Al siguiente año entré a la primaria, a la escuela María Monrroy, la escuela de gobierno. Me tocó la maestra Gloria. La escuela me parecía enorme, sobre todo después de haber estado primero en el kínder y luego en la escuelita particular. Tenía pasillos techados, columnas y, en medio, un patio donde nos formábamos para los honores a la bandera y donde jugábamos en el recreo, que era lo que más me gustaba.
El billete en la basura
En la parte de atrás de la escuela había una huerta con algunos árboles frutales. Al fondo estaban las letrinas y los tambos donde se depositaba la basura. El primer día de recreo me aventuré a inspeccionar la escuela y llegué hasta los depósitos. Me asomé para ver su contenido: papeles arrugados, restos de madera de lápices... y de pronto, mi sorpresa fue enorme: allí, entre la basura, estaba un billete de un peso.
Para una niña de siete años, aquello era una fortuna. Llenándome de emoción y temor de que alguien me viera y reclamara: "Ese billete es mío", lo tomé y corrí a buscar a mi hermana Luz.
—¡Mira lo que me encontré! —le dije. —¡Es un peso! ¿Dónde lo hallaste? —En el bote de la basura. ¿Qué hago, se lo llevamos a la directora? —No seas mensa, es tuyo, tú te lo encontraste. Vente, vamos a gastar.
Nos fuimos a la tiendita de la escuela. Creo que fue la única vez que gastamos dinero en el recreo, porque casi nunca nos daban. Con ese peso compramos varias golosinas, lo que nos alcanzó, y guardamos el secreto como tantos otros que compartimos mi hermana y yo.
Colegio
Volviendo a mis días de escuela, mi mamá —no sé cómo le hizo— nos inscribió en la escuela particular Colegio América. Allí estudiaban las niñas más acomodadas y también las más humildes, gracias a las becas que otorgaban. Era un colegio católico exclusivo para niñas, dirigido por Sor Rosalinda. Tenía párvulo, primaria, secundaria y normal, aunque la educación dejaba mucho que desear.
El primer día de clases me presenté con mi uniforme nuevo: blusa blanca de manga larga, similar a las camisas de hombre, falda azul marino, zapatos negros y tobilleras blancas. Me sentía orgullosa de llevarlo, aunque al mismo tiempo un poco nerviosa por entrar a un colegio distinto, rodeada de niñas que parecían tan seguras de sí mismas. El uniforme, impecable y recién estrenado, era como una carta de presentación: mostraba disciplina y pertenencia, aunque detrás de esa apariencia había la inquietud de una niña que apenas comenzaba a descubrir un mundo nuevo.
Entré a segundo grado con la maestra Chela; más o menos logramos salir adelante ese año. En tercero me tocó la maestra Toñita: muy bonita, pero casi no nos enseñaba nada, se la pasaba tejiendo suéteres y bufandas mientras nosotras hacíamos lo que queríamos. En cuarto grado me tocó la maestra Carmen, y esa sí estuvo peor: creo que no sabía nada. Nos ponía operaciones, íbamos a que nos calificara y a todas nos ponía bien. Nosotras, muy abusadas, pronto nos dimos cuenta de eso y ya ni nos preocupábamos por esforzarnos; escribíamos cualquier resultado y siempre salíamos bien. Así era en todas las materias: un fiasco.
Lo único en lo que sí estábamos al día era en las clases de religión. Cuando llegaban los inspectores, la maestra encerraba los catecismos y libros bajo llave, porque la escuela estaba incorporada a la Secretaría de Educación y, por lo tanto, debía ser laica. Se prohibía impartir religión, aunque en realidad era lo único que nos enseñaban con rigor.
Navidad en el Colegio América
Antes de seguir, quiero contarles que en el colegio me la pasé bien, y lo que más recuerdo fue la Navidad. Cuando empezaban las posadas, nos formaban en filas en el patio de la escuela y la madre directora guiaba el rosario. Eso era lo aburrido, pero entre cada misterio cantábamos villancicos y así despertábamos. Al terminar los cinco misterios, nos formábamos de dos en dos, nos daban una vela a cada quien, y caminábamos alrededor de la plaza hasta llegar al santuario de Guadalupe, cantando la letanía: "Madre del Salvador, ora pro nobis..."
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Pasajes de mi infancia
Non-FictionIntroducción: Pasajes de mi infancia: Tipo de historia (versión literaria): "Esta es una obra de memorias, un viaje autobiográfico que se adentra en la vida cotidiana de un pueblo mexicano en los años cincuenta. Su género es narrativo y costumbris...
