Cap61: Las Travesuras de Ayami

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Capítulo 61: Las Travesuras de Ayami

Era una tranquila mañana en la casa de los Uzumaki-Uchiha, pero esa paz estaba destinada a no durar mucho. Ayami, quien ya comenzaba a dar sus primeros pasos con torpeza, estaba llena de energía y curiosidad. Su mirada traviesa y sonrisa inocente eran una combinación peligrosa para la tranquilidad de su hogar.

Naruto estaba en la cocina, preparando el desayuno para todos. Ayami, aprovechando que su padre estaba ocupado, comenzó a explorar la sala de estar, tambaleándose de un lado a otro. Al verla tan inquieta, Naruto sonrió con ternura.

— ¡Princesa, no te alejes demasiado! —le dijo desde la cocina, dándole un vistazo mientras movía las cacerolas.

Ayami solo miró a Naruto con sus grandes ojos, ladeando la cabeza como si realmente entendiera, pero inmediatamente se volvió a perder entre los muebles de la sala, con su mente llena de nuevas ideas de travesuras.

Sasuke, que acababa de llegar de entrenar, entró a la sala y notó que Ayami estaba muy entretenida… ¡metiéndose dentro de un cajón! Apenas pudo evitar una sonrisa al verla. Con cuidado, se acercó a ella y le habló en voz baja.

— Ayami, ¿qué haces ahí? —preguntó, cruzándose de brazos mientras la observaba.

Ayami le devolvió la mirada, parpadeando inocentemente, y luego soltó una risita. De repente, agarró una pequeña figurita que estaba en el cajón y la levantó como si hubiera descubierto un gran tesoro. Sasuke intentó contener la risa.

— ¿Así que ahora robas cosas, princesa? —dijo Naruto, que había llegado justo a tiempo para ver la escena y usaba el mismo tono travieso de su hija.

Sasuke rodó los ojos, pero no podía evitar sentirse enternecido.

— Parece que tienes una cómplice, —dijo, lanzándole una mirada divertida a Naruto mientras tomaba a Ayami en sus brazos.

Sin embargo, apenas Sasuke la cargó, Ayami soltó la figurita, pero rápidamente comenzó a estirar sus manos hacia el jarrón de flores que estaba en la mesa. Sin pensarlo dos veces, lo tomó y comenzó a tambalearlo de un lado a otro, riendo a carcajadas mientras las flores caían al suelo y el agua comenzaba a derramarse.

— ¡Ayami, no, no, no! —exclamó Naruto, acercándose rápidamente para rescatar el jarrón antes de que se rompiera.

Pero Ayami, viendo que sus padres intentaban detenerla, solo se rió más, como si disfrutara cada segundo de la pequeña travesura. Sasuke, viendo la cara de frustración de Naruto, sonrió y le susurró a su hija.

— ¿Sabes que eres un pequeño terremoto, princesa? —le dijo, mientras Naruto recogía las flores esparcidas por el suelo.

— Y pensar que cuando nació parecía tan tranquila, —comentó Naruto, suspirando mientras observaba la inocente sonrisa de su hija—, pero parece que salió a alguien más traviesa.

Boruto y Menma, quienes habían estado observando la escena desde las escaleras, comenzaron a reírse.

— Ayami es una experta en travesuras, —dijo Menma, intentando mantener la compostura—, creo que heredó ese talento de papá.

Naruto fingió ofenderse.
— Oigan, yo no era tan travieso… bueno, quizás un poco, —dijo, rascándose la nuca.

Boruto se unió a la broma.
— No creo que fuera un "poco", papá. Creo que Ayami definitivamente sacó esa parte de ti.

Naruto intentó cambiar el tema, acercándose a Sasuke y robándole un beso rápido.
— Bueno, tal vez nuestra pequeña princesa solo está explorando el mundo, —dijo en tono juguetón.

Sasuke se quedó en silencio un momento, pero sus labios formaron una pequeña sonrisa.
— ¿Explorar destruyendo todo a su paso? Sí, suena a ti.

— Oye, oye, menos críticas y más cariño, —dijo Naruto, riéndose mientras le daba otro beso.

Mientras los hermanos seguían observando a sus padres, Ayami, que había escapado de los brazos de Sasuke, decidió probar una nueva travesura: ¡la cocina! Se dirigió tambaleante hacia las cacerolas que Naruto había dejado sobre el suelo, probablemente demasiado confiado en que nadie se metería con ellas.

Antes de que alguien pudiera detenerla, Ayami agarró una cuchara de madera y comenzó a golpear una olla con todas sus fuerzas, creando un ruido ensordecedor.

— Ayami, ¡eso no es un tambor! —exclamó Naruto, corriendo para intentar detenerla.

Ayami miró a Naruto y soltó una risita traviesa, continuando su "concierto" con aún más entusiasmo. Sasuke no pudo evitar reírse, mientras Boruto y Menma también se reían a carcajadas.

— Parece que nuestra princesa está decidida a no darnos un momento de paz, —comentó Sasuke, mirando a Naruto con una sonrisa.

Naruto se acercó a Sasuke, todavía riendo mientras trataba de calmar a su pequeña.
— Es una Uzumaki, ¿qué esperabas? —respondió Naruto, dándole un último beso rápido antes de cargar a Ayami en brazos, quien ahora intentaba tomar su protector labial de su bolsillo.

— No, pequeña. Ese no es para jugar, —le dijo, dándole una caricia en la mejilla.

Ayami, aunque claramente molesta porque su padre no le permitía jugar con el protector, se quedó en silencio, mirándolo con una expresión adorable.

— Ves, hasta cuando hace berrinches, tiene ese encanto que solo nuestra princesa podría tener, —dijo Naruto, mirándola con ternura mientras la acurrucaba en sus brazos.

Así, con sus travesuras y encantos, Ayami llenaba los días de su familia de risas y momentos inolvidables.

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