Parte/XXXV Leyendas.

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Juan Minero

"La lámpara en el cerro"

En mi pueblo, como en todos, no faltan las leyendas. La más conocida es la de Juan Minero.

Juan trabajaba en la mina del rancho El Amparo. Un día, al regresar, la troca donde venían se volteó y se desbarrancó. Hubo varios heridos, pero solo Juan murió. Desde entonces se dice que su lámpara se aparece en el cerro para avisar de peligros.

Todas las noches, al oscurecer, se ve una luz en el cerro. Yo la vi. Muchos han ido a buscarla, pero cuando ya casi la alcanzan, desaparece y aparece en otro lugar. Los chóferes, al verla, se detenían pensando que alguien les hacía señales. Al bajar no encontraban a nadie, pero sí descubrían piedras o algo que ponía en riesgo su camino.

Así nació la leyenda de Juan Minero: el hombre que, aun muerto, avisa de los peligros en el camino.

La Llorona

"El grito en la noche"

Una noche, mi hermana Luz y yo olvidamos cocer el nixtamal. Al regresar de jugar lo pusimos en la estufa de leña y nos envolvimos en una cobija para velarlo. El frío nos vencía y casi nos dormíamos cuando de repente escuchamos un grito aterrador, como salido de debajo de la tierra: —¡¡¡Ayyy misss hijoooss!!!

Nos quedamos con los ojos muy abiertos. Los gritos se fueron alejando. Los perros aullaban, las gallinas cacareaban. Corrimos a la pieza. Mi mamá despertó y nos dijo: —Acuéstense, yo voy a ver el nixtamal.

Al día siguiente los vecinos comentaban: —Anoche se oyó la Llorona, ¿la escucharon? —Nosotras sí la escuchamos.

Fue una anécdota espeluznante. Quizá no oímos claramente "ay mis hijos", pero el grito aterrador sí que lo escuchamos.

"El tesoro del cerro"

En el pueblo vivía don Teodosio Mendoza, el prestamista. Se decía que su fortuna venía de una estatua en el cerro: un hombre parado, apuntando con el dedo índice hacia adelante, con un letrero que decía que en esa dirección estaba enterrado un tesoro.

Muchos fueron a escarbar, pero nunca encontraron nada. Regresaban tristes y sin dinero.

Un día, Teodosio fue con varios ayudantes. Escarbó y no halló nada. Furioso, gritó: —¡Estatua hija de la chingada! ¡Ya no vas a engañar a nadie!

Le puso dinamita y la explotó. Debajo estaba el dinero. Había una carta que decía: —Yo apunto con un dedo, pero yo me apunto con cuatro, y ahí está el tesoro.

Así fue como Teodosio se volvió rico. Se convirtió en el agiotista del pueblo, cobrando altos intereses. Mi mamá ayudó a que se hiciera más rico, pues estaba endeudada con él hasta el cuello.

"El cuarto prohibido"

Se decía que una familia inmensamente rica del pueblo debía su fortuna a un pacto con el diablo. Vivían en una casa grande, con muchas habitaciones y sirvientes.

Yo llegué a entrar a esa casa porque una niña que vivía allí era mi compañera de escuela. La cocina era blanca, con estufa de gas, refrigerador y comedor. La niña me preguntó: —¿Quieres un sándwich? —Yo me quede pensando qué será eso, pero inmediatamente caí en la cuenta ¡Ah, un sanguis! Sí quiero, gracias.

La muchacha que ayudaba nos preparó uno y nos dio agua fresca de limón con chía.

La leyenda decía que los sirvientes podían entrar a todos los cuartos menos a uno, siempre cerrado con llave. Un sirviente curioso, una noche, abrió la puerta con una herramienta. Al encender la luz vio al señor sentado en medio del cuarto: cuerpo de toro y cabeza humana.

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