Adrián
Miro a Iris mientras duerme, hecha una bolita en los dos asientos. Su respiración es entrecortada, como si incluso en sueños su pecho doliera. Su rostro sigue hinchado de tanto llorar. Aún tiene rastros de lágrimas secas en las mejillas.
No dejo de pensar en lo que pasó cuando despertó de golpe. En cómo me miró. No fue solo miedo. Fue pánico.
Cuando tomé su mano, sus ojos se abrieron de inmediato, como si mi toque la hubiera arrancado de un abismo. Pero no me vio a mí. No al menos como esperaba. Y luego me golpeó.
No fue solo un intento de apartarme. No fue confusión. Me golpeó con la desesperación de alguien que lucha por su vida.
Tuve que llamarla para que volviera en sí. Para que me viera de verdad.
No sé qué me dolió más. Si su reacción o el hecho de que, por un momento, no me reconoció.
Cuando Derek la trajo cargando en sus brazos al jet, dormía tranquila. Pero su rostro decía lo contrario. Su respiración era pausada, su cuerpo estaba relajado, pero su expresión... su expresión estaba marcada por algo más.
Me di cuenta de que había llorado incluso antes de que Derek lo mencionara. Lo vi en sus pestañas húmedas, en la hinchazón de sus párpados, en la manera en que su ceño seguía fruncido, incluso en el sueño.
Y entonces, por un instante, perdí el control.
La idea de que Derek fuera el responsable cruzó por mi mente, y estuve a nada de abalanzarme sobre él. No solo porque la trajo así, sino porque lo hizo sin previo aviso, como si fuera un simple paquete. Sí, yo di la orden de traerla conmigo. Pero no pedí que la sedaran. No pedí que la manipularan así. Había maneras más fáciles de hacer que subiera a un maldito auto y traerla al jet sin necesidad de forzarla de esta manera.
"Era un sedante fuerte, pero le apliqué poca cantidad. Despertará en unas horas" se limitó a decir Derek, como si eso justificara todo.
No respondí. Solo la tomé en mis brazos, asegurándome de que estuviera bien. La sentí tan frágil en ese momento que lo único que impidió que le partiera la cara a Derek fue el hecho de que ella seguía ahí, en mis manos.
Pero me la cobraré. Y se cómo hacerlo.
Me siento junto a ella y la cubro con una manta que empaqué antes de salir. Es un detalle simple, pero necesario. Quiero asegurarme de que esté cómoda, de que no pase frío.
Observo su rostro con atención. Aunque duerme, su expresión no es tranquila. Es la de alguien que ha cargado demasiado, que ha luchado más de lo que debería. Alguien que, por primera vez, ha llegado a su límite.
Jamás la había visto así. No a Iris.
Ella siempre ha sido fuerte. Siempre ha sabido mantenerse en pie sin importar lo que pase. Pero ahora... ahora es diferente. Es como si hubiera decidido dejarse caer, como si su cuerpo y su alma ya no pudieran más.
Y si ese es el caso, si ha llegado a ese punto, entonces está bien.
Porque aquí estoy yo.
Tomo su mano con cuidado, enredando mis dedos con los suyos. Su piel sigue tibia, sigue viva. Y eso es lo único que importa.
No me importa lo que tenga que hacer. No me importa cuánto tiempo tome o qué precio deba pagar. Haré lo que sea necesario para que ella esté bien. Para que pueda sentirse segura. Para que vuelva a encontrar paz, aunque ahora le parezca imposible.
Ella no tiene que cargar con todo sola. No mientras yo esté aquí.
...
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El Peso del Pasado
Romance⚠️ CONTENIDO, FUERTE Y EXPLÍCITO. NO APTO PARA MENORES DE 21 ⚠️ Un mundo de secretos, mentiras y sobretodo pasión. Dónde todos tienen una doble vida. Iris Wilder, una joven pintora, con un trauma psicológico. Adrián Carson, un hombre poderoso, el...
