Aliana
—Ya están aquí.
No hay lugar para el pánico, ni para el error. El crujido del piso del pasillo lo confirma: mínimo tres enemigos. Uno está flanqueando la ventana. El otro intenta entrar por la puerta principal. El tercero… ese es el inteligente. El que espera a que los demás mueran para entrar por mi espalda.
Perfecto.
Escuché un disparo hace minutos. Pensé ignorarlo, pero algo en mi instinto se levantó de golpe, como una alarma genética. Esta isla es jodidamente grande, y por supuesto, elegí el punto más alejado de la villa. Siempre me preparo para la guerra, incluso cuando luzco como una diosa en un vestido azul marino hecho a medida. El mismo tono que esos malditos ojos de Derek. No, la verdad es que no hay color alguno que se parezca al de Derek. Yo hago el intento de hacer juego con él... Romántico.
Deslizo la mano bajo la cama. Mis dedos encuentran el acero del maletín táctico. Lo saco. En veinte segundos tengo ensamblado el rifle, el silenciador ajustado y los cargadores listos.
El primero entra. Cae con un disparo limpio al cráneo antes de que llegue al centro de la habitación. El segundo intenta escalar por la ventana. Otro tiro. Cuello perforado. Ruido húmedo. El tercero se lanza sobre mí desde el baño como un animal.
¡Pum!
Lo esquivo, rueda por el suelo. Patada al pecho. Disparo en la pierna. Grita. Lo remato con una navaja al cuello que tenía debajo de mi vestido. Silencio.
Jamás disparar al pecho.
No es una opinión. Es un hecho. Estos idiotas usan chalecos tácticos de nivel IIIA o superiores. A lo mucho, una bala en el centro de masa los noquea unos segundos. Pero no los mata. Y en el campo real, segundos son suficientes para que te arranquen la garganta.
¿Quieres matarlos? Dispara a la cabeza. A la sien. Al cuello, justo donde se hunde la clavícula. Chaleco no cubre eso. Ni casco estándar. Y si usas munición perforante, mejor. Siempre hay que ir un paso adelante del blindaje. Además, lo más importante es tener buena puntería para dar en esos puntos.
Pero bueno, en este caso le rebane la garganta.
—¿No puedo tener una cena en paz con mi hombre sin que el mundo intente matarme? —Gruño, limpiando la hoja con su ropa.
Mi celular vibra. El mensaje es claro.
>Te encontramos. No fue difícil. Lo difícil será decidir qué parte de ti rompo primero. Mis hombres solo siguen órdenes, y los traidores no merecen suavidad. No esperes respeto, ni compasión. Te lo ganaste, gatita.
Henrry. El bastardo. Su amenaza me la paso por el puto culo.
—Debí dejar que Mikhail te volara la cabeza en Moscú.
Abro el doble fondo del maletín. Activo el localizador insertado en mi nuca. Estoy manda una señal a un solo computador. Invisible para todos excepto una persona. Si me capturan, si me drogan, si me torturan… él sabrá. Él vendrá. No es que lo necesite, él es quien me necesita. Puedo decir que soy sus ojos y oídos de lo que pasa aquí.
Le mande o no la señal, él sabrá. Da igual.
Envío un mensaje a Iris. En código, le doy informe de la situación. No tengo tiempo para contactar a Derek. Él lo sabrá pronto. O me verá en la morgue.
Activo la autodestrucción del maletín con una clave: "Cenizas."
No es la gran clave, pero es la clave.
Tomo mi chaqueta de cuero antes de salir.
Salto por la ventana con el rifle cruzado en la espalda y una pistola en mano. Dos hombres me apuntan entre los árboles.
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El Peso del Pasado
Romance⚠️ CONTENIDO, FUERTE Y EXPLÍCITO. NO APTO PARA MENORES DE 21 ⚠️ Un mundo de secretos, mentiras y sobretodo pasión. Dónde todos tienen una doble vida. Iris Wilder, una joven pintora, con un trauma psicológico. Adrián Carson, un hombre poderoso, el...
