Su pésimo humor

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Luego de aquel incidente, Murdoc no había salido de su habitación en los últimos cinco días.

– Hace días no sale de su habitación. – observó Russel, mientras almorzaban en la cocina alrededor de las dos de la tarde.

Kion miró curiosa a Noodle.

– ¿Por las noches no ha bajado? – preguntó en general, por si alguien lo había visto.

– Sólo viene por comida. –  respondió Stuart, refregando sus ojos adormilado, y comió un poco de su spaghetti.

– Genial. – dijo Noodle irónica, suspirando. Se paró en busca de un plato limpio, y sirvió un poco de comida en él.

– Buena suerte con eso. – le dijo Russel riendo, y siguió comiendo su almuerzo.

– ¿Por qué? – preguntó Kion curiosa.

– Puede que ese plato vuele a la china. – explicó Stuart y bostezó. – Llama si necesitas ayuda.

Noodle salió de la cocina, dispuesta a llevarle la comida a Murdoc.

– ¿Él no ha pensado ir al psicólogo? – preguntó la pelirroja.

Ambos muchachos se miraron y estallaron en carcajadas.

– ¿Al psicólogo? Qué diablos Kion. – dijo Russel, riendo. – Eso es para mujeres.

– ¡Oye! No es sólo para mujeres. Pero sinceramente no me imagino a Murdoc yendo al psicólogo. – lo contradijo 2-D.

– No sé si debería preocuparme. ¿Qué pasó con esa radio que pensaba hacer, de todos modos? Estaría un poco más ocupado.

– Dijo que aún no lo tenía resuelto, estaba sumido en la búsqueda de posibles compradores de municiones.

– Espero sean de confianza... – rió Kion.

Terminaron de almorzar mientras charlaban de cosas indistintas, y una vez guardaron todo (obligados por Kion) se dirigieron a la sala de música a ensayar los últimos temas del álbum que estaban haciendo, ya que el fin de semana irían a grabarlos al estudio.

La jóven subió las escaleras para ver cómo le iba a Noodle con Murdoc, pero encontró a la japonesa bajando con el plato de comida lleno en la mano.

– ¿No quiso comer? – preguntó curiosa.

– No. – hizo una mueca.

– ¿Está de malhumor?

– Está de malhumor, está ebrio... Está sin comer. Pero no creo que le dure mucho tiempo más. Me molesta que por culpa de sus actitudes inmaduras ya no podremos grabar las canciones que quedan en el estudio.

– ¿Tal vez pueda hacer algo?

– Lo dudo, pero buena suerte con eso. – Noodle se encogió de hombros y continuó su camino bajando por las escaleras.

Kion miró hacia arriba y suspiró. Dió pasos decididos hasta la habitación de Murdoc y golpeó suavemente la puerta.

Esperó unos segundos, pero él no contestó. Así que golpeó una vez más un poco más fuerte.

– ¡Largo! Ya les dije que no quiero bajar. – respondió él con una voz ronca y desanimada.

Kion se atrevió a abrir la puerta lentamente.

– Soy yo. – dijo al asomarse un poco por la puerta.

Las luces estaban apagadas. Él solo estaba tirado sobre su cama bebiendo de un vaso de Whiskey, y en la otra mano tenía un cigarro prendido.

Rhinestone Eyes | Gorillaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora