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Las pruebas

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Russel se encargó de poner rejas en todas las respectivas ventanas por órdenes de Murdoc, y Stuart lo miraba apenado. Mientras, Murdoc se llevaba a Kion al laboratorio del sótano.

Noodle estaba enfadada, no quería que él la maltrate ya que solo lograría que ella los odie aún más. La pobre debería estar aterrada.

Murdoc ató las muñecas de Kion con unas esposas ( Que se preguntó de dónde rayos las había sacado).
Pero ya estaba resignada. Sabía que aquel sería probablemente su último intento de huída.

– ¿Ahora vas a matarme, o qué? – preguntó resignada. Él rodó sus ojos sin que ella lo viera.

– No voy a hacerlo. – respondió con seriedad de espaldas a ella mientras buscaba algo.

– Realmente suena más tentador que estar condenada a vivir aquí.

Él no le contestó. Se veía molesto, más que lo usual. Tanto que ni siquiera discutía con ella.

– Siéntate. – le ordenó volteando con una gasa en la mano.

Kira lo miró aterrada. ¿A caso pensaba dormirla, drogarla otra vez?

– ¿Que vas a hacer?

– ¡Siéntate! – le ordenó sin paciencia.

Kira dió un pequeño salgo y se subió a la mesada fría del laboratorio.

Murdoc tomó una silla y se sentó frente a ella. Tomó su pierna y con una navaja cortó el pantalón que traía puesto por encima de la rodilla, descubriendo sus lastimaduras.

Kion se dió cuenta de lo que el hacía. Iba a curar sus heridas. Se estremeció ante su tacto frío, como sin vida.

– No voy a drogarte. Te necesito despierta para comenzar a trabajar.

– Realmente no tengo ánimos. – contestó de mala gana. Pero al sentir el ardor del desinfectante en su rodilla soltó una sonora mueca de dolor.

– Ni yo de trabajar contigo hoy, pero así es la vida. – respondió sin mirarla a los ojos.

Kion no dijo más nada. Supo que no podría negarse mucho.

Había estado investigando aquellos libros, y más o menos tenía una idea de cómo arrancar todo aquello. Pero no tenía mucha fe de que sus inventos funcionen.

Se preguntó por qué él estaría haciendo eso, limpiando su herida cuando podría haberle lanzado el botiquín de primeros auxilios. ¿Sería porque sus manos aún estaban atadas?. Tenía muchas preguntas en su mente.

– Bien, quiero que me digas que has estado investigando. – rompió el silencio cuando había terminado de vendar su rodilla.

Kion se paró y extendió sus manos hacia el en señal de que la suelte.

Él busco la llave y la soltó rápidamente, esperando su respuesta.
– Bien. – Kion algo desconfiada se acercó al estante dónde estaban los libros y algunos cuadernos.

Tomó un cuaderno color grisáceo, y lo abrió hojeando las páginas lentamente en búsqueda de dónde había terminado su investigación.

– Tengo que tomar unas muestras, antes de continuar. – le explicó ella.

– ¿Ahora?

– Unas puedo tomarlas ahora, pero para las otras debes estar sin comer por ocho horas.

– ¡¿Ocho horas?! ¿Que quieres matarme de hambre? Demonios.

– No, pero es así como se debe hacer. – frunció el ceño. – Además, no puedes beber alcohol ni mucho menos drogarte. ¿Eso lo sabes, verdad?

Éste la miró anonadado, y acto seguido rió irónicamente.

– Muy divertida, Kion. Creo que ya me dieron ganas de beber algo fuerte. – acotó irónico mientras se paraba alejando la silla en dónde estaba.

– ¡Bien, entonces no haré ninguna investigación!

– ¡Hey! – la miró enojado.

– ¡Tu no cooperas, Murdoc! No puedo hacer magia. – de cruzó de brazos.

– Bien, bien. No comeré por ocho malditas horas. Pero luego que nadie se ande quejando de mi malhumor.

– Siéntate allí.

Murdoc se sentó sin chistar. Kion busco algunas cosas, y las colocó en la mesada a un lado de Murdoc.

Éste miraba desconfiado cada movimiento de la rubia, y cada instrumento que sacaba del gabinete.

– ¿Qué es todo ésto?

–– Cosas.

– ¿Para qué? ¿Qué vas a hacerme?

– En silencio por favor. ¿Quien es el profesional aquí?

Cuando él se callo, ella tomó unas pinzas y una tijera.

Cortó un mechón de su cabello y Murdoc se paró de un salto.

– ¿QUÉ HACES? ¿QUÉ ESTAS HACIENDO?

– ¡¿PUEDES QUEDARTE QUIETO, POR FAVOR?!

– ¡AH, ME CORTASTE EL CABELLO! – gritó aterrado al ver el mechón.

- ¡Es necesario! Además fue solo un mechón, estoy segura que con esa cantidad abismal de cabello que tienes nadie va a notarlo. - respondió irónica.

Éste la miró enfadado gruñendo, y tocó su cabello aterrado. Se dió cuenta que efectivamente no lo había dejado calvo, así que mirándola aún con desconfianza se sentó nuevamente en la silla.

– Necesito tomar una muestra más de tu piel.

– ¿Que vas a arrancarmela así como así?

– Voy a dormir la zona, es un trozo muy pequeño. No vas a sentir nada. Pero necesito que pases a la camilla.

Murdoc se paró, y siguiendo sus instrucciones se subió a la camilla. La miraba aterrado, y Kion se sintió gratificante por ésto. Por primera vez él temía de ella y no al revés.

Ella giró su cabeza descubriendo su cuello del lado izquierdo, y éste la miró de reojo.

– ¿Vas a chuparme la sangre? – bromeó irónico.

– Ja ja. Muy gracioso. – respondió desganada.

Desinfectó la zona y aplicó anestesia temporal.

– Creo que hubiera sido mejor dormirte completo, así no estarías haciendo preguntas estúpidas.

– ¡Cuidado con lo que dices! – la amenazó, mirando hacia la pared aún con la cabeza ladeada.

Kion rió por lo bajo, y una vez que pasaron unos minutos tomó una muestra muy pequeña de la piel verdosa de Murdoc. Al igual que la muestra de cabello la introdujo en un pequeño tubo de vidrio y lo cerró con un tapón para que la muestra no se contamine.

Volvió a desinfectar la zona y parchó aquella pequeña herida que había provocado.

– Todo listo, solo tómate éste analgésico cuando la anestesia se acabe. – le entregó una pequeña pastilla color blanca.

Éste la miró incrédulo cuando se incorporó.

– Yo no tomo analgésicos. Va en contra de mis principios, beberé hasta noquearme. ¿Comprendes? – rió roncamente de su propia broma a la que Kion no le encontraba la gracia.

– Te dije que no podías beber hasta después del análisis. – lo miró frunciendo el ceño.

–– Bien, bien. Cómo tú digas doctora Kion.

– ¡Te dije que no soy doctora! – se quejó molesta.

– Es lo mismo. – se rió este burlón, y de encaminó a las escaleras.

Kion bufó estresada, y solo lo oyó marcharse para luego cerrar la puerta arriba en la sala.

Se sentó en un pequeño escritorio que estaba en la esquina del sótano, y miró las muestras. La verdad es que sí había estudiado la teoría, pero la práctica era mucho más difícil.

Sentía una gran presión, si aquello no funcionaba no sabía que ocurriría.

Rhinestone Eyes | Gorillaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora