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Puebla. Tres semanas atrás.

Los cálidos rayos de sol color naranja se abrían paso en el despejado cielo aun antes de que el sol naciera por el horizonte. Los rayos crepusculares hacían pensar que ya el frío se retiraba al paso de ellos, pero no era así, aun en otoño ya se podía sentir el ligero soplar del viento invernal. Ella ya estaba acostumbrada a ello. No era natural de Puebla pero los años ahí ya le habían enseñado cómo se comportaba el clima del lugar.

La roja arcilla de la tierra del sendero que corría a diario contrastaba con cada pisada de sus tenis color menta. Las otrora, blancas calcetas, tan blancas como su piel lucía una fina capa de polvo carmesí. Era mas que hacerlo día con día, era un compromiso consigo misma. Kilometro a kilometro que recorría encontraba un fuego interno, empujar sus límites y superarse cada vez, lo amaba. Cada vuelta y cada recta jalando aire, pensando, meditando, concentrándose en la persona más importante de su vida: ella misma.

Sus auriculares sonaban con una canción, que conseguía sacar todo de su mente.

"Spending my time, watching the days go by..."

No le desagradaba la música actual, pero prefería esas grandes bandas y cantantes que habían hecho historia décadas atrás.

Inhalando profundamente para esos últimos metros, su mirada se fijó en esa meta, la última recta, eran unos trescientos metros, primero relajo un poco los músculos, solo un poco antes de hacerlos explotar para dar su potencia máxima. Incluso su rostro se transformaba al momento de poner toda su capacidad física a tope. Su cuerpo se movió tan rápido como le era posible, cada paso y cada metro ella estuvo enfocada, recorrido, punta-talón, cada respiración eran precisas. Su mente se iba en blanco, solo ella y su meta, imperturbable. Era solo ella y nada más.

"I'm spending my time, watching the sun go down..."

No cargaba un cronómetro o tomaba tiempo alguno, de lo que se trataba era de dar lo mejor de ella misma en esa recta, al final y que cada vez ella sintiera esa mejoría.

Recobrando el aliento después del esfuerzo, con una sonrisa miro al sol, finalmente nacer. Un reflejo multicolor se disparó, como una corona de brillantes en su frente el sol iluminó, convirtió su sudor en su presea, su premio.



En casa tomó una ducha como siempre mientras, ya su atuendo para trabajar colgaba del perchero dorado a lado de su cama.

Con presteza y habilidad cortó la fruta de su desayuno mientras se cocinaban un par de huevos en la sartén. Ella vivía sola años antes de llegar a Puebla, era su normalidad y su paz. Con ello llego el orden en todo su hogar, la tranquilidad de poder tener un espacio único solo para ella. "Aun así soledad", pensó, disfrutaba su soledad, pero muchas veces en su interior encontraba la necesidad de tener un compañero, uno que aun no encontraba. Deseaba tener compañía, una mascota, amaba a los perritos, sin embargo su trabajo y obligaciones no le permitían poder darle el tiempo y atención necesaria, no quería fallarle a tan leales seres.

Metros después de cerrar su puerta, un "beep-beep" rompió el silencio del pasillo. Tenía un mensaje de texto, de un grupo recientemente creado: "Boda Bere", sonrió al mirar la pantalla mientras avanzaba. Eran los mensajes sobre la reunion de la noche anterior y las reacciones de sus amigas, al final había sido una despedida de soltera muy tranquila que incluso había terminado muy temprano.

Mientras conducía hacia su trabajo frunció la frente,a su mente llego ese tema tan incómodo que no podía resolver todavía. "Odio tener que llevar un acompañante a estos eventos. Cuando llevo a alguien y no estoy segura de ello todo sale mal", discurrió amargamente..

Promesas RotasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora