-XLIII-

6 1 0
                                        

Quito la película protectora a la visera del caso. En esta ocasión, la eligió en color rojo. Que hiciera juego con el color de su motocicleta. La pulcritud del nuevo casco le permitió reflejarse, mirarse el rostro como si fuera espejo. No podía decirse que era el mismo chico de hace unas semanas, miró sus ojos, sin brillo, los labios secos. Apartó el casco de su rostro.

Era fin de semana y no poder ver a Michelle los días anteriores lo tenían inquieto. Había ido a visitarla a su casa. Él sabía que no debía hacerlo, que no tenía un pretexto plausible, pero aún así se arriesgó. Nadie le abrió la puerta.

Ese día quiso poder subirse a su motocicleta, correrla, sentir la velocidad en su ser y olvidar todo lo que se le estaba arremolinando en la boca del estómago. "¿Por qué la bese?" El contacto con los labios de la rubia le había mantenido el alma en paz por unas horas, "¿Qué tiene ella que hace sentir que solo existe ella?". Empero, esa paz fue sustituida de golpe por el arrepentimiento y la culpa. "¡Cobarde!", escuchó en su mente, no de su voz, de la voz de aquel que lo miro irse y no quedarse a hacerse responsable de las heridas de Michelle, "¡Cobarde!", la voz de Remy le acusaba.

Le puso algunas calcomanías al cuerpo de la máquina, compró un nuevo casco, buscó que luciera diferente la motocicleta para no ser detectado, se dijo: "¿Cuántas motocicletas rojas hay en esta ciudad? –pensó ingenuamente- Debe de haber cientos..."

La falta de sueño por la aflicción de vivir en una grave contradicción ya le mostraban signos con unas ojeras habían aparecido debajo de sus ojos. La memoria le evocó a Michelle, toda, todo lo que tenía en contacto con ella lo hechizaba y del otro lado, la corrosión del secreto que guardaba.

Se subió a la motocicleta y al encenderla sintió el rugir de la máquina; eso lo tranquilizo. Necesitaba sentir esa adrenalina para estar mejor. Salió a la calle y aceleró.

"¿Quién le va a decir? –debatía consigo mismo mientras conducía- Remy solo miro a alguien con un casco puesto, la moto no tenía placas... -se quería convencer a sí mismo- Mientras más tiempo pase, la memoria se le irá... -aceleró más en una recta vacía de autos o personas- Ese perdedor ni siquiera está aquí. –apretó los labios cuando llegó a su mente el recuerdo de cómo abrazaba a Michelle y está deposita su cara en el pecho de él con una confianza plena- Yo valgo mil veces más que "ese" y... -imaginó poder pasear con la rubia sentada en la parte de atrás de la motocicleta, abrazándolo con calidez, con esa confianza, sonriendo al viento mientras él los conducía a un bonito destino. Lo anhelo al tenerlo en su mente- Si el accidente queda en el pasado... -tuvo que frenar cuando el semáforo se tornó rojo- Y nadie lo descubre...Yo y ella...-suspiró como si esa mera idea estuviera al alcancé de su mano- Podríamos estar juntos."

Por primera vez encontraba un objetivo que no fuera sufrir por el error cometido, si todo salía como él quería, Michelle podría ser suya.




Una leve brisa le revolvió los dos delgados mechones de cabello que dejó libres en su frente. Ese cabello castaño que le había crecido en las últimas semanas, lo llevaba recogido y su padre le complimentó con amor: "Eres tan bella como tu mama" y le beso en la frente. Lorgia miraba en la orilla de una terraza del piso sesenta de una torre céntrica de la ciudad, la mayor parte de la misma.

El cielo estaba mayormente despejado, un azul limpio era el lienzo y solo unos borrones de nubes lo decoraban. Se dejó respirar con calma y tranquilidad. Las últimas semanas han sido bastante extremas. Pero ahora de regreso todo, no solo parecía acomodarse, sentía que todo estaba mejorado.

A modo de celebración su padre la había invitado a desayunar en esa exclusiva terraza con pisos y barandales de vidrio con una vista excepcional. Le nutría con una mejor perspectiva. Saber que tenía un don y que esté fuera poco a poco ocupando parte de su vida era un reto en sí. Elia le recomendó ser cauta. Ese "otro" plano muchas veces se revela por entidades que quieren ser vistas, sus intenciones pueden variar. Asaim se le reveló porque él tuvo la voluntad de hacerlo, con buenas intenciones, pero su mentora le advirtió: "No siempre tendrán suplicas o buenas intenciones". El hecho de que esas entidades pueden, también, romper ese plano y tener voluntad, era inquietante. Lorgia entendía que tenía el poder de "pasar al otro plano" con libertad, y eso le pareció bien y conveniente, pero no saber cuándo puede aparecer "alguien o algo" significaba que tenía que tener la guardia arriba todo el tiempo. No tuvo miedo, pero aceptaba ese desafío.

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora