Capítulo 55

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Iris



Todo el lugar grita. No es el tipo de gritería que uno escucha en un estadio de fútbol o en un concierto. Es algo más visceral, más primitivo, como si la emoción colectiva tuviera peso propio y lo dejara caer sobre todos al mismo tiempo. El lugar era enorme, mucho más de lo que me había imaginado. Cada asiento ocupado, y los que no tenían asiento se habían instalado de pie sin que a nadie le importara. Lo que importaba era el ring. Lo que importaba era ver quién quedaba en pie.

Nosotros estábamos en un balcón privado con la mejor vista del lugar. Literal. Los asientos estaban acolchados. Me sentía en un trono.

Jonathan e Ilena observaban todo con los ojos abiertos como platos, desde el ring hasta el techo, como si estuvieran catalogando cada detalle. Yo también lo hacía, pero disimulaba mejor.

-Se me erizaron hasta los pelos del ano en cuanto entré por esa puerta -anunció Jonathan, llevándose una mano al pecho con teatralidad absoluta. Ilena le dio una palmada en el trasero sin mirarlo siquiera.

-Dramático.

-¡Ilena!

-Era un halago.

Jonathan abrió la boca, la cerró, y decidió que no había nada que agregar.

Ilena se sentó a mi lado, abriendo una botella de agua.

-Mmm -murmuró, mirando hacia abajo-. Solo espero que las cosas no se pongan feas. Derek me dijo que luego terminaban más muertos de lo previsto.

-Mariana por eso prefirió no venir -dijo Jonathan, encogiendo un hombro-. Además quería descansar y llamarle a sus supuestos padres. Supongo que para pedirles una explicación. ¿Alguien ha visto a Marcus?

Ilena señaló sus propias orejas con un dedo. Un gesto pequeño, casi aburrido.

-Estaba muy enojado hace un rato. Le dijo al payaso de Derek que se alejara de ti. Que respetara el hecho de que él había ganado.

-¿Ganado qué? -preguntamos Jonathan y yo al mismo tiempo.

-No lo dijeron. -Tomó un sorbo de agua-. Pero no hace falta ser un genio para saber qué se trata de una apuesta.

Pausa.

-Eres el premio, tío Jon.

El silencio duró exactamente dos segundos.

-Malditos bastardos de mierda -Jonathan se había puesto de un rojo que competía con el de las luces del ring-. Me van a escuchar. Les voy a patear los huevos tan fuerte que los van a escupir por la boca.

-Mañana -sugerí-. Hoy van a estar exhaustos.

-Primero los huevos, luego el hígado, luego les arranco las pestañas una por una -siguió Jonathan, que claramente no me había escuchado.

-Eso me parece excesivo -dijo Ilena, con el tono de alguien evaluando una propuesta de negocios-. Pero si se ocupa, funciona.

-¿Ves? Ilena me entiende.

-Dije que era excesivo.

-Pero que funciona.

-Eso no es un elogio, Jon.

Los dejé ahí, debatiendo la logística de una venganza que esperaba que ninguno llevara a cabo, y me levanté. Caminé hacia el balcón. Abajo, la multitud ya empezaba a moverse de otra manera, esa energía particular que precede a algo que todos saben que va a pasar. Algunos juraban que Derek iba a pelear. Que iba a ganar. Otros mencionaban otro nombre con el mismo nivel de certeza. Yo solo quería que Derek saliera caminando por su propio pie. No pedía una victoria. Pedía que mi amigo saliera con vida de ese maldito ring.

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⏰ Última actualización: Aug 19 ⏰

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