"Malas noticias"
Empezaba el año de 1963. Un día mi papá llegó del trabajo cabizbajo, con el rostro preocupado. Mi mamá lo miró y le preguntó: —¿Qué tienes? ¿Por qué traes esa cara tan larga? ¿Quién se murió? —No, no se murió nadie —respondió él—. Lo que pasa es que hubo una junta en el trabajo y nos dijeron que la producción de la mina ya se estaba terminando.
Mi mamá, asombrada, insistió: —¿Ya se va a acabar la mina? —Pos eso nos dijeron. Dicen que van a empezar a liquidar gente hasta que se termine la última producción. —¿Y para cuándo será eso? —Pos no sé, dijeron que pronto. Pero vente, vamos a cenar, hay que esperar a ver qué pasa.
Y nos fuimos a cenar.
La siguiente semana mi papá le dijo a mi mamá: —Ya liquidaron a los primeros... —y mencionó los nombres de los despedidos—. Al menos el sindicato está peleando para que nos den lo que nos corresponde.
Pasaron los meses y seguían liquidando gente, pues eran muchísimos trabajadores. Entonces, mi papá y mi mamá empezaron a planear lo que harían cuando le tocara su liquidación. Acordaron que, llegado el momento, nos iríamos a vivir a la Ciudad de Guadalajara.
Reflexión:
Este episodio marca el inicio de un cambio profundo: la migración del campo a la ciudad. La mina, fuente de sustento, se agotaba, y con ella se desmoronaba la seguridad de muchas familias. La decisión de mudarse a Guadalajara no fue solo un plan económico, sino también un salto hacia lo desconocido, hacia la vida urbana que prometía oportunidades, pero también desafíos.
"El viaje"
En ese tiempo mis hermanas y yo ya trabajábamos de tiempo completo, aunque nos pagaban una miseria. Éramos nueve hermanos, y mi papá seguía esperando su liquidación.
Un día, Tacha —una amiga de mi mamá que trabajaba en Guadalajara— vino de visita. Platicando, salió el tema de nuestros trabajos y ella preguntó: —¿Cuánto ganan?
Mi mamá le dijo los míseros sueldos que recibíamos. Tacha exclamó: —¡Uy no, les pagan bien poquito! ¿Por qué no las dejas venir conmigo? En la casa donde yo trabajo ocupan una recamarera y le pagan ciento cincuenta pesos al mes. Ahí puedo acomodar a la más chica. En cuanto a las grandes, las puedo colocar en otras casas, a ellas les pagarían doscientos cincuenta pesos cada una.
Mi mamá abrió los ojos como platos. Hizo cuentas mentalmente y pensó: "Seiscientos cincuenta pesos... nunca en mi vida he visto esa cantidad de dinero junta." No lo pensó más y exclamó: —¡Sí se van!
Tacha le comentó: —¿Tú crees que Zacarías las deje ir? —De eso me encargo yo —respondió mi mamá.
—Bueno, pues entonces mañana nos vemos en la central camionera, para irnos en el camión de las cinco de la tarde, para no llegar tan noche a Guadalajara. —Está bien, allá te las llevo.
Cuando Tacha se fue, mi mamá nos ordenó a mis dos hermanas y a mí: —Vayan a la tienda y compren un cartón cada una para poner su ropa, porque se van a trabajar a Guadalajara.
Nosotras exclamamos al mismo tiempo: —¡¡¡Qué!!! —Sí, allá les van a pagar más, y yo tengo muchas drogas (deudas). —¿Y yo qué culpa tengo? —le dije con coraje. —¡Cállate, si no quieres que te meta una cachetiza! —Uy, y todavía le pegan a uno...
Nos dio dinero para los cartones. Mi hermana Luz le dijo: —Yo no me voy a ir. —¡Ah, ¡cómo de que no te vas a ir! Aquí se hace lo que yo digo, y te vas porque te vas.
Ya que no teníamos otra cosa de qué hablar, fuimos a la tienda a comprar el cartón y la hilaza para amarrarlo. Sacamos la poca ropa que teníamos, la metimos en el cartón y todavía guardábamos la esperanza de que mi papá no diera el permiso.
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Pasajes de mi infancia
Non-FictionIntroducción: Pasajes de mi infancia: Tipo de historia (versión literaria): "Esta es una obra de memorias, un viaje autobiográfico que se adentra en la vida cotidiana de un pueblo mexicano en los años cincuenta. Su género es narrativo y costumbris...
