– ¡Hey, cara de trasero! – Murdoc le lanzo una lata de cerveza a Stuart por la cabeza.
Eran las diez de la mañana, y el sol ingresaba por la ventana cegándolo al instante en que había abierto sus ojos.
– ¿Q-qué ocurre? – preguntó adormilado y confundido.
Le dolía todo el cuerpo, y al recuperar sus cinco sentidos recordó que la noche anterior se había quedado dormido en el sofá escuchando cantar a Kion.
– Ensayo matutino, levanta tu trasero del sofá y vamos a trabajar.
– ¿Ensayo matutino? – preguntó confundido, refregando sus ojos con sus puños. – ¿Desde cuándo ensayamos de mañana? ¿Y qué haces despierto tan temprano?
–Desde hoy, me he despertado temprano y es un maravilloso día para embriagarme y comenzar a preparar esa canción que tenías en mente ayer. ¿Recuerdas? Esa la que hace turudu-turudu. – cantó con una horrible voz, y Stuart hizo una mueca de disgusto.
– ¿Puedo desayunar algo al menos?
– ¡Rápido, rápido! – le gritó dirigiéndose nuevamente hacia la sala de música, con una botella de ron en la mano.
Adormilado, se dirigió a la cocina. Allí se encontró con Kion lavando los trastes que había utilizado en su desayuno, que parecía que ya había acabado.
Por primera vez después de muchos días se sintió nervioso, como aquella vez que la había conocido. ¿Qué le pasaba? Era sólo Kion.
– B-buenos días. – Murmuró tartamudeando sin querer, y se ruborizó ante éste tonto acto.
– Hey, buenos días Stu. Parece que te han sacado a patadas de la cama eh... – bromeó haciendo alusión a Murdoc.
– Del sofá querrás decir. – ambos rieron.
– Exacto... Bueno, espero que hayas dormido bien. No quise despertarte anoche.
– Que vergüenza, lamento haberme dormido...
– ¿Por qué vergüenza? – volteó a verlo, mientras él se preparaba un café. – Estabas cansado, lo noté. Me alegra haberte ayudado... Aunque sea un poco.
– Gracias. – la miró sonriendo de lado. – Éstas migrañas empeoran por la noche. – explicó, suspirando resignado. – A veces sólo quiero darme la cabeza contra la pared. – confesó apenado, bajando la mirada.
– No me imagino lo insoportable que debe ser, si hay algo en lo que pueda ayudarte... Sólo dímelo. ¿Si?
– Gracias Kion...
– No soy doctora... Pero compañía y un poco de té a veces sirven. – se encogió de hombros.
Él la miró irse de la cocina con una sonrisa de esperanza en su rostro, a través de dos ojos cansados.
Escaleras arriba, la pelirroja oyó una música proveniente de la sala de música. Sabía por los gritos de Murdoc que aquel día tendrían ensayo matutino.
– Buenos días. – se asomó por la puerta.
El volteó a verla. Por el momento estaba solo, tocando el bajo mientras bebía de una botella de ron.
– Hola hola mi querida socia. – exclamó sonriendo amplio, enseñando sus dientes afilados. – ¿Cómo has dormido? Yo de maravilla.
– Buen desayuno. – bromeó señalando la botella de ron. Éste la miró, Y rió divertido.
– ¿Nutritivo, eh? – le siguió el rollo. – ¿Quieres oír algo de mi música? Creo que no has tenido el PLACER. – enfatizó gritando. – De escuchar a éste Rey del bajo, Sex Symbol, Iluminado de Satanás... Tocar los maravillosos riffs de bajo, de las canciones de la mejor banda del mundo o sea Gorillaz, claramente haw haw haw. – acotó con todo el ego del mundo.
ESTÁS LEYENDO
Rhinestone Eyes | Gorillaz
FanfictionDesesperado en busca de un cerebro para salvar algunos problemas de su banda Gorillaz, Murdoc Niccals pone su mira en Kira Ion, una científica investigadora recién llegada a Londres Su historia no comienza del nada bien. Aunque para su suerte, en l...
