Dark Ivy

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Tiempo, esa pequeña palabra que describe cantidades exorbitantes de memorias y aprendizajes tanto individuales como colectivo. Sólo el tiempo podía curarlo todo, sanar de una forma u otra con sus días y noches el dolor de una guerra que había dejado secuelas. O al menos eso pensaba la reina de Mirkwood mientras veía que sus hijos entrenaban fielmente con Tauriel en el campo verde dónde los otros jóvenes elfos absorbían el conocimiento sobre los arcos y flechas.

Ahora sus dos hermosos pequeños eran alto, de cabello dorados, con ojos azules pero de diferentes tonos, Caleb se volvió vigoroso pero conservando la delgadez  de su padre y hermano, mientras tanto Ithil sacaba partido a sus nuevos atributos que a su padre no le parecía adecuado desde el momento que la vio con un vestido hermoso de gaza azul, no cuando los ojos claro de algunos elfos se desviaron con delicadeza.

Todo iba bien o al menos pintaba de esa forma, después de que Legolas abandonara el reino dejándola a cargo de su padre y argumentando en una carta que su matrimonio no le hacía feliz, como era la costumbre los anillos de oro se destruyeron, rompiendo todo compromiso, tal vez era la solución más fácil ante los ojos de todos, pero nunca cruzó por sus cabezas, la situación de aquellas épocas les nublaba el pensamiento.

Ahora junto al rey se sentía plena, así como Legolas podía simplemente jurar su amor con Tauriel ante Eru, pero esa era otra historia que aun ellos no estaban dispuestos a escribir. Era casi increíble que hubiesen pasado casi sesenta años desde que su vida había dado un vuelco.

— Siempre tan pensativa— resopló la voz de Thranduil junto a ella, le sonrió levemente  para mostrarle la carta que había llegado desde la comarca, Thranduil alzó su espesa ceja, hacía mucho que el mediano no se reportaba con sus pequeñas cartas a los niños como les llamaba o para su reina.

— El señor Baggins está por cumplir ciento once años, vaya dicha para un mediano— comentó abrazando a su amada, ella asintió releyendo la carta dónde les daba una invitación abierta a su cumpleaños, además agregaba que comprendería si no asistían pues no se podía dejar el reino desprotegido.

— Enviaré un regalo propio, no me parece adecuado asistir cuando los enanos están ahí—Muirgen roló los ojos sin antes darle un beso en los labios ligeramente, aun le parecía extraño que un hobbit viviese tanto, le alegraba pero, no dejaba de rondarle en la cabeza la fuente de la longevidad del señor Baggins o Bilbo como le llamaba en sus cartas.

«Gandalf el gris» se escuchó la voz del elfo de la puerta que anunciaba al mago, los jóvenes fueron los primeros en recibirlos ya que siempre cada cumpleaños de los gemelos llevaba hermosa pirotecnia para amenizar el festejo o para celebrar un aniversario más de los monarcas del bosque negro.

— ¿Dónde está su madre chicos?— Caleb se detuvo en seco virando la mirada para poder encontrar a su madre por los pasillos pero su esencia parecía no estar en el reino.

— Debe estar en la orilla del río leyendo— culminó Ithil sonriendo, se le parecía tanto pensó el mago antes de agradecer e inclinar un poco su cuerpo. Los príncipes vieron desaparecer a un nervioso Gandalf por dónde el sendero llevaba al río, Ithil alzó una ceja cruzando los brazos a la altura de su pecho.

— Extraño— susurró haciendo que su hermano le dedicara una pesada mirada, pero leyó los pensamiento de  Ithil y se encontró con aquellas hipótesis que emergían de su cerebro como estelas en una noche negra.

— Le dirás al abuelo— preguntó Caleb pero no recibió respuesta de su hermana la cual se encaminó a sus aposentos apretando el paso, señal de que no quería ser molestada, por su parte Caleb bajó hasta dónde Tauriel se encontraba con los demás guardias los cuales se preparaban para ir a caza.

Forbidden Love [Thranduil]  || WATTYS LONGLIST 2018|| PROCESO DE CORRECIÓNHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora