Caminando por la explanada, con los ojos rojos y unas pronunciadas ojeras, Marco se dirige hacia el edificio donde se encontraba el aula de Michelle, con un objetivo en mente. "Me ha rechazado ya muchas veces... no me daré por vencido... -apretó los puños- Será mía a como dé lugar" Las noches en vigilia le habían martirizado, las pesadillas eran recurrentes tanto que prefería no dormir. Más que un elixir, los labios de Michelle, cuando se besaron, se volvieron un veneno que lo estaba consumiendo poco a poco.
Varios metros antes de entrar al edificio sintió la mirada de un alumno en su campo de visión. En los primeros instantes no lo reconoció, ya que nada del porte que veía en ese joven de abrigo azul rey, lo había visto antes. Necesito avanzar unos metros más para reconocerlo, el carmesí de una manzana a la cual mordía cubría un poco su rostro.
Finalmente cuando lo identificó le impresionó que fuera la misma persona. Aquella tarde afuera de la casa de Michelle ya lucía distinto, tanto que lo obligó a actuar defensivamente ante su presencia. Ahora, Remy de frente mirándolo con una impasibilidad que desconocía, lo incomodaba hasta la médula.
A pensar que él lo miraba de un modo casual, había algo en él que no le permitía mantener la mirada. Pasó a su lado y comenzó a subir las escaleras. No le importaba si él ya había regresado de donde quiera que él se encontrara, si creía que le iba a hacer las cosas más fáciles con Michelle, estaría muy equivocado.
En el segundo nivel de escaleras, lo sintió de nuevo. No hacía ruido pero sabía que venía detrás de él. Llegó al tercer nivel y se acercaba más, le molestaba tenerlo detrás de él. Ya en el cuarto nivel, ambos terminaron de subir el último escalón a la par, estaba en su hombro. Marco no lo miró, giró a la izquierda y lo dejó atrás, pero aun así lo sentía, su mirada, esos ojos acusadores que le transmitieron una palabra que él aún no podía superar.
El salón de Michelle era la tercera puerta y fue ahí donde se detuvo, se asomó para buscarla, pero solo dos alumnos estaban dentro y ninguno era la rubia. Cuando regresó el cuerpo para estar fuera del umbral de la puerta ya Remy estaba frente a él.
La reacción inicial de Marco fue no moverse, no decir nada y lanzarle una mirada hostil. Ni un solo milímetro Remy le dio, pero la forma de verlo no era agresiva; no era indiferencia, era superioridad. Marco cuadro los hombros, notó que estaban relajados, pero Remy lucía más grande y eso lo estremecía. La última vez se miraron como iguales, esta ocasión, ese balance estaba roto.
- Quítate Bazan... -ordenó con el tono de voz más masculino que pudo-
Remy lo seguía mirando sin moverse.
- ¡Que te hagas a un lado! -exclamó Marco-
Su instinto le decía que lo empujara con ambos brazos, en efecto, en un instante intentó hacerlo, pero algo indecible evitó que Marco lo hiciera y tuvo que dar un paso hacia atrás.
- ¡¿Por qué me estás siguiendo?!
No respondió de inmediato, lo analizaba con calma.
- No se de que hablas, este es mi salon...
Esa pausa, el tono para responderle, rompió su hostilidad. Se quedó sin palabras, con nerviosismo dio otro paso atrás. Remy seguía sin moverse, no tenso, relajado observando sus reacciones.
- Ni creas... -pasó saliva- que te voy a dejar el paso libre con Michelle...
La única reacción que Remy dio fue arquear la ceja izquierda.
- ¡No lo olvides! -sin esperar una respuesta se fue medio descompuesto-
Esquivando a los alumnos que venían de regreso a las aulas, al girar a la derecha se topó de frente con la triada de chicas que lo miraron estupefactas al atestiguar el estado de Marco. Su mirada cayó primero en Lorgia, después en Pamela que lo vieron con disgusto, al final miró a Michelle, lucia triste pero en sus ojos existía una flama, usaba más maquillaje que del de costumbre, se detuvo para mirarlas, quedó en mutis por un instante y dio un paso a la derecha para salir del camino de ellas tres y desapareció.
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Promesas Rotas
RomanceHay personas que aprenden a hacerse invisibles para sobrevivir. Remy Bazán es una de ellas. En el último rincón del salón de clases, un chico que escribe lo que no puede decir ha construido muros tan altos que ya ni él mismo recuerda cómo se ve el m...
