La segunda semana en Plastic Beach había sido un poco más aburrida.
Kion no lograba contactarse con ninguno de sus amigos Russel, Noodle y Stuart. No los encontraba por las redes, y no tenía idea de cuáles serían sus nuevos números de teléfono. ¿A caso habían desaparecido de la faz de la tierra? ¿A caso Murdoc tenía razón y ellos no querían saber más nada de ella?
Cansada de su vano intento en contactarlos, volvió a entrar en la casa luego de pasarse las últimas horas en la terraza buscando señal en su móvil.
Se dirigió al estilo de taller, dónde Murdoc estaba terminando los últimos retoques en Cyborg Noodle.
– Knock Knock... – Acotó mientras abría la puerta.
– Oh, Kion... Ven pasa, justo estaba terminando. – el volteó a verla entusiasmado.
Aquel lugar era un desastre, ciento de tuercas, tornillos y partes metálicas desparramadas por allí.
Pero sobre una especie de camilla metálica, se encontraba su más grande proyecto además de Plastic Beach: Cyborg Noodle terminada.
Habían más de cinco cables conectados a su torso los cuales le estaban aportando la última información necesaria.
– Santo Cielo, Murdoc... – Acotó Kion sorprendida, llevando una mano a su pecho.
Se veía exactamente igual a Noodle, le parecía mentira que fuera tan solo un robot. Su cabello, sus facciones, su vestimenta...
– ¿Increíble, cierto? Cyborg Noodle está terminada. Finalmente terminada... – respondió orgulloso, sin poder quitar la mirada de su creación.
– ¿Eso quiere decir que ya la podemos encender? – preguntó ella, con entusiasmo disfrazado en curiosidad.
– Eso creo... ¿Quieres presenciar el primer intento? – la miró ansioso.
– ¡Por supuesto que sí! – sonrió ella tomándolo del brazo con ansias, mientras se acercaba.
Murdoc se acercó a su computadora y tecleó algunos códigos, luego desconecto los cables del robot y la volteó un poco para presionar un botón que se encontraba en su nuca.
Cyborg Noodle se encendió con una brusca sacudida, y comenzó a mover todas sus articulaciones empezando a encenderse poco a poco.
Ambos miraban la escena sorprendidos y boquiabiertos.
Finalmente, Cyborg Noodle se incorporó en sus pies y miró a ambos. Hizo una robótica reverencia y hablo con una voz enlatada:
– Estoy a su servicio, señor.
El par se miraron sin poder creerlo. Aquello había funcionado... ¡Aquello había resultado! ¡Cyborg Noodle funcionaba en perfecto estado!
Murdoc soltó un grito de felicidad y comenzó a saltar junto a Kion en un festejo por su victoria.
Luego de unos minutos, los dos mantuvieron la calma y voltearon hacia el robot.
– Bien, veamos lo que puedes hacer...
✧ ✧ ✧
En Crawley, West Sussex, Stuart se encontraba en su antiguo trabajo, la tienda de instrumentos de su padre donde toda aquella loca aventura con Murdoc había comenzado.
Se buscó un trabajo, porque quellos últimos meses le había costado salir siquiera de su habitación para "rehacer" su vida. Sabía que su pasión era la música, y sin una oportunidad para continuar su carrera como solista su vida se había prácticamente desmoronando.
Las pastillas habían vuelto porque las de Kion se habían acabado. Las noches sin dormir, las voces en su cabeza, y la tristeza profunda en el pecho. Todo había vuelto.
Sin embargo, no era su primer trabajo después de abandonar Gorillaz.
Había trabajado unas tres semanas en la tienda de bolos. Luego una semana como mozo en una cafetería, pero eso no había salido muy bien.
Por el momento estaba allí en la tienda de música, y por las noches trabajaba en atención al público en el cine local de Crawley.
No era mucho, pero lo mantenía ocupado.
Terminó de acomodar las cuerdas de acero que habían llegado nuevas en sus respectivos lugares, y se acercó al depósito en busca de más materiales para reponer en la tienda.
Su padre no se encontraba allí esa tarde, ni su compañera de trabajo Molly, una chica punk que no hablaba mucho.
– Bien, cuerdas listas... ¿Púas...? – revisó la lista de cosas por reponer que traía consigo. – Listas. Baquetas... – miró las enormes repisas repletas de cosas que llegaban hasta el techo del depósito. – Creo que faltan baquetas.
Miró hacia el último compartimiento de la repisa, y rascó su nuca con nerviosismo.
– Un lugar bastante peligroso... Pero nada que no haya hecho antes. – se encogió de hombros.
Buscó la escalera y subió lentamente hasta el último escalón, aún así no llegaba hasta el último compartimiento. Se estiró lo más que pudo tomando de una esquina la caja de baquetas nuevas, y como pudo la tiro hacia él.
En un mal movimiento, la escalera se tambaleó y por ende todo su cuerpo perdiendo el equilibrio.
– ¡Wow wow....! – gritó atemorizado intentando recuperar el equilibrio, pero no tuvo éxito.
Cayó de espaldas en el suelo con una caja de baquetas encima y un paquete más.
Quejándose del dolor se incorporó un poco, corroborando que no se haya quebrado ni lastimado ninguna parte de su cuerpo.
– Estúpidas baquetas... – farfulló enojado, y cuando se incorporó del todo tomó la caja y echó un vistazo al paquete negro que se había caído junto a la caja.
Frunció el ceño al no ver ninguna etiqueta, y sacando un cúter del bolsillo trasero de sus pantalones lo abrió curioso.
Abrió amplio sus ojos al ver su contenido, y su boca se entreabrió de la sorpresa.
¡Eran sus cosas! Aquellas que le pidió alguna vez a su padre que las esconda lejos, para que no vuelva a cometer ninguna estupidez.
Allí había una agenda con información necesaria, las pastillas que Kion le había dado, su antiguo celular, fotografías, púas de guitarra, y demás recuerdos de una época que ya había acabado...
Un sentimiento de melancolía invadió su pecho al ver todas sus cosas, y algo le pasó por la cabeza: ¿Sería una señal? ¿Y si debía contactar a sus amigos nuevamente...? ¿Y si era el destino?
Aún con su trasero algo adolorido por el golpe, miró hacia el frente pensativo. Quizá aquello era muy apresurado y estúpido. Quizá ya ninguno lo recordaba, o tenía deseos de recordarlo. Quizá Kion ya conoció a alguien más, algún científico que este a su altura y que sepa cómo conquistarla.
Con un sonido de la campanilla de la puerta de entrada que resonó por todo el lugar, salió de su trance.
– ¡Ya voy! – dijo escondiendo aquel paquete en un rincón del depósito.
Sacudió sus pantalones, y salió nuevamente al local, dispuesto a atender al cliente que había entrado.
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Rhinestone Eyes | Gorillaz
FanfictionDesesperado en busca de un cerebro para salvar algunos problemas de su banda Gorillaz, Murdoc Niccals pone su mira en Kira Ion, una científica investigadora recién llegada a Londres Su historia no comienza del nada bien. Aunque para su suerte, en l...
