-LV-

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Ya nada parecía tener un sentido literal para Marco, había abandonado los talleres de regularización de la escuela y su futuro escolar era incierto.

Los últimos rayos del sol, naranjas se habían disipado y el purpura de la noche obligaba a las lámparas del alumbrado público a encenderse en un un orden desigual.

Noches sin dormir y una constante necesidad por tener en su cobijo a Michelle era todo un tormento. En casa sus padres estaban haciendo preguntas que él no quería contestar, le llenaban de vergüenza el solo hecho que ellos se preocuparan por él. No había nada que pudiera hacer, la rubia era la única forma de regresar a la normalidad, se había convencido erróneamente de eso.

Por el momento de sentir la adrenalina de la velocidad en su motocicleta era el único bálsamo que aliviaba su dolor. Pero como una dependencia, cada vez le exigía más y más. Se había vuelto más arriesgado al manejar rápido en calles y boulevares del vecindario. Llevaba la motocicleta a la escuela "escondiendola"detrás del contenedor de basura. Pasadas las semanas, se sentía seguro de que nadie lo reconociera. Se volvió descuidado.

En el pecho llevaba un ramo de bellas rosas rojas envueltas en un papel blanco mate, eran para Michelle, iba a su casa a toda velocidad. Le rogaría, haría cualquier cosa para que le diera una oportunidad; no podía perder tiempo, teniendo a Remy de vuelta. Maldijo cuando lo miro, maldijo cuando se comporto como si el, Marco, el jugador estrella del equipo de baloncesto de la preparatoria, fuera insignificante. Era en ese momento o nunca.

Ignoraba si Michelle recordaría su motocicleta de aquel accidente, jamas menciono nada sobre ello, como si otra experiencia hubiera sido para ella. Aun así la dejaría estacionada a la vuelta de la esquina de la calle donde la casa de la rubia se encontraba.

Llegó a la puerta, se acomodó el cabello inútilmente y acomodo las flores antes de tocar el timbre.

Nadie salió. Eso ya había pasado en los días anteriores, tocó de nuevo. Se impaciento miró hacia las ventanas de la segunda planta para ver si la rubia estaba escondida detrás de las cortinas, pero no encontró a nadie ahí. Tocó otra vez. Sin cambios, exasperado se disponía a tocar la puerta con su propio puño cuando escuchó.

- ¿Qué quieres ahora Marco?

La voz de Michelle le llegó desde la acera del frente que la rubia ya cruzaba decididamente, su voz estaba cargada de hartazgo por tener que repetir la misma escena de las últimas veces que se habían visto las caras y esa tarde no estaba del mejor humor.

- Necesitaba verte... y darte esto... -extendió el ramo de rosas-

Ya en la misma acera, Michelle se quedó a dos metros de distancia de él, lo miró con frialdad, no rompería todo el trabajo de mantener esas emociones extremas bajo control, pero sabía que estaba cerca de dejarse llevar por la furia.

- Detente, Marco, ¡ya! -de sus ojos brotaron chispas- No he dejado de decirte que no importa cuánto te esfuerces, no voy a cambiar de opinión.

Ya el rostro desencajado de Marco se notaba, ese tono rojo alrededor de su nariz lo hacían lucir en malas condiciones pero escuchar eso le constipada el rostro.

- ¡Por favor Michelle! ¡Solo te pido una oportunidad! -casi chillo él-

Con pena, suspiró profundamente, ya estaba cansada, no deseaba poner sus fuerzas en Marco, no las merecía.

- Una vez más. -lo miró desafiante- No, Marco. No importa todo lo que hagas no va a pasar...

Rogó al cielo que al intentar luchar por Remy, ella no se volviera en esa imagen que ahora Marco por "luchar" por ella.

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