Mi prima Adelina
"El charco"
Vivíamos en las afueras del pueblo, donde había muchos terrenos baldíos. Allí las personas con poco dinero construían sus casitas de adobe.
Un día, al regresar de la escuela, íbamos varios niños, entre ellos mi prima Adelina y mi hermana Luz. Pasamos por un baldío donde había un gran charco lleno de agua por la lluvia de la noche anterior. Adelina, sin pensarlo, dejó sus útiles en el suelo y se lanzó al pozo vestida, con zapatos y ropa. Nos gritó: —¡Joto el que no se meta!
Para no ser Jota, nos metimos Luz y yo igual que ella. Adelina era más alta, el agua le llegaba al pecho. Yo, más baja, sentí cómo mis pies se hundían en el lodo y poco a poco me fui sumiendo hasta quedar completamente hundida. No sabía nadar. Empecé a tomar agua y pensé que me iba a morir.
En ese momento pasó mi tío Pedro. Al verme, rápidamente me sacó del pozo y me golpeó la espalda para que expulsara el agua. Yo sacaba agua por la boca, la nariz y hasta las orejas. Fue un cuadro aterrador.
Mi hermana Chuy corrió a avisar a mi mamá. Ella ya iba lista con el fajo, pero al vernos llenas de lodo le dio un ataque de risa. Después agradeció a Dios que mi tío me hubiera salvado. Cuando se le pasó la emoción, le entró el coraje: primero nos pegó, luego nos bañó, y finalmente nos puso a lavar la ropa. Nos ordenó: —¡Y quiero la blusa y las tobilleras blanquísimas!
Creo que esa ropa nunca volvió a quedar tan blanca como antes de lanzarnos al pozo. Por supuesto, la más regañada fue mi prima Adelina, porque ella era la mayor y la que nos hostigó a meternos.
La boda de mi primo Miguel
"El viaje en tren"
A mi tío Jesús lo mandaron a trabajar a Sayula. Miguel, el mayor de sus hijos, se iba a casar. Un día nos llegó la invitación. No sé cómo le hicieron mis papás para pagar el pasaje del tren, pero la cosa es que todos fuimos a la boda. En ese tiempo éramos más poquitos de familia.
La aventura comenzó el sábado. Mi primo se casaba el domingo. Nos levantaron muy temprano, porque el tren pasaba a las seis de la mañana. Como nunca nos habíamos subido a un tren, estábamos emocionados. Mi mamá nos puso en un cartón la ropa que íbamos a vestir en la boda.
Salimos de la casa, pero mi mamá se regresó dos veces porque se le olvidaba algo. Por fin llegamos a la estación. Allí nos esperaban mi bisabuela, mis abuelos, unas tías y primos. Esperamos un ratito más, hasta que oímos el pitido del tren.
Yo temblaba de emoción. Se me hizo eterno el tiempo de espera. Por fin llegó el tren, se detuvo, nos subimos y todos nos sentamos en un vagón. Yo me acomodé junto a la ventanilla para ir viendo el paisaje.
"El festín de Sayula"
Cuando los pasajeros terminaron de subir, el tren empezó a caminar. Los niños más chiquitos se quedaron dormidos con el chu cu, chu cu del tren. Yo no me dormí: quería grabarme todo lo que íbamos pasando.
Llegamos a un ranchito llamado La Estancita. Se subió una señora vendiendo tamales de leche. Mi abuela nos compró y estaban buenísimos. En otro ranchito se subieron unos mariacheros. No eran muy buenos, pero nosotros aplaudíamos y mi mamá y una tía cantaban.
Así fue pasando el tiempo. Entre pueblo y pueblo se subían vendedores de comida. Por fin llegamos a Sayula. Todos los niños nos agarramos de la mano para que ninguno se quedara en el tren.
En el campamento nos recibieron mis tíos. Las señoras enseguida se pusieron a ayudar: ya habían matado muchos pollos, los metían en agua hirviendo y los desplumaban. Una tía torteaba, otra nos daba de comer a los chiquillos.
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Pasajes de mi infancia
No FicciónIntroducción: Pasajes de mi infancia: Tipo de historia (versión literaria): "Esta es una obra de memorias, un viaje autobiográfico que se adentra en la vida cotidiana de un pueblo mexicano en los años cincuenta. Su género es narrativo y costumbris...
