𝙐𝙣 𝙚𝙨𝙘𝙧𝙞𝙩𝙤𝙧 𝙨𝙞𝙣 𝙞𝙣𝙨𝙥𝙞𝙧𝙖𝙘𝙞𝙤́𝙣.
𝙐𝙣 𝙗𝙖𝙟𝙞𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤.
𝙐𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙩𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙘𝙖𝙢𝙗𝙞𝙖𝙧𝙖́ 𝙨𝙪𝙨 𝙫𝙞𝙙𝙖𝙨.
La carrera de Yeonsuk Gong está al borde del abismo, y su último intento de salvarla...
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Todos observaban la reacción de Jungsoo Park, incluyendo a Hal. Al parecer ellos asumían en ese momento al tatuado como un líder, cuál tomaría una acción importante y, no iba a negarlo, mis nervios opacaron mi dolor físico; me sentí tan intimidado por su mirada que por primera vez en toda mi vida, tuve la gran necesidad de apartarla. Algo poco común en mí, ya que siempre he sido el tipo de persona que jamás cortaba el contacto visual sin importar en qué situación estuviera.
Pero en caso de Jungsoo era diferente, o al menos en ese momento. Ese hombre sobrenatural, estaba vistiendo una camisa negra que abrazaba sus bíceps. Sus pantalones entubados eran del mismo tono, y se sujetaban de sus caderas, marcando sus muslos trabajados, y, cuyas mangas, desaparecían en el interior de sus infaltables botas militares de la misma gama de color. Se había cortado el cabello un poco, de modo que los mechones de su flequillo caían en sus sienes.
Se hallaba apoyado en el lumbar de la puerta, cruzados de brazos; con su brazo tatuado por encima del otro. Aprecié las numerosas formas geométricas en su piel con simbología que solo él sabría su significado, lo que más llamó la atención, era que llevaba puesto el colgante de ancla y brújula que usó cuando nos conocimos y el simple recuerdo me hizo sonreír para mis adentros.
—No vayas a ser tan duro con tu novio, Park —Tyler rompió el silencio, ganándose una mirada cargada de reproche de todos los presentes, a excepción de Jungsoo, quien aún tenía su vista clavada en mi persona.
Aún continuaba mirándome con esa intensidad que solo él era capaz de hacerlo, sus ojos analizaron primero mi rostro, y por un instante, descendieron a mi vendaje. Fue cuando noté la tensión en sus hombros y la manera que apretaba sus manos en forma de puños.
—Necesito que me dejen a solas con él —finalmente dictó, los presentes no tardaron en acatar su orden, siendo Hal el último en abandonar la habitación en donde nos encontrábamos, lo hizo después de dedicarnos una mirada rara antes de cerrar la puerta detrás de sí.
Fue entonces cuando me di cuenta de algo muy importante, el lugar donde nos encontrábamos no era nuestra casa, no era un cuarto de hospital ni mucho menos aparentaba ser algún camerino de Baslam, ¿Dónde estábamos entonces? Parecía ser una habitación de algún miembro de nuestros amigos debido a la decoración de esta, había pósteres de bandas antiguas como un gran librero en la esquina del cuarto, toda la decoración era en colores gris, blanco y negro. Volví mi mirada al híbrido en el momento que este se sentó a mi lado, soltando un suspiro fuerte, mantuvo su vista fija en un punto fijo, aparentaba estar sumido en sus pensamientos, como si intentase ordenar sus ideas o las palabras que quería decirme.
Algo que me puso más nervioso de lo que ya me encontraba.
Tragué saliva apartando mi mirada para quitar una inexistente pelusa de mi pantalón de pijama, porque sí, al parecer alguien se había asegurado de cambiarme a algo más cómodo.
—Me imagino que vas a regañarme por lo que hice, ¿No es así? —murmuré.
Este deslizó su mano de su regazo hasta tomar la mía, con su pulgar acarició mis nudillos, solo entonces noté que los suyos tenían costras de sangre seca.