Un plato de comida

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– Eres un monstruo. – lo regañó Noodle, negada a comer el almuerzo sabiendo que había una muchacha secuestrada en el ático de la casa.

–Todos sabemos que ella nos va a ayudar y es la nueva integrante, ¿Por qué tanto odio hacia mi? Yo solo ayudé a facilitar las cosas. – respondió como si nada, mientras almorzaba.

Los demás comían en silencio. Stuart sabía que no podía opinar, o le esperaba una paliza. Y Russel estaba amenazado también.

Además, a ninguno de ellos les parecía una mala idea del todo: ya que con ellos había sido exactamente igual. En contra de su voluntad habían ingresado a la banda, y ahora eran reconocidos mundialmente gracias a Murdoc haciendo lo que amaban.

– ¡No es la manera! Kuso baka...– lo insultó en japonés por lo bajo.

– ¡Hey, hey! – la señaló con una cuchara molesto – ¿Qué te dije sobre insultarme en japonés?

–¡Watashi wa anata ni furumatte hoshikunai kodomo no ni! – soltó furiosa.

Russel y Stuart miraron sorprendidos a Noodle, todos sabían que cuando la jóven se enfadaba sin darse cuenta comenzaba a hablar furiosa en su idioma natal.

Se levantó de la mesa, empujando su plato lleno de comida y salió corriendo de la cocina.

– ¡Maldita niña japonesa! – se quejó Murdoc sabiendo que no podía insultarla, ni hacer mucho más ya que Noodle ya era una más de ellos.

Además, a pesar de todo era a la única que le tenía respeto. Y miedo, debía confesar que le tenía un poco de miedo.


✧✧✧

Cuando la noche cayó en Londres, Noodle salió de su cuarto y miró hacia ambos lados. El pasillo estaba silencioso.

La habitación de Murdoc quedaba en el primer piso, y no había señales de que alguien estuviera despierto. Así que comenzó a subir las escaleras en puntas de pie hasta el último piso de la casa, dónde había una especie de ático y unas dos habitaciones más.

Al llegar a la puerta donde todos sabían que estaba aquella jóven, se quedó congelada. No quería traer problemas, pero no era justo lo que Murdoc estaba haciendo con ella. Además sabía que el la iba a liberar mañana, pero quería hacerle las cosas más fáciles si conocía a su víctima.

Se acercó al pomo de la puerta y lo rozó. ¿Y si la puerta estaba trabada? Efectivamente cuando giró el pomo, no pudo abrir la puerta. Retrocedió un poco en búsqueda de alguna llave, mientras llevaba una mano a su barbilla pensativa.

Volvió a bajar todos los pisos hasta la planta baja, para buscar en el cajón de las llaves que se encontraba en la cocina.

Tomó el manojo de llaves del último piso, y subió con la esperanza de que Murdoc hubiera olvidado una copia allí.

Intentó con todas, y cuando llegó a la última sin muchas esperanzas finalmente pudo abrir la puerta. Con una mirada de éxito por poder abrir la puerta y con cuidado, miró hacia adentro.

Allí, encontró a una muchachita atada de un pie a la cama con un apretado nudo. Al parecer Murdoc la había soltado un poco.

Ella estaba despierta, y la miró aterrada.

– No, no... No voy a hacerte daño. Por favor, confía en mí. – acotó Noodle cerrando la puerta tras de sí

– ¿Quién eres? – Preguntó Kira, aún con miedo.

Rhinestone Eyes | Gorillaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora