Carnaval
Días antes de que empezara el carnaval, el pueblo se llenaba de carteles anunciando los diferentes eventos que habría. Entre ellos destacaban los grandes anuncios de las corridas de toros, con los nombres de los toreros famosos que atraían a quienes disfrutaban de ese espectáculo.
El sábado, víspera del carnaval, el pueblo se vestía de alegría y color. Por la tarde se celebraba la tradicional quema del mal humor. Cuatro hombres cargaban un ataúd de cartón, dentro del cual iba un muñeco de tela con máscara de alguna figura pública, casi siempre un político corrupto. El cortejo era seguido por hombres disfrazados de mujer, con pelucas y la cara pintada de colores.
La gente acompañaba la procesión al ritmo de la chirimía, recorriendo varias calles hasta llegar a la plaza, frente a la presidencia municipal. Allí dejaban el ataúd en el suelo, lo rociaban con gasolina y le prendían fuego. Las personas gritaban y daban vueltas en círculo alrededor de la fogata, hasta que solo quedaban cenizas.
Enseguida de la quema del mal humor venía la coronación de la reina, previamente elegida por el pueblo. Con ese acto quedaba oficialmente inaugurado el carnaval.
El desfile del domingo
El domingo comenzaba la festividad con un gran desfile. En un carro alegórico, adornado con esmero, iba la reina sentada en su trono, acompañada de sus dos princesas. Le seguía la mojiganga: enormes muñecas de ojos saltones, largas pestañas, mejillas encendidas y bocas muy rojas, vestidas con trajes coloridos que arrancaban sonrisas a todos.
El desfile recorría las calles principales del pueblo, seguido por los niños y la banda de música que tocaba alegremente. En otro carro alegórico iba sentado el rey feo, elegido entre los hombres más feos del pueblo, lo que provocaba carcajadas y bromas entre la gente.
Toda la comitiva avanzaba hasta la plaza de toros, donde se celebraba el tradicional toro de once, un evento gratuito que reunía a los curiosos. Después regresaban al centro del pueblo, a la plaza, que ya había sido transformada en un gran salón de baile. Se colocaban lonas para proteger a la gente del sol, y a esa hora el lugar estaba lleno de personas esperando la llegada de los personajes. A ese evento se le llama el recibimiento, y con él daba comienzo el convite, la verdadera fiesta del carnaval.
El recibimiento y el convite
La banda de música tocaba una melodía especial para anunciar la entrada de todos los personajes. La gente los recibía con silbatos, cornetas de juguete, serpentinas y confeti. Primero entraba la reina con sus princesas, seguidas por el rey feo. Una vez instalados en los lugares de honor, comenzaba la fiesta. El baile lo amenizaba el conjunto musical de los hermanos Olmos, encargados de tocar la música de moda de aquellos años.
Mientras las parejas bailaban al compás de la música, los niños jugábamos alrededor de los bailadores. Pasado un tiempo repartían comida y bebidas, todo completamente gratis. Era una fiesta para toda la familia, que se prolongaba hasta las tres de la tarde.
Al terminar el recibimiento, la gente regresaba a sus casas. Los aficionados a las corridas de toros se dirigían a la plaza para ver a sus toreros preferidos.
Por la noche, los jóvenes daban vueltas en la plaza. Los muchachos empezaban a cortejar a las chicas que les gustaban, poniéndoles confeti en la cabeza o rompiéndoles huevos pintados de colores rellenos de confeti. Entonces pedían: —¿Me regala una vuelta?
Si la joven aceptaba, la acompañaban alrededor de la plaza y aprovechaban para declararse y pedirles que fueran sus novias.
El carnaval duraba tres días: domingo, lunes y martes. Las festividades se repetían cada día, aunque la mojiganga solo aparecía el primer día.
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Pasajes de mi infancia
Non-FictionIntroducción: Pasajes de mi infancia: Tipo de historia (versión literaria): "Esta es una obra de memorias, un viaje autobiográfico que se adentra en la vida cotidiana de un pueblo mexicano en los años cincuenta. Su género es narrativo y costumbris...
