Fiestas familiares.
Cuando aprendí a leer mi mamá me inscribió a la doctrina: era tiempo de prepararme para la primera comunión. Éramos un grupo grande de niños, separados en filas de niñas y de niños. Las clases eran muy divertidas porque se aprendía cantando.
Comenzábamos con el Padre Nuestro: Padre nuestrooooo que estás en el cieeeeelo...
La maestra preguntaba y nosotros respondíamos con voz cantarina:
—¿El Padre es Dios? —¡Sí, el Padre es Dios! —¿El Hijo es Dios? —¡Sí, el Hijo es Dios! —¿El Espíritu Santo es Dios? —¡Sí, el Espíritu Santo es Dios!
Así, entre preguntas y respuestas, aprendíamos el catecismo hasta memorizarlo.
La elección de mi madrina
Cuando ya sabía rezar, mi mamá me preguntó: —Hija, ¿quién quieres que sea tu madrina?
—Quiero que sea Teresa Ponce.
Ella me dio varias alternativas, pero yo insistí en que fuera esa señora. Al final, no le quedó más remedio que aceptar mi petición.
No era que le tuviera mala voluntad a Teresa, todo lo contrario. Era una mujer bonita y sufrida, prisionera en su propia casa. Sus carceleros eran su marido y su suegra, mi tía Celestina.
Mi mamá se asustó un poco cuando le dije que quería a Teresa como madrina, pues ya sabía cómo eran los verdugos de la pobre mujer. Pero al final se arriesgó y fuimos a hablar con ellos. Escogimos un día en que estaban tanto la tía como el esposo.
—¡Pásenle! Qué milagro que vienen —nos recibieron con alegría. —Aquí vinimos de pasadita —respondió mi mamá. —Pero pasen, tomen asiento.
Teresa, rápida, fue a la cocina y nos trajo un vaso de agua fresca de frutas con unas galletitas.
—¡Ay, Tere, no te hubieras molestado! —No es molestia, con este calorcito apenas les va a caer bien.
Después de tomar un trago largo de agua, mi mamá abordó el tema...
—Pues no me agradezcan la visita, vinimos a pedirles un favor... más bien a ti, Tere.
—Dime, Concha, ¿en qué te puedo servir?
—Pues a mí en nada, es Rosa la que quiere decirte algo.
Me puse toda colorada, porque nunca ha sido mi fuerte hablar en público, aunque fuera un público tan pequeño.
—¿Qué me quieres decir, Rosita? —me preguntó con esa ternura que siempre me mostraba, y quizá por eso la había escogido.
Yo, torciéndome y friccionando las manos, le dije:
—Es que voy a hacer la primera comunión y quería que usted fuera mi madrina.
La pobre mujer se puso muy nerviosa y volteó a ver a su esposo y a su suegra. Mi mamá, para romper la tensión, intervino:
—¿Qué le parece, tía Cele? La niña quiere que Tere sea su madrina.
Ya no le quedó más remedio que responder:
—¿Cuándo va a ser?
—El veinticinco de diciembre, el día del Niñito Dios, en la misa de ocho de la mañana.
—Bueno, pues si eso quiere la niña, ya ni hablar.
Tere nos miró con un brillo en los ojos, como diciendo: qué bueno, al menos voy a salir de la casa, aunque sea para ir a misa.
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Pasajes de mi infancia
Não FicçãoIntroducción: Pasajes de mi infancia: Tipo de historia (versión literaria): "Esta es una obra de memorias, un viaje autobiográfico que se adentra en la vida cotidiana de un pueblo mexicano en los años cincuenta. Su género es narrativo y costumbris...
