ESTRELLAS

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ELIZABETH POV - PARTE 2


- ¿Ella va a estar bien? - Pregunta Amanda tan pronto como cierro la puerta y me acerco a ella.

Su expresión es de clara preocupación.

- Es Alison - Digo abrazándola y besando su frente con cariño. - Claro que estará bien -  intento convencerme a mí misma, más que a Amanda.

Le tomo las manos y le doy una sonrisa para consolarla y asegurarle que todo está bajo control, aunque no sea así.

Y ella claramente lo sabe, pero también está tratando de convencerse de que todo está bien.

- Ven, vamos a cambiarnos. - Digo guiándola hacia la habitación.

- ¿A dónde me vas a llevar? - Cuestiona, pero no se opone. Incluso cuando no respondo y con una sonrisa, suelto su mano y elijo un vestido ligero de su armario.

Me encanta este vestido en particular.

Se parece mucho al que llevaba en nuestra noche en el restaurante. La noche de las alianzas.

Me acerco a Amanda, nostálgica, y le extiendo el vestido mientras ella observa en silencio cada uno de mis movimientos, esperando una respuesta que no va a llegar por ahora, y al mismo tiempo pensativa, como si estuviera atando cabos.

Suspira resignada y, con una leve sonrisa, toma el vestido.

- No me vas a dar ni una pista, ¿verdad?

Niego, mientras la ayudo a cambiarse.

- Solo respóndeme una cosa... - Hace este último intento. - ¿Tiene algo que ver con tu retraso?

Detengo lo que estoy haciendo para mirarla.

Por su sonrisa, no necesito responder. Ella ahora sabe que no llegué a tiempo ayer porque estuve preparando esta sorpresa.

No tiene sentido negar lo obvio.

Y yo tampoco me atrevería. Está estampado en su rostro que esa información es un bálsamo en sus heridas.

Y en este momento, eso es todo lo que me importa.

Retomo mi difícil tarea de ayudarla a vestirse sin dejarme llevar por las ganas de terminar lo que empezamos antes.

Por más innecesario que sea ayudarla a cambiarse, me gusta hacerlo. Es algo nuestro, un hábito adquirido, algo que desde la primera vez se convirtió en una demostración de respeto, cariño y cuidado. No sucede con frecuencia, pero lo hago siempre que puedo.

Después de ponerle el vestido, vuelvo al armario en busca de zapatos.

No hay muchos, pero hay suficientes pares para elegir.

Y son todos suyos. Comprados con su propio dinero.

De hecho, prácticamente todo en esta casa fue conquistado con su propio sudor.

Y no podría estar más orgullosa de la mujer de la que me enamoré.

Amanda se sienta en la cama mientras elijo su zapato.

Elijo uno que me parece cómodo y que sé que quedará bien con el vestido.

Me paro delante de ella y, bajo su atenta mirada me pongo sobre una rodilla y le pongo los zapatos.

Al terminar, me coloco entre sus piernas, acercándome e inclinando el rostro lo suficiente para que ella pueda besarme.

Y no me decepciona.

Un beso delicado. Corto. Pero cargado de sentimientos.

Me levanto con una media sonrisa y me cambio delante de ella. Quien permanece inmóvil, solo observándome.

LA EXTRANJERADonde viven las historias. Descúbrelo ahora