Finalmente, habiendo regresado de la casa de Pamela, cuando cayó el atardecer y la noche comenzó a reinar, ese aire frío que ya trae el recuerdo del invierno sopló y sentada, mirando por la ventana abierta, Michelle lo recibió sin estremecerse.
Mirando a la nada, nuevamente con muchas preguntas en la mente, tantas sin respuesta y otras más con apenas un poco de claridad, deseo no tener que vivir lo que estaba experimentando. Los minutos que pasó en la casa de Pamela le había recordado que no era obligatorio permanecer sola, sin amigas. Ese rato con Pamela y Lorgia, por más que pudiera ser incómodo, también le permitió sentir nuevamente que era ser escuchada por una chica, una mujer. Casi había olvidado lo que significaba. La compañía masculina, la disfrutaba, Remy y últimamente Marco. "Últimamente Marco...", repitió como un murmullo.
Responder a distintas experiencias de modo extremo, al límite; le hacían sentir que estaba perdiendo el control sobre sí misma, si es que alguna vez lo tuvo. Le vino a la mente aquella vez que confrontó a Lorgia por primera vez, poco después de conocer a Remy, incluso cuando pudo ser testigo de la forma de cómo lo trataba, jamás en su mente, en su forma de ser habría reaccionado de una manera agresiva o violenta. "¿Que ha pasado desde entonces?", se preguntó, igual susurrando al viento frío del otoño.
Las mismas ideas de antes le venían de respuesta a esa pregunta.
Y aun con eso, nada tenía sentido.
A todo lo que estaba enfrentando, ahora saber que Erick deseaba hacerle daño a ella o a Pamela, era algo más a la lista. Cuando Lorgia les compartió su sospecha ella entró en ira, pero tuvo que hacer un esfuerzo por gobernarse, no quería parecer una loca. Pero se encendió en ella esa llama que hizo que le girara el rostro con una bofetada a Erick. Con la promesa de que el día siguiente Lorgia tendría un plan. Sin entender, confió en ella.
Ya era la segunda noche que pasaba con su madre después de salir del hospital. Solo quería paz, pero un visitante inesperado llegó a su puerta, era Marco. No deseaba ser ingrata, pero el beso que le había dado no la dejaba en paz. "No sé por qué hice eso. ¿Qué asi agradezco a todos? ¿Michelle es una ofrenda o moneda de cambio?" Solo ella sabía que se habia arrepentido de haber besado al atractivo chico justo al termino de ello.
Se recostó en su cama, su madre estaba dormida y nadie atendió a la puerta.
El mismo cielo que la rubia contemplaba, Pamela le miraba con más detenimiento, miraba a las estrellas, siempre le fascinaron y era su segunda opción para una carrera profesional, la astronomía. Esa contemplación se fundía con un deseo de rememorar tiempos que otrora fueran empañados por la amargura, hoy parecían distintos con una diferente perspectiva.
Su mamá le platico que ella también tuvo una faceta de porrista en la escuela secundaria. Ella siempre le respondió que no era una faceta. "Yo lo hago porque lo quiero animar, lo quiero apoyar."
Antes de esa chica, casi una mujer, altiva, siempre ataviada a la moda, de aspecto despampanante, hubo una colegiala enamorada, inocente. "Si, yo solo quería alentarlo en todos los juegos donde él jugaba. Ese número 22. Asaim. Era él a quien yo siempre animaba, en el campo, en sus entrenamientos y fuera de ellos. Él era mi mundo."
Esa muy joven Pamela, era la novia del jugador estrella de fútbol americano de su escuela. Él le llevaba tres años, pero era un chico de buen carácter, responsable y respetuoso, pero, sobre todo, era un buen líder. "Dentro y fuera del campo él era un ejemplo a seguir y yo lo amaba por todo como era y lo que me hacía sentir, aspirar, soñar. Yo era muy afortunada." Durante año y medio fueron los más populares en la escuela. Como pareja se complementaban idealmente como un novio, benévolo, protector y amoroso y Pamela como una novia inocente, leal y cariñosa.
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Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
