las cuatro puertas de manera manual, y mientras hacía eso, escuché un fuerte aleteo, como si grandes pájaros volaran encima del auto. Me incliné a la silla del copiloto y de su compartimento extraje una pistola. 

EN DISTINTA SINFONÍAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora