Charlas y pizza

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La primer mañana se sintió vacía sin el resto de los integrantes de la casa.

Murdoc como siempre dormía hasta tarde, y eso no era una sorpresa.

Kion se atrevió a ingresar a la habitación de Stuart. Sabía que aquello estaba mal, pero quizá le servía para aclarar su mente que por el momento era un desastre.

Allí todo estaba desordenado, no muy diferente a la habitación de Murdoc. Aunque ésta no te daba escalofríos al entrar, y tenía mucha más iluminación.

Paseó la mirada por sus pertenencias, por sus cuadros con fotografías, por sus cuadernos con letras de canciones y por sus adornos totalmente sin sentido de distintas ciudades de Gran Bretaña.

Se atrevió a sentarse sobre su cama deshecha y suspiró. No sentía nada, no sentía ni un cosquilleo en su estómago. No sonreía al estar ahí, y no le provocaba nada estar en su lugar... Nada más que cariño por su amigo.

En silencio comprendió que él no le gustaba como ella le gustaba a él. Había pensado mucho, y sabía que como persona si le convenía... Pero no podría estar con él solamente porque era "una buena persona" y porque "la cuidaría como se merece".
Una relación es de dos personas, y jamás se permitiría jugar con él en una clase de experimento para ver si están destinados a ser o no.

Él no se merecía aquello. Y a penas vuelva, hablaría con el para dejar las cosas claras.


✧ ✧ ✧

– ¿Quieres que pidamos unas pizzas? – preguntó Murdoc, bajando al laboratorio.

Aquel día casi no se habían visto, el había estado ocupado en sus asuntos y ella también.

– ¿Podríamos ir a buscarlas? Quiero salir un poco de aquí...

– Claro, vamos.

.

Compraron una pizza en aquel lugar donde siempre pedían a domicilio, y Kion sugirió ir a aquel lugar donde Russel la había llevado semanas atrás en su motocicleta.

Llegaron a aquel lugar alejado de la ciudad con aquella hermosa vista nocturna y bajaron la pizza junto a las cervezas que habían comprado.

– ¿Cómo conocías éste lugar? – preguntó Murdoc curioso, mientras se sentaban en la parte delantera del Camaro. 

– Russel me trajo aquí una vez. – El volteó a verla extrañado. – No en ese plan, imbécil. – respondió sin voltear a verlo.

El rió. 

– Lo siento... Es un buen lugar. – Coincidió. – La verdad es que paso tanto tiempo con mi trabajo y mis cosas, que me olvido de salir a disfrutar mi ciudad. – volteó a verla. – Pero cuando llegaste tú, es como si nos hubieras recordado lo que es divertirse fuera de casa.

Ella lo miró y rió.

– Bueno, y Noodle también. – se encogió de hombros tomando una porción de pizza.

– Claro claro... Noodle también. Pero ella no se preocupa mucho en obligarnos a salir. Es decir ella lo hace por su cuenta y ya. No nos insiste, le importa poco.

– No digas eso, Noodle se preocupa mucho por todos. Es cierto que de alguna cosas desistió... – ambos rieron. – Pero siempre encuentra la forma de volver a unirlos... Cómo éste viaje al que te negaste a ir.

Rhinestone Eyes | Gorillaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora