Adrián
Estoy sentado en el maldito sofá.
Con el perro echado a mi lado (Sé supone que él debería de estar con Ilena)
Ni siquiera me gusta este puto sofá.
Pero aquí estoy… como un idiota. Esperando.
No es que me haya quedado a dormir aquí.
Estoy esperando. Como todo un macho, con dignidad…
Eso mismo le dije a Marcus cuando vino todo emocionado con su mantita de ositos:
—"Para que te tapes, Adrián."
—"¡¿Que me tape?! ¡Marcus, cabrón, no estoy triste porque tenga frío, estoy triste porque la mujer de mi vida me mandó a la mierda como si fuera Uber Eats y no le llegó el pedido!"
Y que ni se atreva a aparecer el imbécil de Derek. Porque lo juro por mi perro, lo MATO si me suelta otra de sus frases tipo:
—"Aww, el mafioso abandonado. Qué ternura."
«¿Ternura? ¿¡Ternura!?
Ternura le voy a dar yo cuando lo ahogue con todo y esa sonrisa burlona en la piscina y use tus zapatos de flotadores.»
Pero mientras espero que una de las dos baje: Ilena o Iris. Pero en especial Ilena.
—Joder...—Murmuré.
No debería estar aquí sentado. Tendría que ir a hablar con Ilena. No me gustaron sus palabras, su “te odio” cuando salió huyendo, ni cómo se encerró. Sé que lo que dije antes: “Nunca tengo prioridad contigo porque siempre alguien está interrumpiendo.” Estuvo mal. Fue cruel, innecesario. Ilena no se lo merece. Ella solo quiere un poco de atención, y yo... fui un cabrón. El peor.
Me levanté. Pasé la mano por el cabello y bufé.
—Vamos a arreglar esto, Duque.
El perro ni me peló. Caminé directo a la cocina. Necesito una excusa. Algo que la haga abrir la puerta. Y entonces lo recordé: sus malditas galletas favoritas.
Antes de que llegara a la cocina noté algo raro. Al entrar, Mariana ya no estaba. La muy desgraciada con las flechas enterradas... ya no estaba en la cocina. Solo un reguero de sangre seca en el suelo y la mesa manchada. Me tensé.
—¿QUIÉN MIERDA LA SACÓ DE AQUÍ?—Grité desde la cocina. En segundos, dos de mis hombres entraron.
—No sabíamos que debíamos vigilarla, jefe…
—Estaba empalada a una mesa, ¿cómo carajos no se dieron cuenta que ya no estaba?
No supieron qué carajos decirme.
—Busquen a esa perra. Ahora. No pudo haber salido de la isla sin ayuda. Y si descubro quién fue el idiota que la sacó, lo meto en el puto tambo donde Kevin está muerto. Y si no cabe, lo corto en pedazos.
Los inútiles se fueron sin decir palabra. Me lleva…
Perdió mucha sangre. Está débil. No pudo haber sido tan lejos. Estoy idiotas la encontrarán. Eso espero. Más les vale.
Ahora mi prioridad es Ilena e Iris.
Ellas primero.
Después, si sobra tiempo, el mundo.
Abro la alacena donde guardaron las galletas. Las únicas putas galletas que Ilena se come sin hacer muecas. Las de chocolate. Con chispas de chocolate blanco. Esas. Obligué a Derek a conseguirme varias cajas de galletas. Y de paso, caliento un poco de leche. No cualquier leche. La maldita de almendra que tanto le gusta. Le preparé un Chocomilk. Con hielos. Como a la enana le gusta. La vertí en una taza decorada con dibujos de perritos que ella misma me había obligado a comprar por internet. Y que también obligué a Derek a traer. Si Ilena iba a estar aquí, necesitaba que tuviera lo que podría necesitar. Me reí solo.
Subo con la charola. Y cuando estoy frente a la puerta, respiro hondo.
Golpeo suave con los nudillos.
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El Peso del Pasado
Romance⚠️ CONTENIDO, FUERTE Y EXPLÍCITO. NO APTO PARA MENORES DE 21 ⚠️ Un mundo de secretos, mentiras y sobretodo pasión. Dónde todos tienen una doble vida. Iris Wilder, una joven pintora, con un trauma psicológico. Adrián Carson, un hombre poderoso, el...
