-XLIX-

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Puebla. Cuatro semanas atrás.

El olor a tierra recién mojada, no por lluvia, sino por el riego a las calles empedradas para barrerlas, viajaba en el aire; los ladrillos de rojo pálido, con los que la mayoría de los muros estaban construidos le parecían como ese rojo de las hormigas que contrastaban con el verde de los arboles perimetrales de la calle.

Tuvo que usar su mano como visera para bloquear algunos de los oblicuos rayos de sol que emergían por detrás de la torre del campanario de la iglesia, erguida en piedra de cantera rosa, como el pináculo de los edificios a la redonda del centro de la ciudad, no había nada que rebasara esa altura, por coincidencia o porque así los pobladores deseaban fuera, que esa punta de forma de cruz, en ese verde de bronce oxidado, fuera lo más cercano al cielo, coronando la ciudad.

El olor a pan horneado también transitaba en la atmósfera dejando al petricor de unos metros atrás, y esto le abrió el apetito. Doblo la esquina y delante de él pudo vislumbrar ese clásico quiosco al centro de la plaza principal del pueblo. De tejas color rojo hormiga, herrería de acero en color negro mate y un piso de ladrillo igualmente rojo, el quiosco recibía la plenitud de la iluminación del sol y a su alrededor distintos árboles, arbustos y pastos verdes en las jardineras que circundaban toda la plaza. Había una quietud en el ambiente, el ruido de pocos autos causaba sorpresa a un Remy acostumbrado al ajetreo de la ciudad.

Cruzo la calle para caminar serenamente sobre el perímetro de la plaza y mientras lo hacía imaginaba como debía de ser ese lugar los domingos, los días de fiesta; la gente abarrotando el lugar, en el quisco una banda de música regional, globeros, vendedores de dulces deleitando a las familias que buscarían pasar un rato familiar en el corazón de su población... "familias felices", pensó él. No pudo evitar que un suspiro saliera de su pecho, ya no deseaba flagelarse con lo que nunca pudo ser con él y su familia. Sabía muy bien que esas imágenes que él producía en su mente debía de no perturbarlo y de inmediato sacó su mente de lo imaginario para volver a encontrarse con ese olor a pan recién horneado y se decidió seguir su rastro. Esto último lo llevo a una cafetería donde preguntó por aquel delicioso aroma.

- ¿Cemitas? –alguna vez oyó de ese platillo, pero nunca lo había probado-

- ¿Estás en Puebla y no has comido cemitas? –con aire de sorpresa cándida la chica que atendía el mostrador de la cafetería no daba crédito-

Torció un poco la boca en signo travieso como si un error no deseado hubiera cometido.

- Estoy orgullosa de mi ciudad y este platillo es una herencia cultural de muchas generaciones. –con claro entusiasmo la chica del mostrador le extendía con ambas manos el platillo mientras decía- Disfrútalo por favor. –se alejó regalándole una sonrisa-

Con gesto de agradecimiento, Remy asintió. Echo un vistazo a la "cemita", nunca había visto una, pero le era familiar, lucia como un "torta", sin embargo, olía distinto, el pan era recién hecho, el ajonjolí que lo adornaba le daba otro aspecto junto con todos los ingredientes que tenía, un instante después actuó con el respeto que aquella chica le había compartido sobre la herencia cultural que era ese platillo y comenzó a comer.

Habiendo saciado su apetencia y haber agradecido a la chica del mostrador por guiarle en tan rico platillo, se dispuso buscar un lugar adecuado para escribir algunas notas. Pudo divisar una banca en el círculo interno del quisco que estaba cobijada por la sombra de los árboles que le circundaban. Una vez que pudo sentarse y saco su cuaderno de notas fue imposible evitar esa sensación familiar que las bancas de parques o en este caso quiosco tenían en su vida. Ya muchas veces los recuerdos dulces y amargos que tenia de ese particular jardín de su vecindario le inundaban para traerle de regreso sensaciones que lo acogían y le flagelaban; se salió de ese momento de nostalgia y se acomodó lo mejor que pudo para apreciar el lugar. "No quiero traer ese equipaje a este viaje", se dijo, no deseaba que esas sensaciones le arruinaran la mañana.

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