Iris
Me recosté en el asiento del coche, sintiendo una mezcla de impaciencia y esa extraña serenidad que solo una mujer fuerte como yo puede cultivar en medio del caos. Llevábamos más tiempo del acordado y, aun así, él se daba el lujo de tenerme esperando en una bodega perdida en medio de la nada. Ni un alma. Solo viento, arena y mi mal humor. Miré a mi alrededor: el lugar era un desierto solitario, pero en su crudeza había una belleza salvaje, como un lienzo vacío esperando ser pintado con la luz dorada del atardecer. Las dunas de tierra se extendían como olas petrificadas, y el cielo, un vasto azul infinito, me recordaba que incluso en la desolación, la naturaleza encuentra su poesía. Solo que, en ese momento, mi estómago se revolvía con náuseas implacables. Era el embarazo, claro.
-¿Crees que vengan? -me preguntó Jonathan mientras tecleaba algo en su teléfono, su voz rompiendo el silencio como una brisa inesperada.
-Tienen que venir, de lo contrario, mataré a su hermanita.
-Iris... no te ves bien -levantó la vista y me examinó, preocupado.
-Nunca me veo bien cuando tengo ganas de vomitar -gruñí, haciéndole un gesto para que dejara de acercar su perfume a mi cara. Hoy todo me daba asco. Él, el aire, el olor del asiento... hasta existía la posibilidad de que yo me diera asco a mí misma.
-Oye, Iris, hablando de eso... ¿Ya buscaste nombres? Si es niña, ¿qué tal algo como Luna, por lo hermosa que eres tú? O si es niño, ¿tal vez algo fuerte como León, como tu guardaespaldas? Espera, ¿comes bien? ¿Duermes? ¿Adrián está emocionado? ¿Has pensado en padrinos? ¿Y si son gemelos?
Me quedé mirando a Jonathan, con el corazón latiéndome a mil por hora. Sus preguntas me caían encima como una avalancha, y encima, esas náuseas matutinas que no me daban tregua empezaban a revolverme el estómago otra vez. ¿Por qué tenía que bombardearme así? Intenté respirar hondo, pero mi voz salió temblorosa, nerviosa, mientras trataba de responder sin vomitar ahí mismo.
-Eh... sí, he pensado en nombres -balbuceé, frotándome la frente para disimular el mareo-. Si es niña, Luna me gusta, es... es bonito, como dijiste. Y si es niño, León suena fuerte, sí. Pero, Jonathan, por favor, no me atosigues tanto, me siento un poco... -Me interrumpí, tragando saliva para contener una arcada. ¿Por qué ahora?-. Sobre comer y dormir... bueno, como lo normal, y dormir... a ratos. Adrián está emocionado, sí, mucho. Padrinos... no, no he pensado en eso todavía, hay tiempo. Y gemelos... ¡ay, no lo sé! ¿Por qué lo dices? ¿Crees que...? -Me llevé una mano a la boca, sintiendo que la camioneta se movía un poco. Jonathan me miraba con preocupación, pero yo solo quería que parara de preguntar para poder relajarme y respirar. ¿Por qué todo tenía que ser tan intenso?
-Espera.
Me quedé mirando a Jonathan mientras rebuscaba en su maletín de doctor, sacando una bolsa negra pequeña. ¿En serio? ¿Una bolsa para vomitar? Mi confusión se mezcló con el nerviosismo, y sentí un calor subir por mis mejillas. Me la tendió con esa calma suya de médico, y yo la tomé sin saber qué decir, aunque mi estómago seguía revolviéndose.
-Ten, vomita aquí si quieres -dijo él, como si fuera lo más normal del mundo.
-No, no lo haré mientras me miras, se me pasará pronto -respondí rápido, pero agarré la bolsa por si las dudas. Apoyé la cabeza contra el vidrio, respirando despacio, tratando de calmarme. Jonathan me observaba con esa mirada preocupada que me ponía aún más nerviosa.
-Espero que lleguen rápido, quiero irme, este lugar está muy solitario... debo decir que me está sudando el cu-
El sonido de un auto llegó a mis oídos justo cuando Jonathan iba a decir una barbaridad. Jonathan no tiene remedio.
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El Peso del Pasado
Romance⚠️ CONTENIDO, FUERTE Y EXPLÍCITO. NO APTO PARA MENORES DE 21 ⚠️ Un mundo de secretos, mentiras y sobretodo pasión. Dónde todos tienen una doble vida. Iris Wilder, una joven pintora, con un trauma psicológico. Adrián Carson, un hombre poderoso, el...
