Capitulo 35

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Iris


-¡Adrián Carson Thorne!

Pronuncio su nombre con toda la calma del mundo, pero sé que él detecta la tormenta en mi voz.

En cuestión de segundos, aparece en la habitación como una sombra, con la alerta grabada en sus ojos oscuros. Su mirada escanea cada rincón, buscando una amenaza invisible, hasta que se posa en la cama. En las maletas. En su contenido.

Armas.

No una, ni dos. Un maldito arsenal. Pistolas, rifles, cargadores, cuchillos estratégicamente acomodados entre la ropa como si estuviéramos a punto de entrar en zona de guerra.

Lentamente, señalo la escena con un gesto pausado.

-¿Quieres explicarme esto?

Adrián no reacciona, ni siquiera pestañea. Su expresión es la misma que si le hubiera preguntado por el clima.

-Prevención-responde con total seriedad.

Cierro los ojos por un instante, inhalo y exhalo. Luego lo miro fijamente.

-Prevención-repito, como si la palabra me supiera amarga-. Estamos en una isla paradisíaca. Rodeados de agua cristalina, arena blanca y paz. ¿De qué demonios te estás previniendo? ¿De un ataque de gaviotas?

A mí mente llega...

-¿Cagada de pájaro?-Pregunto sería, aguantando la carcajada que está a punto de salir.

Adrián me tuerce los ojos mientras se cruza de brazos, ofendido.

-Nunca se sabe.

Me llevo una mano a la frente, conteniendo la risa histérica que amenaza con escaparse. Porque esto, esto solo puede ser una broma. Pero no lo es. Él es Adrián Carson Thorne. El rey de la mafia. Un hombre que planea asesinatos con la misma calma con la que alguien elige una botella de vino.

Y también es mi esposo.

Me acerco lentamente y, sin apartar mis ojos de los suyos, tomo una de las pistolas y la sostengo en mis manos.

-Dime, mi rey -murmuro con una sonrisa felina-, ¿de verdad creíste que no notaría esto?

Adrián se encoge de hombros con desvergüenza.

-Esperaba que lo tomaras como un gesto romántico.

Suelto una carcajada seca.

-Oh, sí, porque nada dice "te amo" como un maldito rifle de francotirador.

Él sonríe, esa sonrisa peligrosa y maldita que me vuelve loca.

-Sabes que me gusta estar preparado.

-Sabes que quiero matarte ahora mismo, ¿verdad?

-Tendrás que hacer fila, amor.

Me quedo mirándolo en silencio, con los labios fruncidos y el corazón latiendo como un tambor. Luego, con un suspiro exagerado, le entrego el arma.

-Adrián, solo esta vez.

-Solo está vez-dice Adrián con calma mientras pone dos maletas en la cama-. Deberías de revisar estás.

Entrecierro los ojos con sospecha. No he tenido tiempo de revisar qué empacó para este viaje improvisado, y considerando que prácticamente me secuestró para traerme aquí, no tengo muchas esperanzas de que lo haya hecho bien.

En el avión, ya tenía ropa lista para ambos, y si bien debo admitir que el vestido que llevo puesto ahora me gusta... eso no significa que confíe en su criterio.

El Peso del Pasado Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora