Igor Petrov
¿No les pasa que huelen el terror aproximándose? ¿La maldad? Como un perfume dulce y podrido al mismo tiempo. Yo sí. La siento. Se arrastra, se escurre entre las grietas de este puto lugar. Pero, ¿qué más da? Estoy aburrido. Moriré de aburrimiento antes de que Adrián tenga los cojones y el tiempo de matarme. Principalmente el tiempo. Hombre ocupado. Al menos fue considerado en darme una cama cómoda. Se lo agradezco.
Han pasado días. Días sin verla. Y las ansias me carcomen. Esos ojos, joder, esos malditos ojos que arden como el infierno mismo. Esos labios que prometen veneno y placer por igual. Ese cuerpo hecho para la guerra y la destrucción. Y lo mejor de todo... esa frialdad suya, esa crueldad disfrazada de realeza.
Iris.
Ella fue la razón por la cual mi antiguo campamento ahora es un cementerio. Ella es la razón por la que mis hombres están muertos. Los únicos que tenía. La razón por la que estoy aquí, esperando como un puto perro encadenado. Todo porque decidió salvarle el maldito culo a su querido esposo en el último segundo. Fuego andante, eso es. Un incendio que consume todo a su paso.
Si no hubiera llegado, si no se hubiera interpuesto, habría destrozado a Adrián con mis propias manos.
Me paso la lengua por los dientes, saboreando la impaciencia que me quema por dentro. A este punto, debería estar enfurecido, maldiciendo su nombre, planeando cómo arrancarle todo lo que ama solo para verla arder en su propia desesperación. Pero no.
Porque Iris no es como los demás.
No la quiero ver sufrir, no la quiero ver derrotada. No. Yo quiero verla en todo su esplendor, en su gloria cruel, en su poder absoluto. Quiero verla destruirlo todo con sus propias manos, ver cómo el mundo se arrodilla ante ella.
Y quiero estar ahí cuando lo haga.
Mi risa resuena en la celda, seca, divertida.
-Puta madre, Iris... -susurro, apoyando la cabeza contra la pared-. Me tienes jodido.
Ni Adrián, ni su imperio de mierda, ni los hombres que me custodian con miedo en los ojos. Nada me importa. Solo ella. Solo verla otra vez.
No sé si quiero abrazarla o arrancarle la piel con los dientes.
Quizá ambas.
-¿Qué tan jodido, Petrov? -pregunta una voz melodiosa, un tono de burla y veneno disfrazado de dulzura.
Me tenso de inmediato. Su mera presencia llena cada rincón de este puto agujero, como si el aire se hiciera más espeso solo porque ella lo respira.
Aparece frente a mí, una visión que ni los dioses merecen. Un vestido azul marino se aferra a su cuerpo como si hubiera sido creado solo para adorarlo. Los tirantes cuelgan a los lados, dejando sus hombros al descubierto, piel perfecta que grita tentación. Su pecho resalta, cada curva suya es una trampa mortal hecha con precisión quirúrgica.
Y su cabello... castaño claro, cayendo en suaves ondas sobre sus hombros, como si la mismísima noche se enredara en su piel. Sus labios rosados, curvados en esa maldita sonrisa que promete placer y destrucción a partes iguales.
Pero son sus ojos lo que me jode.
Ese brillo demoníaco, esa intensidad que me perfora hasta el alma. Ojos de fuego, de caos, de algo que ningún hombre cuerdo podría domesticar.
Joder. Ahora te entiendo, Adrián.
-La mujer que he estado esperando por días... -susurro, tomando su mano a través de las rendijas y besándola con devoción enfermiza.
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El Peso del Pasado
Romansa⚠️ CONTENIDO, FUERTE Y EXPLÍCITO. NO APTO PARA MENORES DE 21 ⚠️ Un mundo de secretos, mentiras y sobretodo pasión. Dónde todos tienen una doble vida. Iris Wilder, una joven pintora, con un trauma psicológico. Adrián Carson, un hombre poderoso, el...
