Adrián
No sabía cuál de los Novak había sido lo suficientemente estúpido como para acercarse a mi mujer, pero no importaba. No habría excepciones. No habría misericordia. Esta noche, todos pagarían el precio.
La fortaleza de los Novak se alzaba en la distancia, un nido de ratas esperando ser exterminado. Rick había seguido a uno de ellos desde las sombras, dejándolo llevarlo directamente al escondite de su familia. Una decisión que le costaría la vida a todos los suyos.
—En posición —avisó Derek a través del comunicador.
Podía oír su respiración contenida, la tensión antes de la tormenta.
—No hay manera de que escapen —confirmó Rick, su voz letalmente tranquila.
Me llevé un cigarro a los labios, encendiéndolo con calma. La brasa brilló en la oscuridad mientras exhalaba el humo lentamente. Era el último respiro de los Novak.
—Dos minutos —dije, ajustando mis guantes y revisando el seguro de mi arma.
El tiempo se consumió con la misma lentitud con la que se consume un cigarro.
Y entonces, el infierno se desató.
—Ahora.
El rugido de los misiles desgarró la noche. Tres explosiones simultáneas convirtieron la fortaleza en un espectáculo de fuego y destrucción. La tierra tembló bajo mis botas mientras los muros estallaban en mil pedazos. El resplandor anaranjado iluminó la noche como una maldita aurora infernal.
Las camionetas frenaron en seco. Mis hombres saltaron de ellas como depredadores liberados de su jaula, armas en mano, ojos encendidos con la promesa de sangre.
Los Novak intentaron reaccionar. Algunos salieron tambaleándose entre los escombros, pero apenas asomaban la cabeza, Derek los abatía con disparos certeros desde su posición elevada. Los hombres intentaron correr, pero Rick y su equipo los esperaban en la entrada, sus rifles escupiendo plomo con precisión quirúrgica.
Yo avancé entre el caos, con pasos firmes y mirada helada. Cada explosión reflejaba mi determinación en el fuego que danzaba a mi alrededor. La adrenalina era un veneno delicioso en mis venas, afilando cada sentido, volviendo mis movimientos letales y calculados.
Un Novak salió de entre los escombros, tambaleándose, cubierto de sangre y polvo. Me vio. Sus ojos se abrieron con terror. Sabía quién era yo. Sabía que era su final.
—P-por favor… —balbuceó.
Le disparé en la frente sin detenerme.
Un rugido de fuego estalló detrás de mí cuando una segunda explosión sacudió lo que quedaba de la fortaleza. El cielo se llenó de cenizas y chispas mientras los Novak corrían desesperados, presas del caos que nosotros habíamos desatado.
Rick se acercó a mi posición, su rifle aún humeante.
—Quedan algunos escondidos en el ala oeste —informó.
—Quiero a todos muertos.
Mi orden fue recibida con el eco de más disparos, más gritos, más muerte.
Me detuve entre las llamas, observando lo que quedaba de los Novak arder en su propia miseria. Esto era más que venganza. Esto era una maldita lección.
Nadie toca y amenaza a Iris Carson y vive para contarlo.
…
—Todos muertos —informa Rick por el comunicador.
La ira sigue allí, ardiendo en mis venas como un veneno. No es suficiente.
Me doy la vuelta y camino hacia una de las camionetas. Lo único que quiero es llegar con Iris, verla, asegurarme de que está bien. Algo en mi pecho no se calma, un mal presentimiento me oprime el pecho como un puño cerrado. Quizá sean ideas mías. O quizá no.
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El Peso del Pasado
Storie d'Amore⚠️ CONTENIDO, FUERTE Y EXPLÍCITO. NO APTO PARA MENORES DE 21 ⚠️ Un mundo de secretos, mentiras y sobretodo pasión. Dónde todos tienen una doble vida. Iris Wilder, una joven pintora, con un trauma psicológico. Adrián Carson, un hombre poderoso, el...
