The Necklace

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Las cosas peligrosas siempre son las mas atractivas y ese rostro hecho de porcelana y joyas no era más que la carcasa de un ser un tanto malvado, dispuesto a matar si se lo proponía, si tocabas lo que era suyo, pero Thorin no estaba muy seguro, Balin siempre había pecado de desconfiado, esa mujer hermosa no podía ser malvada, con sólo verla podías acercarte un poco a aguas imperecederas y el paraíso que se reflejaba en tonos celestes en aquel par de hermosos ojos como la corriente de un rio, cristalinos, fieros, era una belleza pura.





El banquete terminó, Muirgen paseó por aquellos corredores iluminados por antorchas rojizas y naranjas que le daban algo de vida por la noche, algo le llamaba desde una esquina cerca de la biblioteca, ahí estaba un pequeño ser algo chistoso de nariz redonda, cabello miel revuelto y lleno de hojas secas, estaba escondido mirado a todos lados, decidió no verlo más, seguramente seguía a los enanos pero no era uno de ellos, caminó directamente a los aposentos de Thranduil seguida por el pequeñín, aunque le daba la sensación de que éste se creía invisible, se detuvo en las escalinatas.

– Se que estas ahí, ¿por qué te escondes en la oscuridad?- preguntó haciendo que el pequeñín se quisiera fundir con la roca , lo pasó de largo para mostrarle una sonrisa en el rostro.

– no me escondía, simplemente estaba recuperándome de la caminata- se sentó muy cerca de la cama para ver directo a las escalinatas, pero el pequeño seguía sin moverse.

– ¿qué es lo que atrae tu atención?- preguntó Thranduil con los ojos fijos en la dirección que los de la princesa tomaban, pero ella negó rotundamente sonriendo.

– nada, pienso, ¿qué gemas deseas tanto?- preguntó mientras que con una mano algo elevada dejaba caer una cascada de diamantes, rubíes y algunas esmeraldas.

– un collar, era de Alena, son gemas de Nauglamír- la mirada de Muirgen bajó un poco, es por eso que ofrecía dejar en libertad a los enanos, por un recuerdo de Alena, sí, estaba celosa, celosa de una elfa muerta.

– Nunca se lo pude dar, pero ahora quiero que lo tengas, Muirgen con eso sabrás que mi corazón tiene grabado tu nombre en cada rincón- iba a llorar pero Thranduil negó quitándole el principio de aquellas gotas que iban a empapar sus mejillas rápidamente.

– no, no más lagrimas Muirgen, pronto encontraremos una forma de estar juntos, Legolas hará su vida con Tauriel y tú y yo– la levantó de la silla para pegarla a su cuerpo aunque su vientre creído no lo dejaba estar tan cerca como quisiera.

– es decir, nosotros, nos querremos hasta el final, hasta que la tierra se deshaga y vuelva a nacer de entre la cenizas, no voy a dejarte ir, me regresaste de la muerte y eso sólo quiere decir una cosa, nos pertenecemos en cuerpo y alma- la besó dulcemente, con fervor, labios hechos brazas, cuerpo unidos por una línea mágica entre las distancias, respiraciones que se vuelven tifones internos, roce de pieles sedosas, eso es el amor, amor que traspasa hasta la muerte misma.

– Nadie pensaría que el rey que mandó al enano a los calabozos estaría diciendo estas cosas más tarde- pasó su cabello detrás de su oído con mucho amor para despues darle un beso pequeño y lleno de amor, Thranduil sonrió algo apenado, era una parte completamente diferente a la mascara que seriedad y frialdad que lo cubría por las mañanas o cuando salía a cazar con una compañía de elfos, era la única que podía ver sus sonrisas, ese ligero rubor en sus mejillas cuando le decía lo guapo que se veía con sus trajes hechos a la medida.

Forbidden Love [Thranduil]  || WATTYS LONGLIST 2018|| PROCESO DE CORRECIÓNHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora