Chapter 71

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Caminos sin Retorno

Ameera:

—¿Estás bien, amor? —le pregunto en voz baja.

Finnick asiente, pero lo conozco demasiado bien como para creerle. Sus ojos siguen clavados donde Mags descansa.

—¿Es por Mags? ¿Te sientes...?

—Déjalo, A. — No quiero dejarlo y solo lo abrazo con fuerza

— Estaremos bien... —susurro—. No dejaré que nada le pase. Te lo prometo.

Siento cómo su cuerpo se rinde un poco contra el mío. Nos separamos un poco del abrazo y me besa. Es lento. Cálido.

El silencio vuelve, pero ya no pesa igual.

—¿Sabes? —digo al cabo de un rato—. Katniss me recuerda demasiado a una historia que mi madre me contaba cuando era niña.

Finnick me mira, curioso.

—De una artista —continúo—. Fue obligada a convertirse en cazadora. Su voz la salvó en la arena... pero su espíritu rebelde la condenó.

—¿Y qué tiene que ver Katniss con eso? —pregunta—. Es todo menos una artista.

Me río suavemente.

—Es una cazadora obligada a convertirse en artista —respondo—. Y es su espíritu rebelde el que nos condenó a todos.

Finnick guarda silencio unos segundos.

—¿Qué pasó con la artista de tu historia?

Miro el horizonte. El cielo empieza a aclararse apenas.

—No lo sé —admito—. Me gusta pensar que tuvo una gran vida. Que hizo lo que quiso. Que murió en paz.

Me pierdo un instante en esa idea. Libertad. Cuando los rebeldes nos rescaten, podremos en verdad ser libres?

—Tú fuiste criada para ser las dos —dice de pronto.

—¿Qué?

— Eres una artista y una cazadora

Sonrío, aunque duele un poco.

—Igual que tú —le digo—. Y eso tampoco nos salvó.

Finnick suspira.

—Ese es el truco —responde—. No hay escapatoria.

—Si esta Arena no estuviera diseñada para matarnos... —digo, intentando bromear— sería muy romántico.

Por primera vez en horas, sonríe genuinamente.

—Ya lo creo —dice—. Ahora, por favor, ve a descansar.

—No —respondo—. Tengo una mejor idea.

Pasamos las horas tejiendo cuencos con fibras húmedas. Dos para el agua. Cuando el sol empieza a levantarse, pescamos, más él, que yo, siempre él será el especialista en ello. Yo recojo hierba y ramas y construyó una estera que proteja del sol a mis aliados.

Cuando termina, me acerco por detrás y rodeo su cintura.

—¿Sabías que mi esposo se ve muy guapo siempre?

Él se ríe.

—¿Aun con las costras?

—Siempre te ves guapo —respondo sin dudar.

Se gira y me besa. Y por un segundo —solo uno— la Arena no existe.

Nos ponemos a abrir las criaturas con mi cuchillo. Las conchas ceden con un chasquido húmedo, y el olor salado del mar se mezcla con el amanecer. Llenamos un cuenco de mariscos y comemos otros pocos, bueno, él me da de comer como niña chiquita y yo sonrío. Pero nuestro momento es interrumpido porque Katniss se levanta

Panems QueenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora