Capitulo 45

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Iris

No sé por qué carajos Bruno no nos mencionó nada al respecto. ¿Cómo que Ilena no ha salido de su habitación en todo el día y apenas se le ocurre decirnoslo ahora? A Adrián le hierve la sangre y yo estoy que muero de angustia. Vamos los dos de inmediato, disculpandonos con Amelia y Ethan.

—Nena, ¿podemos pasar? —Su voz se suaviza, preocupada, aunque su mandíbula apretada lo delata. Se inclina hacia mí cuando no recibe respuesta y me hace una seña: te toca.

Yo me quedo pensando y sonrío. Tengo una idea.

—Corazón, si abres la puerta, te dejo hacer lo que hablamos en el puerto… lo de pintar —lanzo la carnada con la voz más dulce del mundo.

La puerta se abre al instante y ahí está Ilena, con esa sonrisita traviesa que me arranca una mezcla de ternura y escalofríos.

—¿Qué va a pintar?

—Pregunta incorrecta. — Es a quien va a pintar, mi amor. Claro que no le voy a arruinar la sorpresa cuando se despierte con la cara toda pintarrajeada.

—Hola, tía Iris. Me encantan estos tratos —dice, estirando su pequeña mano como toda una empresaria cerrando negocios. Se la estrecho y no puedo evitar reír.

—¿Por qué no has salido en todo el día? Puedes decirnos, estamos para escucharte y no dejarte sola —aprieto su manita, quiero que confíe en nosotros...

—Se que puedo hablar con ustedes… pero he estado estudiando.

Adrián entrecierra los ojos, como sabueso oliendo una mentira.

—No tienes libros, nena.

—Los memoricé, no necesito libros.

—¿Ah sí? —Él se cruza de brazos—. Entonces dime, ¿qué estabas memorizando?

—La enciclopedia. Completa.

—En ocho horas. —La ceja de Adrián se arquea con peligro.

—Tengo buena memoria —contesta ella, desafiante.

Yo intento no reír, pero es inútil. Adrián no cede.

—A ver, recítame la página 342, párrafo dos.

Ilena se pone nerviosa, un poco. 

—La página 342 no tiene párrafo dos, solo una nota al pie.

Adrián frunce el ceño, pero Ilena ya va por la siguiente mentira:

—Además, descargué los libros en la laptop.

—No tienes laptop.

—Tengo la de mi tía Iris.

Pestañeo, incrédula —¿Tienes mi laptop?

—Esa laptop es para trabajo, Ilena.

—Exacto. Estaba trabajando… en mi tarea.

Adrián ya medio rojo.

—Tú no tienes tarea.

—¡Obvio! Porque la entregué ayer.

—Ayer era domingo. —Adrián suelta, triunfante.

—Sí, pero mi maestra me lo encargó por WhatsApp.

Adrián abre la boca para contestar, pero se detiene. Frunce el ceño.

—Tu maestra no usa WhatsApp.

Si Adrián lo dice es por qué se dio la tarea de investigar a la maestra. No tiene WhatsApp. Ilena se encoge de hombros.

—Pues abrió cuenta ayer… ¿qué, no la tienes agregada?

El Peso del Pasado Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora