Capitulo 38

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Adrián

Derek aparece como tormenta en pleno agosto. Cara de pocos amigos, cejas fruncidas, las orejas casi echando vapor.

-Oye, Derek...

-Hoy no me hablen, no me toquen, no me den cariño, que me está cargando el putísimo diablo. Váyanse todos a la mierda. Menos Iris, bye.

Y pasa de largo como si nada. Todos nos quedamos en silencio. Marcus lo mira con ojos de plato y susurra:

-Me sorprenden sus cambios de humor.

-¿Qué mierda le pasa ahora?

Veo a Aliana llegar hasta nosotros. Se sienta frente a la mesa como si se le acabara de caer el mundo encima. Tiene esa cara de enojo existencial, mezcla de "¿por qué todo me pasa a mí?"

-Eso es -digo, asunto resuelto.

Estoy a punto de preguntarle qué le pasa. Me preocupa, un poco. Pero no sé cómo hablar con ella... no tenemos esa relación. No hay esa confianza de "hermanos que se cuentan cosas". Solo estamos intentando digerir el hecho de que lo somos. Y eso ya es bastante.

Me ha pasado varias veces: noto que a veces quiere hablarme, o al menos eso parece. Como si empezara a decir algo y se tragara las palabras. Como si ambos hubiéramos construido un muro de cristal entre nosotros. Podemos vernos, pero no tocarnos, no cruzar al otro lado. Y aunque se siente raro... no se siente mal. No incómodo. Solo... extraño.

Respiro hondo. Estoy por decirle algo. Lo que sea. Un "¿estás bien?", aunque suene forzado.

Pero antes de que pueda, aparece Ilena.

-Miren, ella es Layna. Es la novia del hermano de mi tía Iris -anuncia Ilena, con esa seguridad descarada con la que solo ella puede irrumpir en cualquier lugar sin pedir permiso.

Llega a la piscina como si fuera una maldita anfitriona de evento.

Levanto la mirada. Automático. Busco a Iris, por si Ilena viene con ella. Pero no. Solo está esa tal Layna, incómoda, como si quisiera que se la tragara la tierra. A su lado, el maldito Duque, como el maldito perro guardian que es de Ilena.

Marcus y Jonathan apenas la miran. Aliana ni siquiera pone atención.

-No soy su novia, niñita -responde la chica con una mueca.

-Amiga, ¿contenta? -revira Ilena sin parpadear.

-Ilena, ven aquí -le ordeno, ¿por qué está con una desconocida? ¿Dónde está Iris?

Dejo la laptop sobre la mesa. Sí, estoy trabajando en vacaciones. ¿Por qué? Porque tengo un imperio que no se maneja solo. Y porque tengo el permiso oficial de mi esposa para hacerlo. Sin su aprobación, ni el WiFi me atrevo a tocar.

Ilena llega rápido. Va jugando con sus dedos a la espalda, tronándolos. Escucho como crujen. Su tic cuando está nerviosa. ¿Y ahora qué hiciste?

-Mande -me dice con esa sonrisita nerviosa.

-¿Quién es esa y dónde está Iris?

La chica desaparece con alguien del servicio. Escucho como le pregunta que si tiene Tequila.

-Una amiga. Mi tía Iris está con su hermano que se está muriendo, creo. No sabía qué la tía Iris tuviera un hermano -responde y se sienta a mi lado como si nada. Toma mis lentes de la mesa y se los pone. Yo la observo con incredulidad.

-¿Por qué te pones mis lentes? Tienen aumento. Te vas a dañar la vista -le digo, frunciendo el ceño. No es un juguete, intrusa. Dejo pasar por un momento lo que me dijo Ilena respecto a su hermano.

El Peso del Pasado Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora