El joven David González era hijo de Don Celso, quien era un hombre muy rico. Era dueño de varias fincas ganaderas y poseedor de una vieja casa de estilo colonial de grandes pilares y hermosa arquitectura donde residía la familia. A David lo buscaban desde el jueves hasta el domingo "sus amigos" para ir de fiestas a discotecas, clubes y sitios de distracción. Con la constante característica de que los gastos y costos eran facturados por David.
Al morir don Celso, David, junto a sus "amigos", derrocharon tanto dinero que la fortuna heredada de su padre llegó a la quiebra. Y los amigos de aquel joven se fueron hasta dejarlo solo, con su ruina financiera y depresión. Decidió el joven David quitarse la vida y preparó las condiciones para ejecutar su propio colgamiento.
Ató una soga en la viga central de la casa colonial. Cuando activó las acciones para ahorcarse, cayó al suelo repentinamente, ya que la viga donde se colgó era de antigua madera colonial y a su vez era hueca. En ella, su padre había escondido una gran cantidad de joyas, prendas y monedas de oro que, luego de ser valoradas y vendidas, le generaron varios millones al joven David. Él se compró un auto nuevo, ropas y todo aquello a lo que estaba acostumbrado.
Los "amigos", al verlo pasar en su nuevo auto, lo detuvieron para invitarlo a una gran fiesta en el club más caro del lugar. Sin dudarlo, aceptó la invitación, profundamente agradecido. Llegado el día de la fiesta, David partió en su nuevo y lujoso auto, llevando un traje completamente de lino blanco.
Al llegar a la fiesta, todos lo vitorearon y abrazaron. Lo invitaron a beber y degustar las ricas bebidas y exquisitos platos. Se levantó y fue a la gran mesa donde estaban los manjares y tomó trozos de pollo y los metía en sus bolsillos, panes, pavo, cerdo, untaba las salsas en sus pantalones, las bebidas en su espalda. Luego tomó los mismos servicios y los llevó al auto y los lanzó en su interior. Todos creían que había enloquecido y se lo preguntaron.
A lo que les respondió: ¡Estoy dando de comer y de beber! ¡A quienes en realidad ustedes invitaron! ¡Al auto! ¡Al traje! ¡Y a mi nueva fortuna! ¡Pero como ya ellos comieron y bebieron, me voy! ¡Y gracias por demostrarme que nunca fueron mis amigos...!
Y así el nuevo y más experimentado David... se marchó de aquel lugar, donde nunca fue querido... sino su dinero.
Moraleja: Casi siempre creemos que tenemos muchos amigos, hasta que nos visita el fracaso y el infortunio.
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LAS CURVAS DE MI ABUELA...
RandomEsta obra intenta ser, además de un anecdotario... ser también un pequeño "libro consejero" en la vida diaria de líderes, orientadores, directores, profesores, maestros, padres, madres y todas aquellas personas que fungen como guías hacia lo positiv...
